Historias del celuloide

Aventurero, idealista y soñador

Se edita el valioso libro 'Howard Hawks. El camaleón de Hollywood' - El cineasta, con su estilo imperceptible pero eficaz, es uno de los grandes iconos del mejor cine estadounidense de todos los tiempos

08.07.2017 | 19:19
Hawks, con Angie Dickinson en un descanso del rodaje de ´Río Bravo´. ´

El volumen aporta una visión integral de una poliédrica personalidad

Un libro sobre la figura de Howard Hawks no solo constituye un motivo de satisfacción para la miríada de admiradores y estudiosos de este formidable director norteamericano, sino una oportunidad más para saldar la incomprensible deuda que arrastran las editoriales españolas con el autor de ¡Hatari! (Hatari!, 1962).

Una escasísima bibliografía que se resume prácticamente en cuatro o cinco títulos, dos de ellos de autores extranjeros, era el único bagaje literario del que se disponía en el mercado nacional sobre tan ilustre cineasta, Extraño, aunque totalmente cierto. De ahí que la incorporación a la bibliografía hawksiana de este interesante volumen Howard Hawks. El camaleón de Hollywood (T&B Editores), que firma el escritor y crítico catalán Albert Galera, constituye, sin duda, una aportación importante pues, además del propio valor añadido que supone un nuevo estudio sobre este puntal del cine norteamericano.

Galera aporta, a través de 19 exhaustivos capítulos, una visión integral de la poliédrica personalidad artística de Hawks, así como de la diversidad que define su vasta y muy encomiable filmografía.

A pesar de la autoridad intelectual que le confiere el hecho incontestable de haberse convertido, desde su etapa inicial en el cine mudo, en uno de los grandes iconos del mejor cine estadounidense de todos los tiempos, su reconocimiento como tal no le llegaría hasta que los jeunes turcs (jóvenes turcos) de la crítica francesa, reunidos en torno a la legendaria revista Cahiers du Cinéma, se fijaron en él, como ocurriría también con otros muchos cineastas de su misma generación, y descubrieran en sus películas la quintaesencia de un estilo cinematográfico virtualmente «imperceptible», pero de una eficacia admirable, donde convergían en perfecta armonía tres factores inexcusables para poder alcanzar la cima de la creatividad en cualquier aventura artística: rigor dramático, sobriedad narrativa y, sobre todo, esa cualidad tan difícil de alcanzar que es la naturalidad expresiva. Y en se terreno, qué duda cabe, Hawks devino en un auténtico crack.

Por otra parte, la suya fue siempre una vida salpicada de riesgos, pasiones y aventuras pues, no en vano, y antes de convertirse en una de las figuras prominentes del clasicismo cinematográfico en el viejo Hollywood, fue piloto de carreras automovilísticas, aviador, boxeador, diseñador industrial y un contumaz montañero. En 1916, a punto estuvo de ser abatido por un avión alemán mientras pilotaba su propio caza bajo los cielos de Francia y, algunos años más tarde, mientras probaba un aeroplano construido por él mismo salió milagrosamente ileso de un aparatoso accidente en el que casi pierden la vida media docena de personas que presenciaban atónitos la temeraria prueba. Aunque anecdóticos, estos hechos revelan claramente el espíritu indomable y aventurero que muy pronto diseminaría generosamente sobre muchos de sus más paradigmáticos filmes a lo largo de casi cincuenta años de carrera profesional.

Howard Winchester Hawks (Goshen, Indiana/1896. Los Ángeles, California/1977), popularmente conocido como Howard Hawks, de cuya muerte se conmemorará este año el cuarenta aniversario, se le asocia con frecuencia a una visión particularmente idealista del cine, a pesar de que el suyo era, por su proverbial frescura y su elogiada transparencia, uno de esos estilos cinematográficos que resultan poco menos que invisibles a los ojos del espectador, de esos que no se perciben pero se sienten intensamente, sin trampa ni cartón. Así pues, intentar desvelar en su obra, como hicieron en la década de los años sesenta los sectores más iconoclastas de la crítica francesa, vestigios de cierto pensamiento jansenista,constituye, a nuestro juicio, una completa tergiversación del verdadero tono que quería imprimirle este director a sus filmes. Porque si hay algo que no se le puede reprochar a Hawks es de haber sido, tal y como se pone de relieve en su extensa y muy heterogénea filmografía, un fervoroso defensor de la lealtad, la solidaridad, el compañerismo y la aventura, en su sentido más ontológico.

El autor de La escuadrilla del amanecer (The Dawn Patrol, 1930), El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), Scarface, el terror del hampa (Scarface, Shame of a Nation, 1932), El Dorado (El Dorado, 1967) y de tantas otras obras memorables observaba a sus personajes cara a cara, sin intención de trascender más allá de lo que representaban en un universo donde la única filosofía que prevalecía era la de la pura acción como motor de la existencia, rasgo casi consustancial con la idiosincrasia estadounidense. Ahí justamente residía la verdadera fuente de su pensamiento: en una suerte de poesía que brotaba del perseverante empeño de sus héroes por llegar, a cualquier precio, a la meta esencial que se habían trazado, dejándose en algunos casos la piel en el camino.

