23 de marzo de 2017
23.03.2017
Sin falta de raccord

La resurrección de Chavela Vargas por Pedro Almodóvar

24.03.2017 | 13:12

Tenía la voz de trueno y el caudal de una catarata. Nunca se cantó más triste que cantaba Chavela y era para estarlo. En su pueblo natal escapó de sus fantasmas para ir al París del DF, para huir del cura aquel que un día paró la misa y obligó a aquella niña machirulo a salir de la iglesia sólo por su aspecto. De una familia llena de prejuicios. De una madre que la entregó a sus tíos y nunca más se preocupó de ella, dejándola herida para siempre.

Aquella niña huérfana de sentimientos ya había nacido con la herida de la vida y de la muerte, con un caminar diferente, con unas ganas de escapar en la noche de casa y hablar con la luna. Esas eran las cosas de María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano (San Joaquín de las Flores, Costa Rica, 1919-Cuernavaca, México, 2012). Una sacerdotisa como la bautiza el cineasta Pedro Almodóvar, presente de alguna forma en este certamen, y que él mismo la resucitó para el mito en 1992, según cuenta el documental presentado este jueves, Chavela, y con muy buenas condiciones para su comercialidad en estos tiempos de mitomanía melómana (Kurt Cobain o Amy Winehouse han sido motivo de recientes trabajos similares).

Cuenta la cinta rodada por las americanas Catherine Gund y Daresha Kyi, estrenada en la Berlinale, que fue el director manchego el que la sacó del ostracismo galopante en el que se encontraba entonces. Directamente en su país la daban por muerta y estaba más tomada que nunca en su retiro de Tepotzlan. Donde había acabado con la paciencia de su pareja, Alicia Elena, por su desmedida afición al tequila. La leyenda la haría entonces más grande al contar que se introdujo en la montaña mexicana para contactar con unos chamanes y dejar a un lado esta pasión por beberse hasta el agua de los floreros.

Modernidad


Más sana que una pera tomaría un vuelo a España para actuar en la Sala Caracol donde la troupe de Almodóvar la recuperarían como icono de su modernidad y bohemia al estilo de Nico para Warhol. Sería entonces cuando volvería a la fama, a llenar teatros, que hasta entonces se le resistían en su prejuiciosa México y a poner boca abajo el Olympia de París, uno de los lugares sacro santos que Almodóvar le buscó para relanzar su carrera y que horas antes de su actuación estaba sin apenas entradas vendidas. «Nunca me he movido tanto para llenar un teatro», cuenta el manchego. Luego lo abarrotó y encendió la ciudad de elogios.

No son pocas las personas que recuerdan aquella resurreción de la mexicana en tierras españolas, donde casi vino a morir para arrepentirse a última hora y volver a su Morelos. En el documental da fe de los hechos, de la importancia de España en su trayectoria vital y artística, Miguel Bosé, al que dijo que se hubiera acostado con él de ser hombre y a Elena Benarroch, con la que mantuvo una relación amor odio que parece ser era el tono habitual en el que discurrían todas las relaciones de pareja con las que llegaba a algo más.

Almodóvar recuerda algo interesante sobre su vínculo profesional con Chavela. Y es que su voz y sus canciones eran de por sí un protagonista que encajaban perfectamente en el tono de sus películas y casi narraban por sí mismas lo que vivían sus personajes. Éste incluso relata que su música le acompañaba mucho antes de conocerla y que le curó las heridas en muchos desencantos sentimentales. Fue también como un fetiche para él en una época gloriosa de su cine.

Sincera


«Chavela es cabrona, Isabel es la niña que yo soy». Así de sincera se muestra en una de las entrevistas incluidas en este documental que se remonta a su época legendaria en la que se hizo un hueco, «a patadas», en un país ultra machista, vestida de hombre, no sin antes fracasar en su intento de cantar rancheras como mujer y caer por unas escaleras en un show. No sabía andar sobre tacones.

La película además rescata su amistad con José Alfredo, el gran compositor de rancheras. Los cantineros les temían cuando ambos llegaban juntos. Sabían que la farra era de varios días. Se muestra también aquellas fiestas fastuosas de Acapulco, donde estuvo mucho tiempo cantando, cuando Hollywood lo frecuentaba y un buen día amaneció encamada con Ava Gardner. Se muestra al mito y también a la mujer volcánica, a la que Frida Kahlo no pudo atar a sus muletas y en general la que siempre anduvo por el mundo con la herida de aquella madre que nunca la reclamó.

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