Un paseo por la nueva Aduana

Sección Bellas Artes

La colección de la Aduana recorre el devenir de la creación plástica malagueña a través del trabajo de artistas como Denis Belgrano, Muñoz Degrain, Moreno Carbonero, Enrique Simonet, Moreno Villa, Picasso o el colectivo Palmo

12.12.2016 | 12:37
Un paseo por el interior del Museo de la Aduana
Sección Bellas Artes

De la pintura académica del XIX al arte contemporáneo del XX

­En la planta primera del Museo de Málaga se presenta la colección de Arte que parte de nuevo del contexto de la Málaga del XIX, mediante la explicación del cuadro Alegoría de la ciudad de Málaga. Se presenta también la colección de la Academia de Bellas Artes de San Telmo como origen de lo que, a partir de 1916, sería el Museo de Bellas Artes de la ciudad.

La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y el origen del Museo de Bellas Artes de Málaga

Enriquecida por el desarrollo industrial y el comercio internacional a través de su puerto, Málaga es en la primera mitad del siglo XIX una ciudad próspera, con una nueva destacada burguesía social. En este ambiente, que tan bien queda reflejado en la obra Alegoría de Málaga, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (1849) recibe el encargo de crear un museo público con los bienes procedentes de los inmuebles desamortizados. Una encomienda, que pese a los intentos de la Academia, no prospera. Los ideales de la nueva burguesía local estuvieron más a tono con el ambiente artístico que fomenta la Escuela de Bellas Artes, por lo que el Museo no se inaugurará hasta iniciado el siglo XX y como una gran pinacoteca de arte moderno.

8. Recuperar la Historia: los bienes culturales que el museo conserva

Las colecciones del Museo de Málaga adolecían de una destacada representación tanto de los grandes maestros locales, como nacionales tras su fundación, causa de que su primera formulación fuese de Museo de Arte Moderno con la representación de un nutrido grupo de pinturas de autores locales del siglo XIX. Esta situación se revirtió durante la primera mitad del siglo XX gracias al malagueño Ricardo de Orueta, Director General de Bellas Artes durante la II República Española, quien fomentó la constitución de depósitos estatales a los que se han ido vinculando obras representativas de la escultura barroca malagueña de Pedro de Mena o algunos de sus discípulos como Fernando Ortiz. Piezas excepcionales constituyen algunos ejemplos de los talleres orfebres provinciales del siglo XVIII, donde se presenta una obra de platería civil adquirida en París del orfebre afincado en Málaga Bernardo de Amores.

9. El paisaje en el siglo XIX: triunfo de un género

El paisaje fue uno de los géneros que disfrutó de mayor éxito en el siglo XIX. Su estilo cambió radicalmente a lo largo del siglo, desde las producciones románticas de taller a realistas de los pintores al aire libre. La producción malagueña adquirió una importancia especial en el ámbito nacional gracias al desarrollo de una escuela local, en la que destacan Manuel Criado, Emilio Ocón o José Gartner.

La formación en la Academia española de San Lucas en Roma ofreció la posibilidad a muchos artistas de pasar largas estancias de verano en Venecia. En Málaga, el pintor que mejor representa el paisajismo veneciano es Antonio Reyna Manescau, quien se estableció definitivamente en Roma, desde donde extendió sus vistas venecianas al mercado internacional.

10. La escuela malagueña de pintura: el éxito nacional

Con la llegada a Málaga en 1867 del valenciano Bernardo Ferrándiz y Badenes, se consolida una escuela de pintura local que potenció la formación de unos pintores que alcanzaron el éxito nacional, con especial relevancia en el retrato y la pintura de género. Entre los discípulos destaca José Denis Belgrano con una producción abundante en composiciones sobre temas cotidianos o costumbristas y Martínez de la Vega, una de las figuras más interesantes biográficamente del círculo malagueño de la segunda mitad del siglo XIX, con una producción cercana a la plástica fin de siglo en sus últimos dibujos al pastel. En paralelo, el contexto nacional está representado ante todo por el academicismo de los Madrazo

11. La profesionalidad del circulo malagueño: Muñoz Degraín

Establecido en Málaga en 1870, Antonio Muñoz Degrain se convierte en el pintor más relevante junto a su amigo Bernardo Ferrándiz por su sólida formación y proyección nacional. Numerosos serán los encargos públicos y privados recibidos por el pintor, pero ante todo destacara por sus producciones de paisajes, donde evoluciona hacia una poética luminista e impresionista fin de siglo, con sus pinceladas cargadas de pasta y de intenso cromatismo, dominando las gamas cálidas de azulados y violetas intensos, rosas y anaranjados brillantes y malvas puros. En 1895 Muñoz Degrain consolida su carrera profesional obteniendo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la cátedra de paisaje tras la jubilación de Carlos de Haes. Su papel activo en la creación del Museo de Bellas Artes permite que hoy contemos además de su obra con producciones de Joaquín Agrassot, Salvador Martínez Cubells, Emilio Salas, Domingo Marqués, Joaquín Sorolla o Ramón Casas.

