efe. Londres
El primer ministro británico, Gordon Brown, ha confesado sentirse "dolido" por los ataques de los diputados laboristas que cuestionan su liderazgo, y aseguró, tras subrayar que no tiene apego al poder, que no lamentaría irse mañana mismo de Downing Street.
En una entrevista publicada ayer por el diario ´The Guardian´, Brown se sinceró y no dudó en reconocer que la reciente crisis de su Gobierno, en la que parlamentarios laboristas rebeldes intentaron forzar su dimisión, fue el peor momento de su vida política.
Pese a la reticencia a satisfacer los deseos de sus detractores, el líder laborista reveló que no le ata el poder: "Para ser honesto, podría abandonar todo esto mañana".
"No estoy interesado en lo que acompaña al poder. No me preocuparía si nunca regresara a lugares como Downing Street o Chequers (residencia campestre del primer ministro)", indicó Brown, en una entrevista concedida tras la rebelión laborista y el descalabro del Laborismo en las recientes elecciones locales y europeas. "No me preocuparía en absoluto. Y probablemente sería bueno para mis hijos", agregó.
En caso de marcharse de su residencia oficial del 10 de Downing Street, el líder laborista dejó entrever que podría dedicarse a la enseñanza, actividad que describe como una "gran profesión".
Imagen. Además, Brown reconoció que tiene dificultades a la hora de proyectar su imagen y expresar sus mensajes en público: "No soy tan buen presentador de información o comunicador como me gustaría".
No obstante, Brown aclaró que no se retirará y que encabezará el Ejecutivo hasta las próximas elecciones generales. Así, el ´premier´ británico consideró que el Partido Laborista aún puede ganar las próximas elecciones generales, previstas para junio de 2010 como muy tarde, bajo su liderazgo.
El primer ministro basó esa convicción en su esperanza de que, en los próximos meses, empezarán a dar frutos las medidas adoptadas para afrontar la recesión económica y la crisis del sonado escándalo del abuso del gasto parlamentario.
Sin embargo, todos los sondeos de intención de voto vaticinan, de momento, que el próximo inquilino del 10 de Downing Street podría ser el líder del opositor Partido Conservador, David Cameron.