Arte

Nuestras aberraciones culturales

La ciudad de los museos, la que ha hecho de la cultura su marca, guarda poco respeto por el arte si este no le sirve de promoción turística

27.10.2017 | 18:56
Nuestras aberraciones culturales

Desde diciembre de 2009, la céntrica calle Nicasio Calle vive engalanada por un precioso banco-escultura sujeto por figuras de ensueño realizadas por el artista malagueño Chema Lumbreras, que inauguraba así el ahora tan reclamado 'arte urbano' en la ciudad. Pues miren las fotos de este artículo, tomadas hoy y saquen sus conclusiones.

Una ciudad que presume de ser lanza de la cultura pero que la desprecia sin pudor si por delante se ponen el ladrillo, las plazas hoteleras o los cruceros. La cultura en Málaga es, y ésta es una prueba más que lo certifica, una mera excusa. Una llamada al turista para que pernocte, para que gaste, para que se deje cegar por las luces navideñas más ordinariamente gigantes que existen en el planeta y que su resplandor no le permita mirar a la ciudad que yace debajo. La ciudad sucia, mal atendida y egocéntrica. Una ciudad que cree que el progreso es una torre de 135 metros de altura y que proyecta una gran escultura urbana -seguramente tan insulsa como la 'Chayo Mohedano' pintada por Obey con motivo de aquello que llamaron Maus- que presida la Alameda mientras entierra con enseres de albañilería la deliciosa obra de Lumbreras.

Resulta cuanto menos curioso que la misma Málaga que hoy ofrece obras de Juan Gris, Goya, Daniel Buren y Frida Kahlo en sus distintos museos; que festeja el cumpleaños de Picasso con actividades y conferencias; que está a punto de celebrar un recompuesto Festival de Jazz y que espera ilusionada la puesta en marcha del proyecto de Banderas en el Alameda, se olvide de lo que realmente importa. Del respeto al arte por encima de los impactos en las redes sociales, las campañas publicitarias o los folletos turísticos. Querían incluso, los más avispados de la clase, que volviésemos a ser candidatos a la Capitalidad Europea de la Cultura. Seguro que alguno podría pensar que estas fotos bien servirían para ilustrar cómo Málaga y el arte trabajan juntos sin complejos. Hay que ser listo. Y para eso no hace falta leer.



Este Ayuntamiento es así. Deja que Invaders plante sus marcianitos donde le parezca y que los operarios que trabajan en calle Larios pongan la radial donde mejor les pille. Y ahora vendrá la procesión de siempre. La de las responsabilidades. Es que eso lo lleva Urbanismo. Cultura no ha ordenado ninguna obra en la calle. Los operarios pertenecen a una empresa ajena al consistorio. Y todo por el Twitter, que para eso estamos en la ciudad más tecnológica, más cosmopolita, más eficiente, más abierta...

La escultura de Lumbreras recuerda al mundo de fantasía de Lewis Carroll, el autor de 'Alicia en el País de las Maravillas'. Ojalá aparezca la temida reina de corazones por Málaga y ponga orden en este caso. Porque alguien merece que le corten la cabeza.

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