gemma castaño. Málaga
Una vida nómada y acuciada por tópicos y prejuicios. Es la realidad de los feriantes, que desde tiempos inmemoriales han llevado la alegría y el bullicio a los festejos de cada rincón. Norias, carricoches y tómbolas, un sinfín de kilómetros y horas de montaje y desmontaje a sus espaldas para llevar el sustento a la familia trabajando mientras otros se divierten. Sin embargo, el siglo XXI también ha llegado al negocio ferial. Según recuerda un histórico del sector en Málaga, José Blánquez, más conocido como Pepe ´El Maño´, "los tiempos han cambiado y mucho". En un negocio que tradicionalmente pasa de generación en generación, los feriantes de hoy no olvidan las penalidades que pasaron sus abuelos y padres, entre ellas, y a falta de un techo mejor, dormir en camiones o bajo los propios remolques. Hoy, la realidad es bien distinta, la "preparación" de los actuales empresarios –instruidos en el negocio desde la infancia pero formados en conceptos actuales de gestión más adecuados a los nuevos tiempos– junto a los avances de las últimas décadas, han reducido el carácter "bohemio" de la profesión, que si bien se sigue caracterizando por su componente errante, ha sustituido los carromatos de antaño por modernas caravanas equipadas con todas las comodidades que constituyen auténticos hogares rodantes. "Algunas son mejores que muchas casas", asegura ´El Maño´, casi un padre para los feriantes que hacen escala en Málaga y que acuden a él ante todo tipo de situaciones y contratiempos. A su paso por el recinto de Cortijo de Torres, todos son saludos y muestras de afecto en diversas lenguas, una peculiaridad más del oficio, en el que años y años de carretera y noches compartidas los ha convertido en una "gran familia", coincidiendo en muchas ocasiones en las distintas ferias recorridas en el itinerario anual.
´El Maño´, que incluso tiene su propia calle en el recinto malagueño, presidió durante años la asociación que agrupa a los feriantes de la provincia, un órgano de coordinación que también ha contribuido a mejorar el nivel de vida de estos empresarios al canalizar las negociaciones con las administraciones públicas y permitirles establecer condiciones de contratación y prestación del servicio acordes a sus necesidades. Como cualquier empresario, los feriantes se ven obligados a hacer números constantemente hasta que salgan las cuentas. En el caso de las atracciones, los cada vez más sofisticados aparatos suponen un desembolso que puede llegar hasta el millón de euros, por lo que es imprescindible calcular hasta el mínimo detalle en qué feria se recalará durante la temporada para amortizar el gasto, que se incrementa debido al mantenimiento constante que requieren para garantizar la seguridad de los usuarios.
Además, y como en el resto de campos profesionales, la innovación es un valor en alza en un mercado cada vez más diverso. El buen feriante debe conocer los gustos del público para ofrecer alternativas diferentes que los convierta en las "estrellas" de la feria, convirtiendo los recintos en auténticos parques de atracciones con aparatos cada vez más sorprendentes y posibilidades de ocio infinitas.
Campaña. No obstante, y pese a los avances, la intensidad del trabajo no ha variado mucho. La campaña suele empezar en el mes de abril, y de ahí, hasta octubre aproximadamente, recorriendo toda la geografía española en un trajín que puede llegar hasta las 50 ciudades recorridas. Mucho de los feriantes que ahora acampan en el Cortijo de Torres de la capital llegan de Huelva, y una vez recogidos los bártulos se dirigirán a ciudades como Zaragoza. Para la mayoría, Málaga es un caso especial. "Sin Málaga la temporada no sería lo mismo", afirma Luis López, trabajador de la empresa de atracciones ´Bañuls´, una de las grandes del sector en Andalucía. La capital se encuentra entre las ciudades más rentables, pese a que en el caso de urbes similares la crisis ha reducido la facturación en torno a un 20%. Atrás quedaron también las imágenes de enormes familias rodeadas de niños siguiendo el recorrido ferial. Pese a que en algunos casos los más pequeños acompañan a sus padres en ciertos tramos, sobre todo ahora en vacaciones, la mentalidad es común en el sector. "Es un trabajo demasiado duro. Que estudien y se preparen", repiten los feriantes mientras montan sus atracciones en el Real malagueño. La diversión, y el trabajo, están a punto de comenzar.