Embajador de Colombia en España

"En la lucha contra el narcotráfico, Colombia ha puesto los muertos"

Alberto Furmanski Goldstein: "Para nuestro país esta paz tiene el mismo significado de la caída del muro de Berlín"

02.10.2016 | 12:53
El embajador de Colombia en España, Alberto Furmanski, en su despacho.

El acuerdo entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC para poner fin a un pasado de más de 50 años de violencia tiene el mismo significado que la caída del muro de Berlín, enfatiza Alberto Furmanski Goldstein (Bogotá, 1948), embajador en España del país del realismo mágico, quien se apresura a reconocer que el narcotráfico no va a desaparecer con la conversión de los terroristas en políticos porque el consumo de droga sigue aumentando en el mundo y las sustancias químicas con las que se transforma la hoja de coca no son producidas en Colombia. El embajador echa en falta la colaboración de otros países en la lucha contra esta lacra y lamenta que a Colombia le haya tocado poner los muertos en esa lucha interminable. Hijo de emigrantes judíos que huyeron de Polonia a Colombia en los años 30 y experto en relaciones comerciales, Furmanski agradece a España el apoyo recibido en este proceso de paz que se ha negociado durante casi cuatro años en secreto y que se someterá a votación popular el próximo 2 de octubre. Mientras tanto, el embajador que recoge su pelo en una pequeña coleta se esfuerza por incrementar las inversiones españolas en su país y atiende a la amplia comunidad colombiana que ha elegido España para vivir. En el censo de la Seguridad Social solo hay registrados 54.000 colombianos pero Furmanski calcula que son más de 400.000 los paisanos suyos que residen, sobre todo, en Madrid, Valencia y Cataluña.

Señor embajador, ¿está de acuerdo con el expresidente español Felipe González, que acaba de comparar la paz de Colombia con la caída del muro de Berlín?
Para nuestro país esta paz tiene el mismo significado de la caída del muro de Berlín. Significa romper con un pasado marcado por más de 50 años de violencia y vemos con optimismo un futuro centrado en la unión del país que comenzará una vez concluya el plebiscito del 2 de octubre.

¿Cómo han vivido los colombianos los acuerdos de paz que firmaron el Gobierno y las FARC el próximo día 26 en Cartagena de Indias?
Cuando se supo de este acuerdo se produjo una gran sensación de no saber qué iba a pasar. No era la primera vez que se intentaba alcanzar esta paz pero en las anteriores ocasiones fue sin éxito. Supongo que esta vez sí que fue una sorpresa para los colombianos porque todas las negociaciones sobre los seis puntos del acuerdo se llevaron en secreto. Han sido casi cuatro años de conversaciones, lo que hizo perder la esperanza a mucha gente. Sin embargo, en las últimas semanas, el ambiente que se respiraba en Colombia era de alegría y todo indica que el plebiscito recibirá un importante respaldo nacional.

Bastará con un 13% de los votos afirmativos aunque haya un 85% en contra para dar validez al plebiscito del próximo 2 de octubre. ¿Cómo es posible?
En Colombia existe un censo electoral de unos 30 millones de posibles votantes y el derecho al voto es libre. Nunca hemos tenido votaciones para ningún cuerpo legislativo o presidencial en las que haya participado más del 50% del censo electoral. Si uno analiza este hecho se da cuenta de que obtener ese respaldo del 13% que fija el plebiscito no es tan bajo.

¿Qué porcentaje de apoyo a este plebiscito marcan las encuestas?
Inmediatamente después de anunciarse la firma del acuerdo, las encuestas arrojaban que un 50% de la población estaba a favor y el otro 50% estaba en contra. Eso significa que para sacar adelante el plebiscito se necesitarían cerca de 10 millones de votos a favor. Cuando se hace referencia al 13% parece que es algo fácil, pero no lo es tanto. Sin embargo, en tres semanas se ha avanzado significativamente y ya son más los que ratifican el acuerdo gracias a la labor pedagógica impulsada por el presidente Santos.