Fue, eso sí, junto a John Ford, King Vidor y Henry Hathaway, el cineasta norteamericano que mejor reflejó la ética de la amistad y la camaradería en un mundo dominado por el individualismo más encriptado e insolidario, recorrió prácticamente todos los géneros tradicionales, incluido el musical -Los caballeros las prefieren rubias (Gentlemen Prefer Blondes, 1953)- dejando en cada uno de ellos el rastro de un sentimiento fundamentalmente sujeto a una idea solidaria sobre la vida como sinónimo de acción, compromiso personal y camaradería. De ahí que, como en el cine de Ford, sus personajes se definan más por lo que hacen, por la manera con la que actúan, que por la forma con la que exponen su ideario acerca del complejo escenario social donde se desarrollan sus disputas y conflictos.

De él solían decir sus amigos que vivía como si la vida se le fuera a escapar continuamente de las manos, con intensidad, riesgo, emoción y mucho sentido del humor. Escogió, y no por azar, ni por capricho, el oficio de cineasta porque en el encontraba todo lo que había soñado en su Indiana natal cuando no alcanzaba aún el metro sesenta de estatura y aspiraba a convertirse en el líder carismático de una singular pandilla callejera. Cursó estudios de Ingeniería enlas universidades de Pasadena y Nueva York con notas muy brillantes y con la absoluta convicción de que sus pasos profesionales se orientaban en el futuro en esa dirección, cosa que sucedió, aunque a medias, pues en la mayoría de sus películas se reflejaría de una forma u otra su inclinación por las actividades de riesgo.

Aventura

Amante impenitente de la aventura, se enrola con veinte años recién cumplidos en las Fuerzas Aéreas para combatir a los ejércitos del Kaiser desde la cabina de un pequeño biplano que manejaba con tal destreza que logró ganarse muy pronto la confianza y el respeto de sus superiores. A su devoción por la velocidad, que no abandonaría del todo ni en los momentos más gloriosos de su carrera profesional, le siguió una pasión inusitada por construir sofisticados coches de carrera con los que vencería en circuitos tan prestigiosos como el de Indianápolis y que le darían justa fama en el excitante mundo del motor.

Pero sería al finalizar la Gran Guerra, en plena efervescencia de los grandes pioneros del cinema, cuando el nombre de Howard Hawks empezaría a cosechar su propia leyenda. Primero como montador, luego como asistente y más tarde como máximo responsable del servicio de guiones de la Paramount, hasta llegar, en 1926, a dirigir –y en la mayoría de los casos producir– sus propias películas con una filosofía vital que preservaría hasta su muerte y que podría resumirse en tres simples pero muy sustanciosos conceptos: lealtad, aventura y constancia.

Títulos como Sólo los ángeles tienen alas (Only Angels Have Wings, 1938), El sargento York (Sergeant York, 1941), Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944), El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), Río Rojo (Red River, 1948), Río de sangre (The Big Sky, 1952), Río Bravo (Rio Bravo, 1959), Tierra de faraones (Land of Pharaohs, 1955), Peligro, línea 7000 (Red Line 7000, 1965), El Dorado (El Dorado, 1967) o Río Lobo (Rio Lobo, 1970), constituyen, en este sentido, el catálogo más detallado y, sobre todo, la expresión más genuina de un autor gigantesco que jamás perdió, en la práctica de su oficio, el significado que tenía para su peculiar mirada cinematográfica el poder de la inocencia en un mundo asediado por la insidia, el rencor y la codicia, a pesar de lo cual jamás obtuvo un Oscar, salvo el honorífico que le otorgó la Academia en 1975, dos años antes de su fallecimiento para, de alguna manera, compensar su inexplicable ausencia en el largo y proceloso recorrido histórico de estos galardones.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Cultura


La artista malagueña LaMari será la pregonera de la Feria de Málaga 2017.
Lamari, pregonera de la Feria

Lamari, pregonera de la Feria

La cantante, que protagonizará el concierto inaugural de las fiestas junto a su grupo Chambao,...

Linkin Park en 5 canciones

Linkin Park en 5 canciones

El vocalista de la banda aparece muerto después de una brillante carrera musical durante 20 años

Exhuman los restos de Dalí en un ambiente de máxima expectación

Exhuman los restos de Dalí en un ambiente de máxima expectación

La comitiva judicial analizará si el ADN del artista coincide con el de la mujer que dice ser su...

Anastacia: memorable

Anastacia: memorable

"Estoy encantada de estar por segunda vez en Marbella, en este festival tan especial y tan cercano...

Ana Locking: cuando los AT tienen mucho arte

Ana Locking: cuando los AT tienen mucho arte

La diseñadora de moda se pasa al interiorismo para decorar un edificio de apartamentos turísticos...

El Summer Festival: las partituras clásicas son para el verano

El Summer Festival: las partituras clásicas son para el verano

Los pianistas Dina Yoffe y Billy Eidi y los violinistas Tatiana Samouil y Michael Vaiman, entre...

Enlaces recomendados: Premios Cine