Entrevista

"Regalar la información es el beso de la muerte"

Matthew Kaminski es director de la edición europea de Politico

14.05.2017 | 21:45
Matthew Kaminski, esta semana en Madrid.

El lector tiene que pagar por la información que lee pero solo si es de calidad, si está profesional y éticamente elaborada, si es original y si le resulta indispensable y útil para su vida cotidiana. Con esta receta compareció esta semana en Madrid Matthew Kaminski (Varsovia, 1971), director de la edición Politico Europe, la rama europea del Politico norteamericano, con sede en Arlington (Virginia), nacido para abordar la actualidad de Estados Unidos con una cobertura global multimedia a través de la televisión, la radio, internet y el propio periódico impreso que se distribuye gratis en Washington D.C y Manhattan.

Con sede en Bruselas, el periódico en su versión europea se ha especializado desde 2015 en noticias «políticas e inteligentes» de pago para atraer a las élites de la UE de la misma forma que lo hacen desde Estados Unidos para marcar territorio cada mañana en la Casa Blanca. «Queremos ser los más importantes para nuestros lectores esenciales», proclama Kaminski poco preocupado por los resultados del tráfico de sus trabajos en internet, cuya medición considera «una engañifa».

Kaminski, un periodista curtido en mil batallas en el Financial Times y en The Wall Street Journal, comprendió ya a la temprana edad de nueve años que había nacido para contar a la gente lo que le ocurre a la gente, una socorrida definición del periodismo. Pero no se puede aspirar a contar todo a todos. Hay que conocer el paño y al cliente. «La prensa necesita especializarse y, sobre todo, debe de tener muy claro a quién quiere dirigirse», explicó a Epipress tras participar ante un nutrido foro de profesionales en el Centro Internacional de Prensa en un acto del ciclo «Conversaciones con» organizado por la Universidad de Navarra.

El hambre de información en una dictadura y el descubrimiento de la libertad al otro lado del océano están gravados a sangre y fuego en su gen periodístico. «Nací en la Polonia comunista y a los nueve años emigré con mis padres a Estados Unidos». Kaminski está convencido de que estas circunstancias marcaron su rumbo profesional. El pequeño Matthew descubrió así el oficio que le abría las puertas a lo que buscaba: viajar para descubrir el mundo y los personajes que lo mueven y poder relatar sus impresiones a quienes estuvieran interesados en pagarle por leer sus crónicas. Así empezó con un juvenil Washington Press para entregarse durante su etapa universitaria a nuevos proyectos periodísticos al más puro estilo tradicional.

«Creo que mi vocación fue acertada», se atreve a razonar este periodista polaco en un ambiente tan pesimista como el que envuelve hoy a los medios madrileños, en abierto desafío a los pregoneros de la muerte del periodismo porque, asegura, la necesidad de información es hoy en día más imperiosa que nunca.

Otra cosa es la forma de llegar a sus exclusivos lectores, advierte el director de Politico, un medio de comunicación promiscuo en la distribución que lo mismo lo encuentras en papel que en otras plataformas tecnológicas. Politico se ha convertido en una comunidad de personas influyentes, un auténtico club de gente «top».

Redes sociales

«El periodismo no ha muerto», proclama con determinación, «pero hay que atarse los machos de una vez por todas y bajarnos del púlpito que nos daba tener el monopolio de la información», añade no sin antes tachar de error garrafal haber «regalado» las noticias durante los últimos años. A quienes no quiere culpar de la debacle del negocio periodístico son a Google ni a Facebook, «plataformas que nos han arrebatado la merienda con la publicidad pero que no controlan los contenidos». Tampoco demoniza a las redes sociales en general a las que recurre con habilidad selectiva desde su redacción y no duda en desmontar el argumento de quienes creen que gracias a ellas y a sus contenidos poco rigurosos, típicos de la posverdad reinante, Trump llegó a la Casa Blanca. «Si nos ponemos así, Obama también accedió a la presidencia gracias a las redes sociales», refuta el periodista que presume de ejercer de «influencer», una profesión de moda que vende con todo desparpajo publicidad cómo si fuera información, pero, eso sí, en su caso, de las élites europeas.

