Libros cinéfilos

Desmontar a Stanley Kubrick

Libros como oportunidades para rastrear las motivaciones del autor de 'La naranja mecánica'

28.01.2017 | 19:35
Stanley Kubrick y Keir Dullea, durante el rodaje de ´2001, una odisea del espacio´.

La incomparable trayectoria del director de "2001, una odisea del espacio", entre otras obras maestras, continúa sumando libros que tratan de descifrar su legado cinematográfico - Y es que el cineasta norteamericano sigue siendo un enigma, un misterio en que apetece adentrarse

Creo que convendrán conmigo que Stanley Kubrick (1928-1999) fue uno de los cineastas más influyentes en la historia del cine. Su influencia todavía hoy en día es enorme y difícil de definir en toda su amplitud. No sólo por la gran cantidad de libros escritos sobre su persona y sus películas, así como documentales sobre su vida y leyendas urbanas que especulan con la posibilidad de que las imágenes de la llegada del hombre a la Luna en 1969 constituyeran un monumental engaño de Kubrick, quien habría afrontado el encargo del presidente Richard Nixon en los ratos libres que le dejaba el rodaje de 2001, una odisea del espacio, sino también por los logros fílmicos que alcanzó a lo largo de su carrera, pese a que el único Oscar que se le concedió fue por los efectos especiales de 2001, una odisea del espacio.

Parece ser que la fiebre Kubrick continúa a tenor de los últimos libros publicados en 2016, Los archivos personales de Stanley Kubrick (Taschen), editado por Alison Castle, y Kubrick en la luna (Errata naturae) de Hector Sánchez y David Sánchez, y los que ya se anuncian para 2017, como Mi vida en rojo Kubrick (Alpha Decay) donde Simon Roy, explora al completo El resplandor, cuya visión «se grabó a fuego en mi memoria siguiendo un proceso análogo al de la formación de un fósil. Por mucho que me dijera que no eran más que imágenes emitidas por televisión, una sensación malsana se apoderó de mí definitivamente, como si el hombre negro que había pronunciado esas palabras [«¿Te apetece un helado, Doc?»] me mirase con sus ojos de carbón a mí, y no al niño llamado Danny, que aparece un tanto apartado en el umbral de la cámara frigorífica».

Para los amantes del director de Espartaco, Lolita y La naranja mecánica, Los archivos personales de Stanley Kubrick supone una oportunidad de rastrear las motivaciones del director americano e incluso de indagar en los vericuetos del proceso de creación, aunque como afirmó Kubrick en la revista Rolling Stone: «La prueba de fuego de una obra de arte es, en definitiva, nuestro apego a ella, y no nuestra capacidad de explicar por qué es buena». En estos archivos, los lectores hallarán bastantes oportunidades para comprobar ese apego en los artículos de Gene D. Phillips, Thomas M. Pryor, Raymond Haine, Jay Varela, Carolyn Geduld, Anthony Frewin, Herb A. Lightman, Michel Ciment, Rodney Hill y Alison Castle, entre otros incondicionales del cineasta. Para los demás, Kubrick se revelará como un director absolutamente brillante e incansable: «Pedirme que descanse una temporada del cine sería como pedirle a un niño que descanse una temporada de jugar». Cada película tiene pautas de preparación y rodaje parecidas, salvandolas diferencias entre unas y otras. Lo que sí es diferente es quién está al frente. Por eso Los archivos personales de Stanley Kubrick dejan voluntariamente en la sombra sus matrimonios y sus hijos, así como la rumorología existente sobre él («Casi todo lo que leo sobre mí es grotescamente falso [...]. Pero esas historias han aparecido tantas veces que ya tienen vida propia»), para ocuparse de solamente de sus películas, tanto las que rodó como las que no llegó a rodar, como Napoleón, aunque la influencia de este proyecto, que tal vez pudo haber dado lugar a su mejor obra, se hizo notar en casi toda su obra posterior. Aunque los proyectos malogrados de Kubrick fueron muchos (Inteligencia artificial, Mentiras en tiempos de guerra, Ayran Papers), es especialmente lamentable que nunca consiguiera ver la luz la adaptación de la biografía de Napoleón de Felix Markham. El director de fotografía John Alcott afirmó que Kubrick había llevado una investigación tan exhaustiva de la vida del emperador francés que «prácticamente podía decir dónde se encontraba Napoleón cada día de su vida».

La muerte hizo que Eyes Wide Shut, basada en la novela Relato soñado de Arthur Schnitzler, fuera la última película de Kubrick, un film irregular pero que pone en evidencia que la capacidad de fabulación del cineasta se hallaba lejos de estar agotada.

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