Jornada electoral

Europa, pendiente de las cruciales elecciones griegas

La eurozona contiene el aliento a la espera de conocer los resultados definitivos de estos comicios

 18:23  
[18/06/2012]
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EUGENIO FUENTES / EFE (Atenas) Hasta entonces, toda Europa, y buena parte del mundo, contendrá el aliento en espera de los resultados definitivos de las elecciones legislativas en las que casi diez millones de griegos están llamados a elegir Gobierno. Unos comicios que, dentro y fuera del país, son vistos como un plebiscito sobre la permanencia de Atenas en la zona euro y, aún más, como una prueba de fuego para la supervivencia de la propia moneda única. Grecia, cuya economía lleva cuatro años en crisis y dos en la UVI de los rescates, acude de nuevo a las urnas seis semanas después de que las anteriores legislativas se saldaran con una fragmentación del electorado que impidió la formación de un Ejecutivo.

Esas elecciones, las del pasado 6 de mayo, revolucionaron la escena política griega al dinamitar el duopolio de conservadores y socialistas reinante desde el final de la dictadura de los coroneles (1974). Ambos partidos fueron castigados a hierro por el electorado. Véanse, si no, las cifras. Los conservadores de Nueva Democracia se impusieron con un escuálido 18,85% del voto que contrasta con el 33,47% que en 2009 les dejó en segundo lugar. Por su parte, los socialistas del Pasok, ganadores hace tres años con el 43,92%, se hundieron hasta un 13,18% que les hizo perder el liderazgo de la izquierda griega. Este testigo pasó a manos de Syriza, el partido hermano de la IU española, que con un 16,78% de apoyos (4,6% en 2009) ha consumado el "sorpasso". Para reforzar la conmoción, los nazis de la Aurora Dorada se alzaron desde el 0,29% al 6,97%.

Hundimiento del centro, refuerzo de los extremos y dispersión del voto fueron pues las respuestas del electorado griego a la agónica situación social y económica del país. La ley electoral impide difundir sondeos durante los 15 días previos a la votación y los últimos conocidos no aclararon gran cosa: dos daban la victoria a los conservadores y otros dos la reservaban a los izquierdistas, cuyo joven líder, Alexis Tsipras, que cumplirá 38 años en julio, se ha convertido en la nueva estrella de la política griega. Con todo, sondeos privados de partidos y empresas apuntan que el voto estará hoy más concentrado y con la casi segura imposibilidad de que el ganador pueda formar Gobierno.

Grecia, experimento "neoliberal"

Nueva Democracia y Syriza son, pues, los cabezas de serie. La derecha oligárquica frente a los poscomunistas. Los responsables del maquillaje de las cuentas públicas que sumieron al país en la quiebra frente a quienes se niegan a aceptar los duros ajustes exigidos a Grecia por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional) que controla el flujo de los rescates, el oneroso maná gracias al cual sobrevive un Estado que, en estos momentos, sólo paga a pensionistas y funcionarios y sólo tiene dinero para sobrevivir hasta el 20 de julio.

Tsipras, un apasionado del Barça que ya en el instituto militaba en las juventudes comunistas, se ha izado a la cúspide de la política griega con un mensaje claro: los términos del memorándum por el que, el pasado marzo, se concedió a Grecia su segundo rescate (130.000 millones y una quita de 100.000 millones en su deuda, que se suman a los 110.000 millones del primer rescate) son inaceptables. Hay que renegociarlos.

Según los análisis del líder izquierdista, Grecia, cuya economía pesa un 2% en el total de la UE, está siendo el conejillo de laboratorio de un "experimento neoliberal" que la condena a una asfixia permanente. En pocas palabras, Grecia es para Tsipras la primera víctima de la ofensiva más salvaje que nunca haya lanzado el capital contra la Europa del bienestar, el codiciado baluarte que tras tres décadas de ataques sólo había conseguido erosionar. De modo que, advierte el líder izquierdista, es imperativo renegociar los términos de la ayuda -que representa el 140% del PIB griego de 2010- para que la extrema austeridad a la que se somete a Grecia pueda combinarse con el relanzamiento económico. Sólo con una reactivación del crecimiento -se calcula que el PIB griego ha caído un 20% desde 2010 y lo hará un 4,5% más este año- se evitará, concluye Tsipras, que la población siga hundiéndose en la miseria y que el Estado tenga cada vez menos recursos fiscales con los que hacer frente a sus gastos y a los intereses y vencimientos de la deuda.

