Música

Pablo López: "Para mí la libertad es el reconocimiento de uno mismo"

El cantante lanzó este viernes su esperado tercer álbum, Camino, Fuego y Libertad, un "relato vital" en el que ha llegado a ser "peligrosamente explícito e incluso introspectivo"

18.12.2017 | 11:02
Pablo López, durante una entrevista con EFE.

El malagueño, que ha entrado directamente al número 1 en iTunes con sus nuevas canciones, acude el lunes al Museo Picasso para encontrarse con su público - La gira de presentación del disco, que arranca en febrero, hará parada en Málaga el 7 de abril

De puntillas, escogiendo el camino largo con la constancia que da creer en uno mismo, Pablo López se coló entre los artistas más importantes de este país sin alcanzar jamás un número 1, algo que no parece importarle ahora que lanza su tercer disco, el más «peligrosamente explícito» de su carrera.

«Si mi vida va a seguir así, espero no ser jamás número 1. Y eso que lloré cuando en aquel septiembre Iron Maiden me lo quitó. Me cagué en los muertos del heavy, a pesar de que me gustan. Es más, estaba en Chile cuando se rompió su avión y pensé: He sido yo», rememora entre risas.

Razones no le faltan para pensar así. Su trabajo previo, El mundo y los amantes inocentes (2015), se mantuvo en la lista de ventas 101 semanas y despachó más de 40.000 copias (disco de platino). No es raro por tanto que vea entonces como algo «positivo» que Camino, Fuego y Libertad (Universal) coincida ahora en el mercado con el todopoderoso Prometo de su amigo Pablo Alborán.

En el fondo parece otro ejemplo de esa declaración que decora la contraportada de su álbum: «Para hacer este camino me pusieron unas alas de segunda mano».

«Me crié sin quitarle el plástico a nada y muchas veces me he concentrado demasiado en la búsqueda de lo impoluto o nuevo. Pero he aceptado que mis alas son de segunda mano y que me gustan. La libertad procede de conocerte a ti mismo y no estoy preparado para proteger algo impoluto entre mis manos, sea una relación, una amistad o una canción perfecta», proclama.

Esa franqueza con la que afronta su entrevista inunda su nuevo álbum, «un relato vital» en el que ha llegado a ser «peligrosamente explícito e incluso introspectivo». Su miedo de ser demasiado personal, precisa, se disipó al comprobar que a fuerza de quitarse capas apelaba a «los denominadores comunes de todo ser humano».

Las tres palabras que componen el título del disco coinciden con tres canciones del mismo y, a la vez, componen los actos en que se divide. El camino con el que se abre trata sobre «la búsqueda de un imposible», en este caso, «la extrema sorpresa o la felicidad desbordante, aunque sea efímera», así como por «el miedo a perder» lo que está viviendo actualmente. En esa búsqueda es fundamental recurrir al niño que lleva dentro, que simboliza el juego, la aventura y «la ausencia» de miedo.

«Para dedicarme a lo que me dedico, necesito continuamente recurrir a ese niño jugando dentro de mí, pero en la catarsis de composición de este disco llegó un momento en el que lo perdí o lo mataron. Fue probablemente el peor momento de mi vida», confiesa.

Afortunadamente lo recuperó en forma de canción, «un grito» al que puso como título El patio y que lanzó como su primer sencillo. «Tengo siete u ocho momentos al día en el que pienso que este es un mundo maravilloso, pero también es terreno hostil para la condición humana. En cuanto asomas la cabeza, te conviertes en un blanco fácil. A mí me han pegado un par de tiros algunos francotiradores, gente a la que quiero y que no se dio cuenta de que yo también necesito que me pregunten cómo estoy», revela.

Tras prenderle «fuego», el álbum llega la «libertad». O no. «No quiero llegar a un punto en el que piense que la he encontrado, porque será falso o perjudicial. Nunca dejamos de cambiar y para mí la libertad es el reconocimiento de uno mismo, asimilar cosas que te da mucho miedo ser y de ese modo aceptar a los demás», explica.

La intensidad de su discurso está aparejado a un disco que nació íntegramente de su inseparable piano (con la salvedad de El futuro, que compuso con un sintetizador) y que arropó con visos «de banda sonora» con la ayuda de Kim Fanlo como productor y The London Metropolitan Orchestra.

«Me he permitido el lujo más bonito de mi vida. Dije que me llevaran a una pensión si hacía falta, pero que quería tocar con una orquesta», rememora, y así se hizo, grabando en los míticos estudios de Abbey Road en Londres cada canción en orden hasta la última, la cual quedó terminada a la hora que marca su nombre, Las 17:00.

No tendrá mal marco para hacerlo sonar igual de grande en vivo, ya que su próxima gira, la cual arrancará el 10 de febrero en Roquetas de Mar (Almería), lo llevará a Málaga el 7 de abril y a cumplir el 28 de julio uno de sus grandes sueños: tocar en el Teatro Real tras agotar el aforo en solo dos horas.

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