Televisión

'The Brave' es perder el tiempo

Inteligencia y heroísmo militar made in USA con personajes simples, diálogos toscos y acción previsible

27.10.2017 | 22:29
Los protagonistas de «The Brave».

Los guiones no se andan por las ramas y presenta una batería de arquetipos a cual más rancio, con mujeres tan duras o más que sus compañeros varones y enemigos que solo saben gritar o mirar con ojos hostiles

No se han estrujado mucho las neuronas de The Brave para este parto montaraz y rudimentario sobre los sacrificios y heroicidades de los guerreros made in USA contra los extranjeros malvados. El planteamiento es así de original: dividir la acción en (1) un escenario ultratecnológico,en la zona de confort de Washington donde a través de un complejo sistema de cámaras se puede asistir en primera fila y coordinar (2) las acciones de los soldados en el campo de batalla. Armas sofisticadas de munición audiovisual bajo la supervisión de una jefa con una tragedia reciente (su hijo murió en combate) que coordina a un grupo de fuerzas especiales, aunque sobre la marcha tengan que tomar decisiones improvisadas si las cosas se tuercen y los planes saltan por los aires. Los guiones no se andan por las ramas (ni por las camas, de momento no hay tiempo para líos sentimentales, aunque alguno se insinúa en el segundo capítulo) y presenta una batería de arquetipos a cual más rancio (no falta ni siquiera el soldado negro apodado El Predicador que suelta sentencias seudobíblicas cada dos por tres), mujeres que son tan duras o más que sus compañeros varones y enemigos que solo saben gritar o mirar con ojos hostiles mientras eligen siempre la peor opción frente a los inteligentes y bravísimos norteamericanos.

Lo cierto es que a dos minutos del final del episodio piloto había tomado mi propia decisión de dejar de ver algo tan competente en su factura técnica (aunque mil veces visto ya cuando de mostrar combates urbanos se trata) pero una escena de súbita tensión en una playa logró despertar cierta curiosidad para darle una oportunidad al segundo. Y pronto se reveló la trampa del guión: mantener al espectador interesado aunque luego se deje a un lado ese giro y se vaya directamente a otro caso de valor y contundencia en territorio enemigo. Si en el piloto se trataba de rescatar a una bella cirujana, en el segundo vuelve a organizarse una operación de extracción de otra fémina, en este caso una agente perseguida por un malísimo agente ruso (oh, la guerra fría resucita en paisajes calientes) que no respeta nada (entra en una sagrada casa de baños de mujeres como si tal cosa) y que dirige a un equipo de soldados que, a diferencia de los americanos, parecen elegidos entre los más torpes del ejército ruso, y eso que los llaman los cazadores de Putin. Debatir sobre el contenido político de una serie tan bobalicona como The Brave es perder el tiempo. Su visión esquemática y maniquea de los conflictos internacionales no supera en profundidad a cualquier título de Rambo, la psicología de los personajes es raquítica(bueno, sabemos que al prota le pegaba su padre, y eso le ayudó a saber que «a veces lo único que puedes hacer es esperar»), los diálogos son escuálidos y en ocasiones se limitan a verbalizar lo que nos muestra la cámara, y el reparto es de segunda fila, incluyendo a una Anne Heche que vivió tiempos mucho mejores y que parece imitar a la Helen Mirren de Espías desde el cielo, película en la que The Brave parece tener su punto de partida. Es posible que divierta a quienes solo busquen una serie de de acción directa con personajes unidimensionales, violencia moderada y operaciones contrarreloj que probablemente se repitan hasta la extenuación. El resto: toca retirada.

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