12. Moreno Carbonero, prestigio artistico y reconocimiento social

Moreno Carbonero fue sin duda el alumno aventajado de la escuela malagueña y el pintor con mayor reconocimiento nacional. Nacido en una familia malagueña humilde, logró ser el artista de la sociedad madrileña. Catedrático de Dibujo del Natural de la Escuela Superior de Escultura, Pintura y Grabado desde 1898, fue reconocido con los galardones de numerosas medallas en las exposiciones nacionales de bellas artes o los encargos oficiales para la decoración de edificios estatales y religiosos, así como por sus pinturas en la madrileña iglesia de San Francisco el Grande. Dos obras destacadas acompañan al legado Moreno Carbonero en el Museo de Málaga: la Esclava en Venta de Jiménez Aranda y la Modelo Amelia de Vicente Palmaroli.

13. Continuidad y decadencia: José Nogales Sevilla

José Nogales Sevilla, discípulo de Moreno Carbonero y docente en la Escuela de Bellas Artes local hasta 1931, se muestra con dos de sus obras de gran formato las Floristas Valencianas y el Milagro de Santa Casilda, en las que se aprecia ese preciosismo y calidad en las composiciones florales en las que se le consideró un gran maestro de calidad nacional. Una colección ambientada entre la explicación del significado y alcance de las Exposiciones Nacionales y la recreación de un salón burgués, evocación del ambiente doméstico que acogió a muchas de estas obras.

14. El arte de fin de siglo: Enrique Simonet y Lombardo

La producción simbolista, luminista y modernista del final de la centuria se caracteriza en líneas generales por la producción de un arte amable, alegre y colorista como corresponde al triunfo de una clase burguesa que ha alcanzado el poder económico y social. Mientras Joaquín Sorolla, Schmidtt o Beltrán Massés exponen una muestra de la producción foránea, Pedro Sanz, Simonet o Viniegra representan en el Museo la producción local. La Anatomía del Corazón de E. Simonet, una obra fruto de su formación en la Academia de España en Roma y sin dudas la pintura con más carga de identidad del Museo de Málaga, se contrarresta con el Juicio de Paris donde el pintor muestra su segunda etapa con una producción en la que se aclara su paleta e intensifica la luminosidad de sus obras. Las dimensiones de la obra La bendición de los Campos de Salvador Viniegra y su destreza en el tratamiento de la luz, completa una sala que no puede pasar desapercibida.

15. La vanguardia en Málaga, entre Pablo Picasso y José Moreno Villa

Acompañado por un recurso audiovisual sobre la Revista Litoral, la obra de José Moreno Villa representa el arte nuevo o arte de vanguardia en la pintura española del primer tercio del siglo XX. Aunque Moreno Villa también es evocado en el Museo como literato y como investigador de la producción malagueña de Pedro de Mena. El arte de vanguardia conoce también su expresión en la obra de Joaquín Peinado y en Pablo Picasso, centrándose el relato en el legado Sabartés: los fondos bibliográficos y el arte gráfico que donara al Museo Jaume Sabartés, secretario personal del artista universal para las salas del Palacio de Buenavista.

16. El Arte Contemporáneo malagueño

Desde la llamada Generación del cincuenta, formada en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad y la creación del Grupo Picasso al llamado colectivo Palmo (1978- 1987), se presenta una representación de artistas contemporáneos malagueños como exponente de la apuesta del panorama artístico local por la renovación de las artes plásticas. Una vocación que se mantiene activa en la ciudad.

17. Colecciones especiales

El Museo de Málaga tambien cuenta con un espacio destinado a un importante fondo de dibujos, obra gráfica, y otros objetos orgánicos que requieren unas condiciones de conservación especial por su soporte o técnicas y que se aconseja que estén expuestos breves periodos de tiempo. Por ello esta sala se destina a la exposición rotativa de obras y objetos excepcionales de forma temporal.

Obras destacadas

Anatomía del corazón (¡Y tenía corazón!)

Enrique Simonet y Lombardo
Fue en Roma, en 1890, donde Enrique Simonet y Lombardo realizó su obra más famosa, ahora emblema del Museo de Málaga, «Anatomía del Corazón», también conocida como «¡Y tenía corazón!» o «La autopsia».  El cuadro muestra la autopsia de una joven fallecida y en la que el patólogo sostiene el corazón en su mano.


La Dolorosa

Pedro de Mena
Esta talla policromada del insigne escultor barroco Pedro de Mena representa a la Virgen de medio cuerpo con semblante de dolor, utilizando policromías bruñidas  para lograr tal expresividad.


Kanexa

Manuel Barbadillo
En la sala dedicada al arte contemporáneo malagueño destaca esta obra representativa de la abstracción geométrica de Manuel Barbadillo, un artista pionero en el empleo del ordenador, a partir de 1968, en los proceso de investigación y creación.


La meta sudante (Los gladiadores)

José Moreno Carbonero
Este lienzo de Moreno Carbonero responde al prototipo de pintura académica, con la elección de un tema clásico, composición medida, dibujo preciso y color equilibrado. Representa a dos gladiadores junto a un estanque lavando sus manos y refrescándose después de la lucha o la carrera. A los pies de ambos aparece un yelmo de gladiador coronado de laurel, lo que convierte el cuadro en una lauda al vencedor.

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