Cantante

"Escucho más a los demás que a mí misma"

Estrella Morente se embarca esta Navidad en un proyecto muy apetecible: un recital al alimón con la popular soprano Ainhoa Arteta

07.12.2017 | 13:01

La cita, el 29 de diciembre en el Teatro Cervantes. Aprovechamos el concierto para charlar con la hija del llorado Enrique Morente sobre el flamenco, su necesidad de colaborar con otros artistas y la esencia del flamenco

Parece que es muy amiga de sus amigos. Hace muchas colaboraciones.
Tengo más colaboraciones que discos. Es algo que me satisface muchísimo porque veo que mis amigos tienen ganas de tocar conmigo y yo tengo ganas de rozarme con ellos, empaparme y encharcarme de su música y de su talento. Yo me alimento de los demás. Uno debe escucharse a sí mismo de vez en cuando, pero yo soy de las que escucha más a los demás. Tengo muchísimas colaboraciones y las que me quedan por salir ya que tengo siete u ocho por ahí. Esto me demuestra la amistad y la confianza que me tienen mis compañeros. Y desde aquí le pido disculpas a alguno si no he podido hacerlo porque son muchas las colaboraciones que me llegan.

Habla de alimentarse de los demás. Recuerdo una ocasión en la que leí que su padre decía que siempre procuraba que sus trabajos le alimentaran el alma. En una época tan mercantilista como esta...
[Interrumpe] es importante hacer cosas interesantes que realmente te permitan avanzar y para eso hay que beber de muchas fuentes para tener tu propio manantial. No hay que hacer las cosas por hacer. Es importante empaparse de cosas de ahora, pero también de las antiguas, y eso te lleva a conocer la esencia de todo lo que, algún día, sueñas con conseguir. Y en esas estamos.

Ahora que es una mujer Única (es imagen del nuevo perfume de Adolfo Domínguez), ¿de qué le gustaría ser altavoz?
Todos somos únicos, nadie es mejor que nadie y nadie está por encima del otro. Deberíamos enamorarnos de nosotros mismos para poder enamorar a los demás. Para entender a los demás hay que, primero, entenderse a uno mismo porque si no es imposible. Cada uno tiene un corazón diferente y es muy difícil convivir, por eso, lo mejor es ser respetuoso y lo más discreto posible. Mi padre decía: «Ver, oír y callar». Para mí es una suerte formar parte de esta campaña.

Es, socialmente, una mujer muy comprometida. He leído que le haría ilusión ser una misionera cantaora.
Esa es mi ilusión. Me gustaría compartir mi causa. Intento colaborar y llevar a cabo proyectos para ayudar al prójimo pero me da vergüenza enumerarlos. No se trata de contar lo que uno hace, pero sí hablar de las causas que hay. La labor de Caminando, la Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin fronteras, el Banco de Alimentos y otras tantas fundaciones es increíble.

¿El flamenco abre el corazón?
Todo lo que abra los sentidos y el paladar y tenga un abanico de colores es interesante. Todo en su justa medida aporta porque el saber nunca ocupa lugar. Es el ir aprendiendo y el ir adentrándose en un mundo que para nosotros lo es todo. Pero no solo en el flamenco, creo que cada profesión tendrá sus profundidades y sus entresijos ya que para avanzar en un trabajo hay que conocerlo y valorarlo. Y en eso estamos. Si el flamenco tiene algo bonito es que siempre mira el reflejo de los que lo han creado y alimentado durante siglos y mirar al pasado es lo que te catapulta al futuro, abre nuevos caminos, da esperanzas y nuevas lecturas de la misma vida. En todo es cuestión de aprender, profundizar y de formarse porque con el talento se nace pero si no se trabaja, está claro que no reluce. Trabajo y sacrificio es lo que dignifica a las personas y creo que el flamenco, en sus letras, habla siempre de eso. En el flamenco siempre hay un hilo conductor con los trabajos de la tierra, con las raíces, con el campo, con la naturaleza, con los sentimientos e incluso con los oficios.

Sería entonces, ¿un puro sentimiento, o un sentimiento inexplicable?
Es un sentimiento que se tiene y luego se trabaja. Tiene las dos cosas. El flamenco llega a todo aquel que tenga la predisposición de escucharlo porque es un arte. Y hay de todo. Hay intérpretes buenos y malos, mediocres y gente brillante, pero también hay médicos o abogados buenos y malos. El flamenco es un lenguaje universal, como también lo es el jazz o el blues, porque viene de la raíz de la tierra. He visto gente que no tiene nada que ver con el flamenco y se ha enamorado de él de forma increíble.

Porque es un arte con mayúsculas.
De eso no hay duda. Es arte pero no por el género sino por ser música. A mí me han enseñado que todas las artes son una, el teatro, el cine, la poesía, un lienzo en blanco, una planta que crece o una sonrisa de un niño. Todo es vida. Y la vida es un espectáculo y todos formamos parte de él aunque a veces no sabemos apreciarlo. Es cuestión de escuchar la naturaleza, nuestro propio cuerpo y nuestros instintos. El flamenco es un arte que va directo al corazón.

Un arte que tiene la capacidad de ir adaptándose a los nuevos tiempos.
Nada es intocable. No soy partidaria de ser extremista en nada. No podemos ser tan simples. Hay un momento en el que todos dejamos de ser lo que éramos. El puntual, por ejemplo, un día es impuntual. También llega el momento en el que uno cambia su forma de ser, vivir o alimentarse. Las personas, como los tiempos, van cambiando y todo está en movimiento. El flamenco también. Lo que va sucediendo va formando parte de su historia. Me gusta la gente que, desde su punto de vista, va contando lo que sucede en este mundo. A mí me gusta empaparme de todo porque de todo se aprende.

Paco de Lucía dijo de usted que era «la voz más pura».
[Se emociona] No tengo palabras. Para mí, el maestro era, es y será la música y Paco es la música, como lo era mi padre, Camarón o Frank Sinatra. Que Paco diga cosas bonitas de mí y me piropee... me llena de orgullo. A mi padre le tenía una veneración especial. Tengo la enorme satisfacción de haber colaborado con él, y que él haya participado en el último disco que mi padre me produjo.

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