
La tradición clásico-romántica de la "vieja Europa" sigue fértil en las décadas finales del XIX y las iniciales del XX. Aun fiel a sí misma, se abre, tambaleante a veces, con arrojo otras, a "nuevos mundos", y no nos referimos sólo, que también, al que alude el título de la celebérrima sinfonía de Dvorák.
La creación de Eduard Toldrá (1895-1962) ha sido reivindicada en su belleza, en su cantabilidad y en su seria factura, por el maestro Ros Marbá. El seductor Scherzo de La filla del marxant (La hija del marchante) fue concebido como parte de la música incidental para una obra teatral de Adriá Gual, con título de una célebre canción popular catalana. La tradición culta, puesta al día con los renovados aires que llegan sobre todo de Francia, se armoniza en Toldrá con el apego y la reivindicación a las raíces locales, a su catalanidad.
Johannes Brahms (1833-1897) se halla en su plena madurez cuando ofrece al violinista Joseph Joachim una muestra, en forma de Doble concierto para violín y violonchelo, del deseo de recuperar su vieja amistad. El Doble concierto es un género inusual que supuso un reto para el afamado compositor. Un desafío del que salió airoso: no sólo supo equilibrar las dos voces protagonistas sin desmerecer a la orquesta, sino también dotarlas de un lirismo sobresaliente que tiene su mejor expresión en el movimiento lento. Para finalizar el Concierto, uno de los guiños brahmsianos a los "nuevos" sones zíngaros. La amistad fue recuperada.
"Los que tengan un olfato sensible percibirán la influencia de América", manifestó Antonín Dvorák (1841-1904) al presentar la Sinfonía nº 9 en mi menor, Op.95, "Del Nuevo Mundo". La inspiración la busca en tonadas indias o espirituales negros, pero "para que no se me reproche estos temas, los he trabajado según los criterios más modernos de ritmo, armonía, contrapunto y orquestación para cargarlos de emoción". Muchos compositores americanos se reconocieron en algunos de ellos, en especial en la famosa melodía del corno inglés del segundo movimiento con su aire de espiritual negro. La deuda con el nuevo continente, donde había llegado precedido de su fama, no le hace olvidar sus orígenes checos que continuamente afloran.
Así pues, invitación a disfrutar de la tradición clásico-romántica que, embellecida con un fresco colorido, nos seduce de inmediato por la sabiduría melódica de estos tres compositores, el español Toldrá, el alemán Brahms y el checo Dvorák

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