¿Por qué han elegido La Habana para negociar?
Era muy difícil hacerlo en Colombia porque requería de una logística muy compleja. En ocasiones anteriores, estas negociaciones se llevaron a Caracas y a México. Esta vez se eligió La Habana porque era el lugar que mejor respondía a las condiciones de reserva y confinamiento que se requerían. Cuba, junto a Chile, Venezuela y Noruega han sido países garantes de estas negociaciones. Recuerdo que todo comenzó en Noruega, pero la parte más secreta de estas conversaciones se hizo en La Habana porque era el mejor lugar para hacerlo.

¿Cómo habría vivido Gabriel García Márquez este acuerdo?
García Márquez estaría encabezando todo el movimiento a favor del sí al plebiscito. Sería una persona más que dichosa porque con su trayectoria él siempre demostró que buscaba una salida a este conflicto desde el consenso y el diálogo. Estaría feliz y si no pregúntenle a Mercedes, su viuda.

¿Digieren los colombianos el radical cambio de política del actual presidente Juan Manuel Santos respecto de la del expresidente Álvaro Uribe, contrario al proceso de paz acordado?
La política del presidente Santos en este terreno es muy parecida a la que impulsó Uribe durante sus ocho años anteriores de mandato. No se ha producido un cambio radical en las políticas de lucha contra la guerrilla. Eso sí, los golpes más importantes a los cabecillas de la guerrilla se produjeron con el Gobierno de Santos. La diferencia radica en que en estos momentos sí se ha podido lograr el acercamiento de ambas partes y la negociación que no comenzó hasta que la guerrilla ofreció el alto al fuego unilateral. El Gobierno nunca suspendió los bombardeos ni las acciones militares contra la guerrilla hasta que esta decretó el cese de sus acciones armadas.

El expresidente Pastrana también se ha mostrado contrario a la impunidad de criminales de guerra y a las concesiones hechas por el presidente Santos. De hecho, ha llegado a decir que si él hubiera concedido una cuarta parte de lo que Santos entrega a las FARC habría conseguido la paz en su tiempo.
Pues no entiendo esas declaraciones porque si se trata de concesiones, la más importante que hizo el presidente Pastrana a la guerrilla en su fallido proceso de paz es un territorio diez veces más grande de lo que está ahora destinado para la concentración de los guerrilleros. En cuanto al resto de acuerdos negociados por Pastrana nunca los sabremos porque desafortunadamente nunca logró la paz que ahora vislumbramos.

Las penas acordadas ahora para criminales de la guerrilla son una burla, según dice Human Rights Watch.
El señor José Miguel Vivanco, director para las Américas de esta organización, ha manifestado que no está de acuerdo con la justicia transicional negociada para este acuerdo. Es una de las voces autorizadas que ha opinado sobre este asunto, pero hay otras voces igual o más cualificadas que la del señor Vivanco que aplauden el acuerdo, como las Naciones Unidas o como la Corte Penal Internacional que encuentran este sistema de justicia transicional adecuado para la resolución de este conflicto.

Los guerrilleros de las FARC no sufrirán castigos ni siquiera por las muertes causadas y podrán participar en la vida política. ¿Cómo acogen esas concesiones los familiares de las víctimas de los guerrilleros?
Este proceso ha sido extraordinariamente pedagógico y durante todo su desarrollo, sobre todo durante el último año, han acudido a La Habana distintos estamentos de la población colombiana. Asistieron militares en servicio, minorías étnicas, representantes religiosos, miembros del congreso y, obviamente, representantes de las víctimas. La mejor recepción y los mejores sentimientos los despertaron las reuniones de las víctimas con la guerrilla. Esos encuentros fueron cálidos, esperanzadores y emocionantes.

¿Han doblegado a los guerrilleros con el plan «Espada de honor» o han cedido ustedes a negociar de igual a igual con ellos?
Lo más importante en esta negociación es que ambas partes han quedado satisfechas. Lo más difícil fue ponerse de acuerdo en los puntos que se iban a negociar y eso se hizo en secreto. Una vez logrado este reto, ya fue una negociación más sencilla marcada por unas reglas y tanto la guerrilla como el gobierno plasmaron su interés en que todo saliera adelante.