«Queremos un público que se convierta en adicto a nuestra información», exclama retador. «No podemos regalar nuestro trabajo», reitera Kaminski, quien tras pasar por el Financial Times y llegar a formar parte del consejo editorial en The Wall Street Journal en Nueva York se lió la manta a la cabeza en 2015 para regresar al viejo continente y tomar las riendas de Politico en Bruselas. «Me apeteció el reto», asegura, al tiempo que reconoce con una humildad no demasiado habitual en el gremio que no ha conseguido aún hacer un producto rentable aunque su modelo de negocio se nutre de suscripciones a newsletters y de abonados de grandes corporaciones que llegan a pagar hasta 8.000 euros al año por sus noticias.

Para no descartar oportunidad alguna de negocio, Politico sale de vez en cuando en papel, se engancha a varias plataformas digitales y organiza todo tipo de encuentros, desayunos y cenas de trabajo, protagonizados por personalidades para debatir asuntos relevantes con la finalidad de impresionar a las élites con una poderosa y cualificada imagen de capacidad de convocatoria. «Somos grandes creadores de eventos y de relaciones», presume. «Si hace falta hasta escribo las noticias en piedra», ironiza este europeísta acérrimo que ve con preocupación cómo los gobiernos echan la culpa de sus propios fracasos a Bruselas en cuanto se les tuercen las cosas.

Paradójicamente, tanto el brexit como la victoria de Donald Trump en Estados Unidos o la de momento fallida amenaza ultranacionalista de Marine Le Pen en Francia han unido a los europeos, analiza optimista, «porque cuando uno ve las orejas al lobo es cuando se plantea si se está mejor en casa que en la calle donde hace mucho frío», advierte mientras, decepcionado, echa una mirada a su vecina y de nuevo poderosa Rusia, «un país al que siempre le han gustado los dictadores» y que ahora eleva a los altares a un Putin «que se aferra al poder para no acabar como Gadafi», denuncia uno de los periodistas más denostados por el Kremlin por haber denunciado con dureza su agresividad expansiva en el conflicto de Ucrania.

Donde curiosamente no ve amenaza populista alguna es en su Polonia natal a pesar de la corrupción y xenofobia instaladas en los últimos años en el Gobierno ultraconservador y euroescéptico de Ley y Justicia, el partido del ya fallecido expresidente Lech Kaczynski y de que el 30% de los polacos sienta que 25 años en Europa no les han merecido la pena. «Puede que haya ciertos movimientos populistas pero los populismos y los extremismos han existido siempre en todos los lugares», zanja antes de volver a su máxima obsesión: hacer un buen periodismo que resulte rentable.

Para ello, reitera que regalar la información no es más que «el beso de la muerte» y pone como ejemplos de adaptación al nuevo modelo de negocio periodístico dominado por las tecnologías a The New York Times con 120 millones de visitas al mes, que apostó pronto por un arriesgado muro de pago que le «ha salvado la vida».

La publicidad no es la salvación

«Hoy en día no debes confiar en que la publicidad te salve el negocio», avisa este periodista que considera los ingresos por los anuncios como un extra del periodismo, cuyo sustento principal tiene que proceder de los lectores. «Yo no le hago ascos a la publicidad ni a las fuentes de financiación a través del Branded Content (algo parecido a lo que antes se llamaba explícitamente publirreportajes)», reconoce, «pero cuando se hacen este tipo de trabajos para ingresar dinero hay que dejar bien claro que es publicidad y no un contenido editorial», subraya.

El Financial Times, centrado en la información financiera para las élites de todo el mundo, es otro modelo a seguir para Kaminski, al igual que The Wall Street Journal, «que nunca regaló su trabajo», ni en papel ni en la Red, recalca.
En este convulso mundo de cambios disruptivos, Kaminski apuesta decididamente por la renovación, por ponerse al día, y por no olvidar que la labor de un periodista será siempre más productiva en un río revuelto porque es donde más ganancia pueden encontrar los pescadores de noticias. «El brexit nos ha abierto las puertas del Reino Unido», celebra el director de Politico Europe, un medio con presencia en Londres, Bruselas, Berlín, Frankfurt, París y que espera llegar pronto a Madrid.

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