la opinión. Washington
Siete ex directores de la CIA han pedido al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que detenga las investigaciones sobre las torturas perpetradas por agentes de la Agencia Central de Inteligencia durante el mandato de George W. Bush.
Los siete ex máximos responsables de la CIA, tres de ellos bajo el mandato del anterior presidente norteamericano, remitieron el viernes una carta a Obama en la que sostienen que las investigaciones podrían desanimar a los agentes en el empleo de tácticas agresivas en la obtención de información en la lucha contra el terrorismo.
Los firmantes de la misiva, que han servido tanto en administraciones demócratas como republicanas, añaden que esa investigación iniciada por el Departamento de Justicia norteamericano podría igualmente inhibir a gobiernos extranjeros en la cooperación con Estados Unidos.
Interrogatorios. El pasado mes de agosto, el fiscal general del país, Eric Holder, nombró a un fiscal especial para que estudiase si se debían presentar cargos contra los contratistas y agentes de la CIA encargados de realizar los interrogatorios en el extranjero y que, presuntamente, utilizaron métodos excesivos, entre ellos el ´waterboarding´, la simulación de ejecuciones o el uso de una taladradora eléctrica para amedrentar y obtener testimonios de los detenidos.
Según la carta, publicada ayer en la página web de la cadena estadounidense ABC, los ex directores de la CIA afirman que "la difusión de antiguas operaciones de inteligencia sólo puede ayudar a Al Qaeda a eludir el espionaje estadounidense y a preparar futuras operaciones".
Michael Hayden, Porter Goss y George Tenet, que ocuparon el cargo con George W. Bush; John Deutch y James Woolsey, que trabajaron para Bil Clinton; William Webster, que desempeñó el cargo con George H.W. Bush; y James R. Schelesinger, que lo hizo con Richard Nixon, son los firmantes de la carta que hasta el momento no ha recibido respuesta.
Revisión de los casos. Ayer, el diario ´The Washigton Post´ informó en su edición digital de que el Departamento de Justicia estadounidense se centrará en un muy limitado número de casos de abusos y torturas, incluido uno en el que un prisionero afgano murió en un centro secreto, según informaron fuentes conocedoras del caso citadas por el rotativo.
No obstante, el propio Holder precisó que la reapertura de investigaciones cerradas por la Administración anterior no necesariamente significa que los responsables de las torturas sean incriminados.
Según el periódico estadounidense, un hombre de 35 años fue torturado en el centro conocido como Salt Pit, al norte de Kabul, donde falleció en noviembre de 2002.
Aunque algunos informes referían la existencia de una decena de casos sometidos a revisión, una fuente no identificada por el rotativo revela que el número será mucho menor realmente.
Así, hasta el fecha sólo un ex contratado por la Agencia, David A. Passaro, ha sido declarado culpable por la muerte del prisionero Abdul Wali, aunque fue acusado de asalto.