Como usted sabe, en España hay una fuerte oposición de las familias de las víctimas al traslado de los presos de ETA a prisiones más cercanas a su tierra. ¿Qué semejanzas y diferencias encuentra usted entre el terrorismo de las FARC y el de ETA?
No estoy muy familiarizado con el terrorismo de ETA. Ellos tal vez eran más urbanos que las FARC, que se basaban más en el control del territorio en las zonas más alejadas de las poblaciones. Al fin y al cabo, ambas siglas representan al terrorismo.

Álvaro Uribe subrayó en Madrid la contradicción del Gobierno español por apoyar el proceso de paz de Colombia con su política interior respecto del terrorismo de ETA. ¿Qué opina usted al respecto?
El Gobierno español nos ha apoyado muchísimo en Colombia con el tema de la negociación de la guerrilla y lo ha hecho de varias formas. Fue el primer Estado en aportar al fondo de la Comunidad Europea para la resolución de este conflicto y nos ha respaldado también desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el envío de los observadores a Colombia. España ofreció además personal para este contingente de observadores. Nos sentimos muy apoyados por España. Respecto a las declaraciones de Uribe poco puedo decir y no seré yo quien tache de contradictorio al Gobierno español. Habrá que preguntarle a Uribe.

¿Cómo han sufrido ustedes el santuario venezolano que ha acogido a los guerrilleros de las FARC?
Lo que hay que ver ahora es la postura de Venezuela, país al que estamos muy agradecidos porque ha apoyado este proceso de paz y ha servido de garante para que se pudiera cumplir. Los venezolanos han sido fundamentales para que este acuerdo se haya podido llevar a cabo.

Dicen que las FARC se acaban como guerrilla, pero que siguen como cartel. De hecho, ustedes llaman narcoterroristas a los guerrilleros. ¿Cree que han dejado de serlo?
La guerrilla ha ofrecido dejar su participación en el negocio del narcotráfico, ayudar en la erradicación de las plantaciones y sustituir los cultivos de coca por otras plantas. El Gobierno no tiene razones para pensar que esto no va a ser así, de lo contrario, no negociaría. Eso sí, el narcotráfico no va a desaparecer cuando las FARC se conviertan en un partido político, pero el Gobierno podrá concentrar sus esfuerzos ahora en la lucha contra el narcotráfico y no distraerse en otros asuntos.

¿Es la coca la clave de la violencia desatada por las FARC?
No sé si la clave pero la coca fue el combustible que permitió que este conflicto durase tanto. Sin la financiación obtenida por el narcotráfico, la situación habría sido otra.

¿Cómo van a acabar con el tráfico de la coca?
Colombia ha sido la principal víctima del narcotráfico. Lo primero que hay que preguntarse es dónde está la colaboración del resto de países para acabar con esta lacra. En esta lucha solo han caído capos colombianos, como si no los hubiese en otros sitios. El consumo de droga sigue aumentando en el mundo y las materias primas con las que se elabora la cocaína no son producidas en Colombia, como tampoco lo son las armas que usan los narcotraficantes para su guerra contra la nación. En la lucha contra el narcotráfico, Colombia ha puesto los muertos.

¿Ha tenido ocasión de ver la serie «Narcos» de Netflix?
He visto la primera temporada y refleja una época muy dura y difícil por la que pasó Colombia. Es una serie entretenida y muy triste en muchos aspectos.

¿Qué esperan de España los colombianos en este momento histórico?
Que nos sigan apoyando y acompañando, que las relaciones comerciales aumenten y se consoliden las que mantienen los dos países por razones culturales, deportivas y económicas. El otro día celebramos en esta embajada con muchos españoles la victoria de Nairo Quintana en la Vuelta Ciclista a España y el tercer puesto de Esteban Chaves. Desde ese momento nos hicimos nairochavistas.

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