Cómic

Jack Kirby: el monumental legado del 'rey' del cómic

Con motivo del centenario de su nacimiento, Panini Cómics edita un gigantesco volumen con los principales trabajos en Marvel del maestro dibujante que dio forma al Capitán América, Los Cuatro Fantásticos y los X-Men

07.10.2017 | 12:37
La portada de King-Size Kirby, de Panini Cómics.

­Ya era hora de que el dibujante Jacob Kurtzberg (1917-1994) , más conocido como Jack Kirby, contase con una publicación digna del tamaño de su obra. El padre de personajes y sagas como Capitán América, Los Cuatro Fantásticos, Hulk, Thor, Iron Man, Estela Plateada, Los Vengadores, los X-Men, Pantera Negra, El Doctor Muerte, Galactus o Los Inhumanos, por citar solo los más reconocidos por el gran público, es el principal causante de que los cómics de superhéroes sean lo que hoy son.

Sin su talentosa producción resultaría imposible entender la historia de las viñetas. Ahora que se celebra el centenario de su nacimiento, la editorial Panini Cómics ha compilado en un gigantesco volumen un recorrido por los hitos más importantes de la carrera del artista. Kirby, junto al guionista Stan Lee, convirtió a Marvel en una empresa de éxito, en la Casa de las Ideas. El tándem creativo proporcionó a los niños y adultos de los años sesenta incontables horas de acción y diversión. Lee siempre estuvo en la primera línea mediática –incluso hoy sigue apareciendo por contrato en cada película de superhéroes de Marvel que se realiza–, y Kirby era completamente lo opuesto: un tipo discreto cuya única ambición era recibir el justo pago por sus creaciones, cuya rentabilidad crecía como la espuma sin que él se viese beneficiado.

King Size Kirby posee un tamaño a tener en cuenta (26x40 cm) y más de 800 páginas que reflejan la evolución de la obra de Kirby, desde el primer número de Red Raven, fechado en febrero de 1940, hasta el número 11 de What if?, de 1978. Entre ambas, más de cuarenta historias que definen el incomparable y colosal trabajo del «rey» de las viñetas (fue Stan Lee quien apodó «King Kirby» a su compañero). Destacan los primeros números de Capitán América (1941) y Los Cuatro Fantásticos (1961); la tercera entrega de El increíble Hulk (1962), en la que se narra el origen de la transformación de Bruce Banner; la novena publicación de los X-Men (1965), que relata el enfrentamiento entre los mutantes y los Vengadores; el serial de Los Cuatro Fantásticos con Estela Plateada, Los Inhumanos y Doctor Muerte (1966), o el séptimo número de Los Eternos (1977). Junto a estas delicias, el volumen también ofrece la faceta menos difundida del autor, que también se paseó con solvencia por géneros como el romántico (Teen-Age Romance), el western (Rawhide Kid) y el humorístico (Not Brand Echh).

Tal y como sostiene en el prólogo del libro el director editorial de cómics de Panini, Alejandro Martínez Viturtia, Kirby es la principal «figura fundacional del noveno arte». «A comienzos de su carrera creó, junto a Joe Simon, al Capitán América, y solo ese logro le habría hecho pasar a la historia de los cómics», reconoce Martínez, que sostiene que la revolución del arte de Kirby fue tan grande «que aunque suene exagerado, porque ya existía anteriormente, casi inventó el género de los superhéroes». «La gran prueba de su talento inmortal radica en la vigencia de sus tebeos», matiza.

Igualmente, el director editorial de Marvel, Álex Alonso, tampoco tiene dudas a la hora de calibrar la grandeza de Kirby. «Si hubiera un Monte Rushmore de los dibujantes de cómics americanos, estaría en el centro y en primera línea». «Kirby fue pionero del comic-book, padre del superhéroe moderno, experimentó con todos los géneros –y se inventó algunos nuevos por el camino– e influyó a varias generaciones de dibujantes de varios continentes. En la base de los logros de Kirby se encuentra su monolítico talento, pero el alcance de su trabajo y su perdurabilidad se deben a su intrépida curiosidad y su gusto por la aventura», concluye.



Al igual que la obra de Miguel Ángel, Rembrandt, Monet, Cézanne o Picasso son referencias obligatorias para todos los pintores, el dibujo de Kirby, su fuerza expresiva, dinamismo y su imaginación gráfica, significa el faro que iluminó, y aún sigue iluminando, la senda de todos los viñetistas. Su eficacia narrativa con el lápiz debería ser una asignatura en las escuelas de bellas artes. Puede que muchos discutan su habilidad a la hora del análisis de los trazos, pero lo que es inapelable es su capacidad de contar sin palabras. La marca más significativa de su dibujo, los populares «puntos Kirby», son un magnífico ejemplo de cómo su cabeza fue capaz de plasmar sobre el papel conceptos sin forma como la energía, la fuerza, la antimateria o el vacío espacial.

El lanzamiento de King Size Kirby nos convierte en testigos del desarrollo de su dibujo y nos sumerge en miles de fascinantes historias que significaron un importantísimo impulso en la concepción del cómic moderno.

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