Cine

En la montaña rusa con Polanski

Las memorias del director no escatiman comentarios sobre su relación de amor-odio con los productores

29.07.2017 | 11:54
Un joven Polanski, con la malograda Sharon Tate.

Del ghetto de Cracovia al esplendor en Hollywood, el director repasa en sus memorias una vida llena de accidentes. El autor de «El pianista» y «La semilla del diablo» no esquiva los temas más dolorosos (el asesinato de su mujer, Sharon Tate, a cargo de Charles Manson) ni los más controvertidos (la supuesta violación de una menor)

Buena parte de mi vida ha transcurrido como en una montaña rusa: he escorado en las curvas; he ascendido en ocasiones hasta obtener grandes triunfos, gozos y placeres, y otras veces he caído a plomo, casi desbocado, en la tragedia y el dolor». El director Roman Polanski resume su trayectoria vital en el epilogo de su autobiografía, Memorias (Malpaso, 2017) en esa sucesión de periodos de felicidad y de dolor que ha señalado su vida. Editadas por primera vez en 1981, bajo el titulo de Roman by Polanski, las memorias se verían afectadas por el proceso judicial y todas las peripecias legales que siguieron a la detención del director acusado de la violación de un menor, quedando ensombrecidas su difusión. Ahora, más de tres décadas después vuelven a ver la luz con la reflexión del propio autor, Roman Polanski (Paris, 1933) en forma de epilogo, ajustando las cuentas a determinados episodios de su vida.

No fue hasta el año 2002 que Roman Polanski se enfrentó a una parte de su trágico pasado. La película El pianista testimoniaba la propia experiencia del director siendo niño en el ghetto de Cracovia bajo la ocupación nazi. Separado de sus padres, sobrevive por las calles del ghettomientras su madre y otros familiares son deportados a Auschwitz donde mueren. Gracias a la protección de unas familias católicas,consigue sobrevivir oculto en el campo durante la ocupación alemana de Polonia. Como en algunas de sus películas Polanski hace gala de esa mezcla de humor y ternura -en medio de un paisaje señalado por el horror- a la hora de contar ese periodo, la infancia, en el que el cine se convierte en un pequeño refugio. «Las películas se convirtieron en mi pasión dominante, en la única válvula de escape de la depresión y desesperación que tan a menudo me abrumaban».

El niño huérfano del ghetto de Cracovia- volverá a reencontrarse con su padre, superviviente del campo de Mauthausen al finalizar la guerra- crece bajo la ortodoxia del régimen comunista y el nuevo orden político. La película El cuchillo en el agua (1962) proyecta su nombre internacionalmente en los grandes festivales de cine promocionado dentro de la nueva ola de jóvenes directores que desembarcan a inicio de los años sesenta. La película, El cuchillo en el agua, es seleccionada en el apartado de mejor película extranjera en la entrega de los Oscars de 1963 aunque el premio finalmente recaerá sobre Ocho y medio, de Federico Fellini. Lejos de la rigidez comunista, Polanski inicia una carrera internacional que a lo largo de cincuenta años le ha llevado por los sets y estudios de Gran Bretaña, Hollywood, Italia y Francia, país este, donde ha desarrollado la última parte de su carrera profesional casado con la actriz Emmanuelle Seignier, protagonista de obras como Frenético, Lunas de hiel o Un dios salvaje.

Thriller

En el burbujeante Londres de mitad de los años sesenta Polanski rueda Repulsión con una inquietante Catherine Deneuve como principal reclamo publicitario. Una película con formato de serie B que alcanza un gran éxito en una mezcla de thriller psicológico y film de horror. El director vive en la capital británica sus primeros años de dolce vita, de libertad sexual, en una atmosfera donde parece que todo está permitido menos aburrirse. A propósito de ese tiempo el director señala. «Por primera vez en mi vida, empecé a sentirme auténticamente a gusto con el otro sexo». El rodaje de El baile de los vampiros, una comedia satírica inspirada en los populares films de terror de la Hammer, la productora de la serie Dracula protagonizada por Christopher Lee, supone su encuentro con la actriz Sharon Tate. Polanski, reticente en un principio a darle el papel protagonista-no le convence su físico de belleza californiana-, acabará casándose con ella. Las fotografías de su boda en Londres, ella con un minifaldero vestido de novia y él, con uniforme pop, proyecta el nuevo y juvenil glamur del Swinging London.

Las memorias de Polanski no escatiman comentarios sobre su relación de amor-odio con los productores. El rodaje de La semilla del diablo le revela la cara más dura del sistema de producción de Hollywood. Gracias al éxito internacional de la película, Polanski se convierte en el nuevo golden boy de los realizadores de la casa encantada. Todo parece sonreírle, pero la tragedia le espera a la vuelta de la esquina. Su mujer embarazada de ocho meses y otros amigos son asesinados en la noche del 9 de agosto en su residencia de Beverly Hills por la Familia Manson. El múltiple crimen conmociona a todo el mundo desencadenando una serie de crónicas morbosas, en una mezcla de sexo, magia negra y drogas en torno a la actriz y el grupo asesinado. «Lo que más me dolió cuando los medios de comunicación empezaron a publicar reportajes sobre Charles Manson y su familia fue que no se avergonzaran de haber infamado la memoria de Sharon y diseminado una sarta de mentiras sobre nosotros» escribe el director en sus memorias a propósito de ese momento de su vida.

Polanski volverá a ser protagonista de la crónica de sucesos en 1977, otra vez en un momento dulce de su carrera gracias al éxito de la película Chinatown, cuando es acusado de violación de la menor, Samantha Geimer, una chica de 13 años, durante una sesión de fotografías para la revista Vogue en la casa del actor Jack Nicholson. Aprovechando un periodo de libertad condicional Polanski huye de los Estados Unidos, iniciando un largo proceso judicial que llega a nuestros días reclamado por la justicia americana.

A modo de balance el director escribe. «No me arrepiento de nada de lo que ha ocurrido en el camino. Por paradójico que pueda parecer, si los acontecimientos de mi existencia no hubieran sucedido tal como lo han hecho, hoy no tendría a mi familia ni disfrutaría de la vida que llevamos juntos. Tendría otra cosa, y no quiero otra cosa. No pienso renunciar a eso por cambiar el pasado».

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