Manifestaciones en Egipto

La cadena perpetua a Mubarak deja un sabor amargo

Las víctimas de la revolución egipcia esperaban una castigo más severo para el expresidente y su séquito

 09:49  
Manifestantes representan el ahorcamiento del expresidente egipcio Hosni Mubarak y gritan consignas contra el exprimer ministro y candidato presidencial Ahmed Shafiq.
Manifestantes representan el ahorcamiento del expresidente egipcio Hosni Mubarak y gritan consignas contra el exprimer ministro y candidato presidencial Ahmed Shafiq. EFE

Belén Delgado | El Cairo | EFE La histórica sentencia contra el derrocado presidente Hosni Mubarak ha dejado un sabor amargo en las víctimas de la revolución egipcia, que la han digerido a duras penas mientras siguen clamando justicia.

Con la sensación de pesadumbre todavía en el cuerpo, Nadia Abdel Maqsud no se repone de la impresión que le causó la reciente condena a cadena perpetua contra Mubarak y el exministro del Interior Habib al Adli por la muerte de manifestantes en las protestas que obligaron a renunciar al mandatario.

Sobre todo, no le cabe en la cabeza la absolución de seis ayudantes de seguridad de Al Adli, por falta de pruebas, y de los hijos del exmandatario, por delitos de corrupción ya prescritos.

"Me ha chocado muchísimo porque no es el fallo que estábamos esperando", relató a Efe Nadia, quien, tras perder a su hijo Ahmed -de 18 años- en la revuelta del año pasado, solo desea la muerte para todos los acusados.

El desenlace del juicio se dio a conocer la semana pasada tras diez intensos meses en los que esta egipcia se dedicó a asistir a muchas de las sesiones, mientras su marido optaba por reclamar justicia en la emblemática plaza de Tahrir.

Como otros familiares de víctimas de la Revolución del 25 de Enero, los padres de Ahmed estuvieron representados en el proceso por abogados que ofrecieron sus servicios de forma gratuita, más interesados en apoyar la causa que en lucrarse.

Un grupo de estos letrados lo compone el Frente para la Defensa de los Manifestantes Egipcios, que desde la revolución atiende miles de casos de distinta índole y en el que participan una treintena de organizaciones de derechos humanos.

Por mucho que la sentencia de Mubarak haya supuesto un jarro de agua fría para quienes querían ver al expresidente ejecutado, los abogados de la acusación reconocen que solo el recurso interpuesto por la Fiscalía puede forzar un castigo más severo que el actual.

"Nosotros no podemos hacer nada más en ese sentido", admite a Efe el abogado del mencionado frente Mohamed Faruq, que duda que la ola de indignación que estalló en las calles del país vaya a tener algún efecto en los tribunales.

Nada más conocerse el fallo decenas de miles de egipcios descargaron su ira contra la decisión judicial y los remanentes del antiguo régimen, pese a que la sentencia es considerada un hito en la Primavera árabe por ser la primera vez que un pueblo de esta región condena a su expresidente.

Una horca fue instalada entonces en el centro de Tahrir, pero el nombre de Mubarak fue perdiendo fuerza en un ambiente cada vez más politizado y marcado por marchas contra el candidato Ahmed Shafiq, último primer ministro del anterior régimen que se disputará la Presidencia del país con Mohamed Mursi, aspirante de los islamistas Hermanos Musulmanes.

Sin perder de vista los derechos de miles de víctimas de la revolución, sus abogados prefieren centrar ahora sus esfuerzos en obtener para ellas mayores reparaciones del Estado.

Por el momento, los familiares de los fallecidos han sido compensados con unas 30.000 libras egipcias por cada caso (unos 5.000 dólares), en tanto la cuantía varía para los heridos según la gravedad de las lesiones.

Uno de estos últimos es Ahmed Abdel Moneim, que se mueve con la ayuda de muletas tras haber recibido un disparado en una pierna en el denominado "Viernes de la ira".

Casado y con una hija, Abdel Moneim, informático de profesión, dijo a Efe que las 15.000 libras egipcias (unos 2.500 dólares) que recibió en un principio apenas le sirvieron para equipar su vivienda y no han sido suficientes para salvarle de la precariedad en la que vive tras meses en paro.

"Estoy cansado", aseguró este joven de 29 años que, después de ser abandonado por su propio abogado y haber escuchado con estupefacción la sentencia de Mubarak, dice no tener más opción que rogar a Dios para que "enmiende" el asunto.

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