Encuentro

El debate de Doña Mariquita

Los cabeza de lista atienden la llamada de La Opinión y se reúnen para analizar la inminente cita electoral. Todos, a su manera, piensan que los debates no sirven para modular el voto

10.06.2016 | 00:30
Juande Mellado, director de La Opinión, con los candidatos.

­Es cierto. Las campañas dan vértigo. La Opinión de Málaga citó en la cafetería Doña Mariquita, en la plaza de Uncibay, a los cuatro candidatos de los principales partidos que se presentan en esta reválida electoral. Uno pensaba que buena parte de los clientes de esta cafetería que dirige como un reloj Fernando no reconocería los rostros de los candidatos malagueños. Primera equivocación. Saludos, gestos de complicidad, abrazos y mensajes de ánimo se sucedieron y permitieron calibrar el grado de apoyo de los partidos en ese microcosmos con sabor a chocolate y churros donde la única política que interesa al ciudadano es la que le permite llegar a final de mes.

«La verdad es que estoy algo sorprendida. Cuando vas por la calle o a algún acto por los pueblos, los ciudadanos muestran respeto y no sentimos nada de crispación», explica Carolina España, que reconoce también que el mensaje más repetitivo durante la precampaña ha sido «a ver si os ponéis de acuerdo».

Miguel Ángel Heredia refrendó las palabras de la candidata del PP, pero en tiempos de campaña no desaprovechó la oportunidad para meter la cuchara y añadir que «el PSOE al menos lo había intentando». Alberto Montero, educado, esquivó el gancho de Heredia y buscó rápidamente el primer pacto de la campaña: «Oye, nos tenemos que poner de acuerdo y bajar el número de debates que tenemos en estos quince días». El sí de los cuatro candidatos fue unánime, pues todos aseguraron que estos debates tan encorsetados casi no suman votos en campaña y que existe más riesgo de perderlos si te equivocas o trasmites una imagen agresiva. Los jefes de prensa tomaron nota e intercambiaron sus teléfonos rápidamente. Efectividad.

El desayuno fue ameno, distendido, relajado por que los candidatos habían dejado los argumentarios y los manuales de campaña aparcados durante una larga hora para hablar de la vida y del desgaste personal que suponen unas elecciones. Hubo bromas, indirectas, mensajes con segundas y sorprendió que los cuatro dieran casi por hecho que antes de que acabara julio habría gobierno en España independientemente del resultado que arrojaran las urnas. El cuerpo no está para una tercera campaña. Buena parte del desayuno –no probaron bocado– giró también sobre las relaciones personales entre ellos y reconocieron que en ciertas ocasiones se lanzan dardos envenenados por exigencias del guión, pero que es raro que afecte a la relación pues saben de qué va este negocio, como explicaba Irene Rivera.

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