JORDI CUENCA. VALENCIA
Ocho años después de su defunción como moneda de curso legal en España, la peseta sigue viva, aunque con respiración asistida. Un día detrás de otro, sale de algún viejo colchón, de un tarro de vidrio, del fondo de un cajón o incluso del bolsillo de algún abrigo olvidado y acaba convertida en euros en cualquiera de las oficinas que el Banco de España tiene abiertas en las principales ciudades del país. Puede parecer increíble, pero en el último año todos los meses se ha canjeado una media de 332 millones de pesetas en euros, sobre todo billetes. En poder de los ciudadanos, españoles y extranjeros, o perdidos para siempre por efecto del fuego o cualquier otro medio de destrucción, quedan todavía 290.000 millones de pesetas o, lo que es lo mismo, 1.742,98 millones de euros. Mucho dinero.
El 1 de enero de 2002 fue la fecha oficial de nacimiento del euro, una moneda que adoptaron en principio doce países de la UE, entre ellos España, Italia, Alemania, Francia y Holanda. Durante los dos primeros meses del año la nueva divisa convivió con los viejos marcos, liras, francos, florines y, por supuesto, pesetas. Al llegar el euro, la masa monetaria en la centenaria divisa española ascendía a 48.750 millones de euros (8,11 billones). Aquel mes de enero se canjearon 31.127 millones de euros y en febrero, otros 10.312. Es decir, 41.439 (un 86% del total). Se inició entonces un período de cuatro meses, hasta el 30 de junio, en el que desapareció la coexistencia si bien se podía cambiar pesetas por euros en las entidades financieras. En esos cuatro meses se canjearon otros 4.196 millones, con lo que el montante a retirar desde ese momento, a partir del cual sólo se puede realizar este tipo de operaciones en oficinas del Banco de España, quedó en sólo el 5,4% del total inicial o, lo que es lo mismo, 2.679 millones. El segundo semestre de 2002 aún registró en todos los meses descensos superiores a los 20 millones (322 en julio, 87 en agosto, 24 en diciembre). La llegada de 2003, con únicamente 2.128 millones (el 4,3%), inicia una etapa de una lenta y progresiva reducción en los importes: en noviembre de ese año se baja de las dos cifras (9,5 millones) y en septiembre de 2005, de los cuatro millones. Así seguirá hasta la actualidad –este año, predominantemente por debajo de los dos millones cada mes– si no tomamos en consideración el pico de 10,53 que se produjo en marzo de 2006, aunque no parece que hubiera ninguna razón especial.
Sólo un 3,6%. Los últimos datos del Banco de España corresponden al 30 de noviembre de 2009. En esa fecha, como ya se ha dicho, quedaban por canjear 1.742,98 millones de euros, ya sólo un 3,6% del total, con una diferencia sustancial entre billetes y monedas. De los primeros, que el 31 de diciembre de 2001 circulaban por importe de 46.228 millones de euros, no ha sido canjeado todavía el 2% (927 millones), mientras que de las segundas queda un 32% (815 de 2.522 millones).
Vista toda esta relación numérica, lo cierto es que, porcentualmente, es poco el dinero en pesetas que no ha sido retirado, pero en volumen ya es otra cosa. Cualquier lector se conformaría, probablemente, con el pico –esos 980.000 euros– para dejar de trabajar de por vida o para hacerlo a su manera. Ni qué decir tiene lo que se podría comprar con el total. Efe, por ejemplo, apuntaba el pasado 5 de enero que esa cifra daría para adquirir Antena 3 o para que Volkswagen se hiciera con el 20% de Suzuki. No es menos relevante, aunque esté muy lejos de los registros de aquellos primeros tiempos en que el euro empezaba a entrar en nuestros bolsillos y carteras, la cantidad que mes a mes sigue cambiándose en las sucursales del Banco de España. Por ejemplo, 1,72 millones de euros en noviembre último, es decir, 286 millones de pesetas, ó 2,02 en julio (336). La pregunta es obvia: ¿cómo puede canjearse tantos millones (de pesetas) cada mes? ¿De dónde surge tanto dinero? La respuesta no esconde grandes misterios –quizás alguna miseria– según el Banco de España, principal autoridad en la materia, y los técnicos de Hacienda.
Desde la antigua institución emisora, se aseguran dos cosas: que, en términos estadísticos, no se está notando un mayor volumen de cambios de moneda desde que se inició la crisis económica y que la inmensa mayoría de los canjes que se realizan corresponden a operaciones de pequeña cuantía. A modo de ejemplo, recuerdan que hace cinco años el cambio medio estaba en 10.000 pesetas (60 euros). Hay mucho menudeo, por tanto, y las operaciones de mayor volumen son muy raras. ¿Cuáles son los casos más comunes? Pues los de personas que mueren y sus herederos encuentran "en un colchón" o escondidas en diferentes rincones de la casa –o en una caja de seguridad del banco– billetes y monedas que el propietario nunca cambió; gente que vende sus colecciones; personas que encuentran pesetas en lugares tan inopinados como las hojas de un libro o incluso en los bolsillos de un abrigo u otra prenda, una circunstancia, esta última, que en el Banco de España aseguran que era habitual en los primeros tiempos de la entrada en circulación del euro, generalmente coincidiendo con el cambio de temporada. Hay otros supuestos, como el de aquellos ciudadanos que viven en localidades donde el Banco de España no tiene sucursales y no realizan el canje hasta que visita una que sí tiene.
Turistas. O los turistas. Una parte de las pesetas que no se han cambiado está en el exterior, bien porque las tienen coleccionistas o porque salió en los bolsillos de visitantes extranjeros. El Banco de España asegura que ahora se aprecia que "ese dinero está volviendo", siempre en pequeñas cantidades y coincidiendo en períodos vacacionales como el verano o la Navidad. Sus sucursales en ciudades de la costa mediterránea como Valencia y Barcelona o las de Madrid, Sevilla y las Islas Baleares son las que están notando este aumento.
La entidad pública asegura desconocer si entre esas cantidades canjeadas mes a mes debe incluirse el dinero negro. El Banco de España comunica al Servicio Ejecutivo de Prevención del Blanqueo de Capitales, dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, cualquier operación que supere los 3.000 euros y es este organismo el que investiga y acaba corroborando si la operación sospechosa ha sido finalmente delictiva o no.
Prescritos. Por su parte, el secretario general de la asociación que agrupa a los técnicos de Hacienda (Gestha), José María Mollinero, opina que no hay dinero negro en las actuales transacciones de pesetas a euros, entre otros motivos porque "el dinero no declarado en junio de 2002 prescribió, a efectos delictivos, en junio de 2007".
No obstante, su relato es bien distinto sobre lo que sucedió en lo que califica como "transición blanda", es decir, la etapa del cambio de moneda. Según Mollinero, en 2001 "hubo muchas transacciones inmobiliarias para aflorar pesetas por temor a lo que pudiera suceder el 1 de enero de 2002". "Se hicieron 100.000 operaciones inmobiliarias para aflorar pesetas", afirma. Y en los seis primeros meses de ese año, cuando aún se podía cambiar en cualquier entidad financiera, "se canjeó un billón de pesetas en billetes de 10.000 por 6.000 millones de euros en billetes de 500, con lo que se perdió la oportunidad de que ese dinero saliera de la ilegalidad".