eugenio fuentes. Málaga
Más de 153 millones de personas están convocadas hoy a las urnas para elegir al nuevo presidente de Estados Unidos entre Barack Obama y John McCain, una cita con la historia en la que el demócrata parte como favorito y en la que se espera una participación sin precedentes. Atrás quedan 21 largos meses de campaña que comenzaron con unas reñidas primarias y que han llevado a los aspirantes a recorrer millones de kilómetros en busca del voto. El tiempo de los discursos y las propuestas ha terminado y ahora son las urnas las que tienen que hablar.
La apertura de los centros de votación depende de cada Estado pero suele ser a las seis de la mañana y el cierre a las ocho de la tarde. Estados Unidos es un país con cuatro husos horarios, así que los primeros colegios de la costa Este abrirán sus puertas cuando en España sean las 12.00 horas y los últimos en cerrar en la costa Oeste lo harán cuando sean las 05.00 del miércoles.
Obama mantiene una cómoda ventaja frente a McCain en todas las encuestas de intención de voto, aunque sigue habiendo un importante número de indecisos, en torno al 8 por ciento, que hoy podrían dar sorpresas. Según la última media de todos los sondeos, que elabora el portal especializado Realclearpolitics.com, el candidato demócrata ganaría por 6,4 puntos.
Las miradas de los candidatos y sus estrategas y las de los ciudadanos estarán puestas en los mapas electorales. El voto en este país no es directo y el presidente es elegido por el Colegio Electoral, formado por 538 delegados. El que consiga al menos 270 votos electorales será el que ocupe la Casa Blanca.
Obama parte con ventaja en Estados que le darían hasta 300 votos electorales, según un análisis de ´The Washington Post´, que destaca que el senador por Illinois está por delante en todos los que hace cuatro años votaron por John Kerry, y que supera a McCain en otros cinco que en las últimas elecciones se decantaron por George W. Bush: Iowa, Nuevo México, Virginia, Colorado y Nevada.
El escenario para el senador por Arizona es desalentador. No ha estado por delante en ninguno de las 159 sondeos de las últimas seis semanas, y si quiere ganar hoy la presidencia tendrá que imponerse en once de los Estados que dieron la reelección a Bush en 2004, en seis de los cuales hoy parte con ventaja Obama.
Pese a todo, ´The Washington Post´ apunta a un factor que podría torcer el rumbo de los comicios, saber qué harán finalmente los votantes ante la posibilidad de que un afroamericano sea su presidente por primera vez en la historia, algo que podría provocar que la lucha sea más cerrada de lo que en realidad parece.
Navegantes solitarios. Las presidenciales de hoy enfrentan a dos personalidades en apariencia muy diferentes, pero con un fondo común de navegantes solitarios. El demócrata Obama, a quien sus próximos definen como un puño de acero en un guante de terciopelo, se mide con el republicano McCain, cuya biografía militar y política lo asimila a una reencarnación del ave fénix. Las encuestas profetizan que el puño de acero reducirá al fénix a sus cenizas.
Obama, un hombre de mente ágil, ideas claras, retórica brillante y distanciada arrogancia, es un integrador, especialista en forjar coaliciones. Caminar por el filo de la navaja, conciliar posiciones contrapuestas, es su especialidad.Y puede hacerlo porque no es sectario, porque, en el fondo, él mismo es su único partido. Es el motor solitario de un movimiento de masas.
Cerebral y metódico, con un punto mesiánico, Obama desarrolló su capacidad para formar equipos desde sus primeros días de organizador comunitario en Chicago, la capital negra de EEUU. Su mayor logro ha sido su equipo para esta campaña presidencial, capaz de derrotar a la poderosa maquinaria de Hillary Clinton, batir todos los récords de recaudación y generar un movimiento de voluntarios sin precedentes.
En el corazón de McCain también late un lobo solitario. Pero, a diferencia de Obama, el senador por Arizona siempre ha corrido solo. Forjado en la disciplina militar, este hijo y nieto de lobos marinos, con estrellas de almirantes, reforzó su capacidad de supervivencia y su aura de rebelde durante su cautiverio en Vietnam. Después se aproximó como militar de escolta a los políticos de Washington y, ya en los años 80, saltó al Senado encaramado en la ola revolucionaria liderada por Reagan.
De físico menos atractivo que Obama, McCain es, sin embargo, afable y directo, con tendencia a la improvisación, al chiste y, a veces, a convertirse en mero comediante. Parece saber menos de las lecciones que Obama, aunque nunca le falta ese guiño amigable del que es incapaz el demócrata.
Obama y McCain tienen raíces muy distintas. El demócrata, mulato calificado de candidato multicultural, surge de una mezcla que integra Kansas, Kenia, Hawai, Indonesia y la California de sus años universitarios. Heredero espiritual de la lucha por los derechos civiles, buscó arraigo en Chicago, donde se casó y se integró en la Iglesia Trinitaria. Fue después cuando estudió Derecho en Harvard, su trampolín a la política.
Simpatizantes. Ha conquistado uno tras otro a los jóvenes progresistas, a los blancos progresistas, a los negros, a los latinos, a los obreros blancos de Hillary Clinton y, por fin, a independientes y a republicanos moderados.
Las raíces de McCain hay que buscarlas en el Ejército, y decir Ejército en EEUU es decir la columna vertebral del país. McCain es, ante todo, un patriota conservador y tradicional. Tiene el apoyo natural del Ejército, los republicanos tradicionales y los independientes moderados. Pero le cuesta zanjar sus querellas con los fundamentalistas cristianos, pilar básico ´neocon´, y con el aparato del partido, que sigue viendo en él un francotirador.