Economía en caída libre

Este discurso, emparentado con el que, cada uno a su modo, lanzan Hollande desde Francia, Barroso desde la Comisión Europea y Obama desde EE UU, ha desatado las iras de Alemania y la corte de países (Holanda, Austria y Finlandia) que defienden la estricta ortodoxia de la austeridad. Para el Bundesbank, vale decir para la canciller Merkel, el crecimiento sólo puede venir de reformas estructurales que generen cuentas públicas sólidas y competitividad creciente. Nunca de una política de inyección masiva de liquidez que, asegura Berlín, sólo retrasaría la necesaria cirugía de hierro y pondría en peligro la contención de la inflación que es la clave de bóveda de su doctrina económica. En otras palabras, hay que seguir sangrando al enfermo -el recurso más común en la era precientífica de la Medicina- para que recupere la salud.

El problema para Grecia es que, a fuerza de sangrías, el enfermo se está quedando exangüe. Con el PIB en caída libre, el paro ronda el 25%, los salarios han caído otro 25% en menos de un año, la inversión desciende por quinto año consecutivo y, resumen esclarecedor, la Bolsa ha perdido un 52% en lo que va de año y entre 400 y 800 millones de euros salen de las cuentas corrientes cada día con destino a bonos alemanes o estadounidenses, cajas de seguridad y colchones. Muchos griegos sobreviven gracias a que un 30% de la economía está sumergida, lo que adelgaza aún más los ingresos del Estado. La clase media desaparece. El suicido es moneda corriente. Las huelgas y las protestas callejeras no cesan, y la cúpula militar fue destituida en noviembre pasado ante la inminencia de un golpe de Estado.

El rival de Tsipras, el conservador Antonis Samarás, representante por excelencia de la clase dirigente tradicional, nunca fue defensor de los rescates. Se opuso al de 2010, cuando aún gobernaban los socialistas, y sólo a regañadientes aceptó el de marzo pasado, cuando las riendas del Ejecutivo estaban en manos de un gabinete de concentración presidido por el tecnócrata Papademos, exvicepresidente del BCE.

Sin embargo, reaccionó a los resultados del 6 de mayo asegurando que las exigencias de Tsipras expulsarían a Grecia del euro. Pero a medida que ha ido transcurriendo la campaña electoral ha ido aceptando la necesidad, si no de renegociar el rescate desde cero, sí al menos de intentar ampliar en dos años sus plazos.

Amenazas de la UE

Así pues, austeridad más renegociación blanda, por un lado, y crecimiento más renegociación radical, por otro, son las dos opciones que se enfrentan hoy en una cita electoral ante la que el sector ortodoxo de la UE no se ha esforzado siquiera por aparentar neutralidad.

Las amenazas han ido creciendo con los días ante la posibilidad de que Tsipras tome las riendas griegas: salida del euro, corralito financiero y restablecimiento de los controles fronterizos han sido las más repetidas. Pero como Europa gira estos días mucho más deprisa que el resto del planeta, estas mismas amenazas han incrementado la incertidumbre y han puesto de nuevo contra las cuerdas a España e Italia. La aceleración de los acontecimientos ha precipitado el rescate a la banca española.

En consecuencia, las reclamaciones de Tsipras ya no son el exabrupto que parecían el 6 de mayo, la UE se ha convertido en un flan de miedos y el sistema financiero internacional se ha preparado para la eventualidad de que esta madrugada los resultados desencadenen el pánico en los mercados internacionales.

Atenas compra 13,5 millones en proyectiles para sus tanques
Grecia, sumida en una grave crisis económica y en primera página de la actualidad debido a las elecciones generales de hoy, aprobó el viernes la compra de municiones para sus tanques por un valor de 13,5 millones de euros, según anunció el portavoz del Gobierno, Dimitris Tsiodras.

Las municiones serán para los tanques alemanes de combate Leopard, según fuentes gubernamentales. El primer ministro interino, Panayiotis Pikrammenos, había hecho un llamamiento a todos los partidospara que aprobaron la compra de este material militar. Grecia ha tenido que reducir considerablemente su presupuesto de Defensa en los últimos dos años debido a la crisis de la deuda y a la fragilidad de sus finanzas públicas.

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