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¿Qué hace la industria automotriz por el medio ambiente?

La movilidad sostenible ha dejado de ser un brindis al sol para convertirse en una obligación

25.11.2017 | 08:22

La movilidad sostenible ha dejado de ser un brindis al sol para convertirse en una obligación. Una necesidad. Por convicción, o ante la necesidad de sobrevivir a una normativa cada vez más restrictiva en términos de contaminación, los grandes fabricantes de automóviles han tenido que adaptarse a la carrera. En ese proceso han logrado desarrollar coches con motores de combustión interna convencionales más y más eficientes y, a la vez, vehículos impulsados por sistemas de propulsión alternativos.

Se puede decir que la conciencia medioambiental ha calado por completo en el sector, y prueba de ello es que las últimas ediciones de los grandes salones internacionales han sido una letanía de presentaciones de vehículos eléctricos, híbridos, híbridos enchufables o alimentados mediante pila de combustible. Cualquier solución supone un avance en esa carrera contra el tiempo que es el cambio climático y en la que el transporte ha tenido una gran responsabilidad.

Sin embargo, esa conciencia del sector ha de reflejarse también en el conductor. En este sentido, los datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC) que señalan que entre enero y septiembre de este año se matricularon en España un 82,8% más de híbridos y eléctricos confirman que, aunque lentos respecto a los países que nos rodean, vamos en buen camino.

La conciencia ha calado de forma tan profunda que todos los grandes grupos automovilísticos trabajan con un horizonte eléctrico en agenda que, en la mayoría de los casos, está fijada para la próxima década. Política de lanzamientos al margen, como vamos a ver, esa nueva manera de ver las cosas afecta también a sus procesos fabriles y su inversión en competición.

Plantas de producción más limpias

La reconversión del sector de la automoción también abarca sus plantas fabriles. No sólo producen coches menos contaminantes; también los producen contaminando menos y haciendo un uso más eficiente de los recursos. En Martorell, SEAT creó la mayor planta de placas fotovoltaicas de la industria de la automoción (en el pasado, Opel tuvo la mayor del mundo en Figueruelas, Zarazoza) para generar 15 millones de kWh anuales. Gracias a este plan que llamaron ´SEAT al Sol´, esos 53.000 paneles ahorran siete mil toneladas de CO2 cada año.

La conciencia ha calado de forma tan profunda que todos los grandes grupos automovilísticos trabajan con un horizonte eléctrico en agenda

La fabricación de un coche es un proceso complejo en el que la logística también se lleva un pellizco en el consumo de recursos. Por ello, Martorell está unida al puerto de Barcelona y a las instalaciones que SEAT tiene en la Zona Franca mediante dos líneas de tren que cubren 40 km. Vehículos recién ensamblados y componentes van y vienen en un continuo trasiego que, a lo largo del año, supone ahorrar a la atmósfera otras 12.800 toneladas de CO2 anuales.

Algunos de estos establecimientos como el de SEAT en Barcelona o el de Opel en Zaragoza se sirven de plantas de cogeneración que también son capaces de proporcionar buena parte de la energía que necesitan para su funcionamiento. El 100% de la de Figueruelas, además, proviene de energías completamente renovables.

Otra planta modélica en materia medioambiental es la que el Grupo Volkswagen posee en Navarra y en la que se produce el nuevo Polo. El pasado año, dos antes de lo previsto, cumplió el objetivo de lograr un ahorro medio del 25% en cinco marcadores: emisiones de disolventes (-46,3%), generación de residuos (-36,4%), emisiones de CO2 (-17,3%), consumo de energía (-11,8%) y consumo de agua (-10,4%). Ahora el siguiente reto es dar otro mordisco del 20% adicional de cara a 2025.

La fórmula de los nuevos tiempos


La reconversión del sector también está afectando al que es su principal laboratorio y campo de pruebas: la competición. Al margen de la hibridación de los propulsores de Fórmula Uno y del Campeonato del Mundo de Resistencia (WEC), la categoría que mejor ilustra esta nueva etapa es la Fórmula E. Nacida casi por exigencias del guión en 2014, tres años después, pocos se atreven a dudar de la viabilidad y, sobre todo, del futuro de esta competición de monoplazas cien por cien eléctricos.

Renault y Citroën quisieron tener presencia en este campeonato desde sus inicios. Jaguar desembarcó con marchamo oficial este pasado curso, pero lo mejor está por venir. Esta temporada 2017/2018 ingresa también como equipo oficial Audi y, a partir de la siguiente, lo hará BMW. Será sólo una avanzadilla de otros grandes fabricantes alemanes premium que han visto en esta competición de monoplazas eléctricos una fórmula más atractiva y coherente con esos nuevos tiempos.

No sólo producen coches menos contaminantes; también los producen contaminando menos y haciendo un uso más eficiente de los recursos

    Tanto Porsche como Mercedes llegarán en 2019 y lo harán sacrificando, respectivamente, el WEC y el DTM, campeonatos que no pueden competir con la Formula E en cuanto a potencial para desarrollar sistemas de propulsión eléctricos más eficientes, potentes y con mayor autonomía. Nissan va a sustituir a su socio de Alianza, Renault, en este campeonato que tendrá en Hong Kong su primer e Prix de la temporada el primer fin de semana de diciembre.

    Ecosistema eléctrico

    Igual que las empresas tecnológicas supieron aprovechar la oportunidad que les brindó la explosión de los smartphones y las tablet, los fabricantes de automóviles más punteros llevan algunos años investigando cómo integrar los coches eléctricos e inteligentes en ese puzle interconectado que será, según los expertos, la sociedad del futuro. Pero por encima de esta visión, hay otra mucho más real que quiere proporcionar una segunda vida a las baterías de los coches eléctricos.

    BMW y Nissan ya cuentan con la tecnología para convertir esas baterías que han cumplido su ciclo en modelos eléctricos en dispositivos energéticos móviles. En un uso doméstico, estas enormes pilas hacen la función de sistemas de acumulación para gestionar de forma más inteligente el flujo de energía en el hogar, ya sea recurriendo a él en momentos en los que el coste de la electricidad es mayor o para primar fuentes de energía que sean renovables. La marca japonesa estima que el ahorro puede rondar hasta los 400 euros al año.

    La ventaja de esta segunda vida de las baterías de los coches eléctricos es doble, ya que permite amortizar su coste a más largo plazo y, además, permite sustituirlas por otras más avanzadas, con mayor densidad energética y, por tanto, mayor autonomía.

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