México

Real del Monte orgulloso de ser la cuna del fútbol gracias a los mineros ingleses

04.07.2008 | 13:05

El pueblo de Real del Monte, en el estado mexicano de Hidalgo, conmemorará la llegada hace más de 150 años del fútbol a México, gracias a los mineros ingleses, con la colocación de un monumento en el primer terreno de juego que hubo en el país.

Las minas de Mineral del Monte, más conocido con el nombre colonial de Real del Monte, eran ya famosas por su riqueza en oro y plata en las épocas prehispánica y virreinal.

Sin embargo, fueron los mineros llegados desde el condado de Cornwall, en Gran Bretaña, quienes comenzaron a explotarlas de forma moderna en 1824, explicó hoy a Efe Manuel García, un ex minero de 85 años, estudioso de la historia local.

"Los ingleses tuvieron muchas pérdidas. No sacaron ganancias porque las galerías se les inundaban", explicó Manuel, que añadió que ello motivó a las compañías británicas a traspasar la explotación de las minas del Real en 1848.

Pese a su temprana retirada, los ingleses dejaron varios testimonios de su presencia. El más señalado fue la introducción en el país del deporte más popular en la actualidad en América Latina: el fútbol, hasta entonces desconocido a ese lado del Atlántico.

"De aquí se extendió a toda la República", señaló el presidente del Patronato Pro monumento al Fútbol, Francisco Flores, quien precisó que "se desconoce la fecha exacta de los primeros partidos porque "los ingleses jugaban entre ellos los domingos en el patio de la mina", no en encuentros oficiales.

Ese patio, que fue el primer campo de fútbol de México, es el lugar en donde los vecinos de Real del Monte planean colocar una estatua de bronce que represente a dos futbolistas para conmemorar la llegada del fútbol al país hace más de 150 años.

En la actualidad, una explanada cubierta de asfalto y utilizada como estacionamiento y parada de microbuses ocupa el lugar del antiguo terreno de juego de este pueblo que cuenta con unos 13.000 habitantes.

"Sobre 1920 empezaron a sacar material de las minas, el terreno se hundió y se hizo una barranca que luego se rellenó para formar el estacionamiento", detalló Flores.

El fútbol sólo es, sin embargo, uno más de los vestigios británicos que perviven en Real del Monte.

Quizá el más dramático sean las vidas que varios ingleses perdieron en su subsuelo.

"La mina es peligrosa (...) Cuando yo trabajaba, teníamos una bandera azul con una S bordada que sólo se alzaba los meses que no había habido accidentes. Pocas veces la vi ondear", dijo Manuel García, que trabajó extrayendo mineral durante 39 años.

Un centenar de tumbas con los restos mortales de los británicos que murieron mientras trabajaban bajo Real del Monte, todas ellas con la cabeza del difunto orientada hacia Gran Bretaña, recuerdan este pasado en el Panteón Inglés de la localidad.

Durante la permanencia de los británicos, Real del Monte se convirtió en un pueblo muy particular gracias a la influencia foránea.

Las paredes de sus casas se pintaron con tonos apastelados y los techos, en lugar de con teja, se cubrieron con planchas de hojalata de color rojo que se hacían al aplanar los botes de cianuro utilizado en la minería.

Además, era típico que los mineros comiesen "pastes" elaborados por sus esposas cuando se encontraban bajo tierra.

Los pastes son un tipo de empanada de origen inglés, rellena de patata, carne y cebolla, cuya receta trajeron los mineros de Cornwall, pero que a su llegada se mexicanizó al añadirle chile.

Sin embargo, la marcha de los británicos hizo que estos legados quedasen casi tan enterrados como los huesos del Panteón Inglés.

Una foto aérea rescatada del archivo de Gonzalo Vadillo, vecino de la localidad, muestra cómo en la década de los 70 apenas quedaban tejados rojos en Real del Monte.

En esa época también la fabricación del paste había desaparecido prácticamente y casi todas las compañías mineras habían cesado la extracción.

"Sólo una familia se dedicaba a vender los pastes en las funciones del Cine Juárez", relató la portavoz del ayuntamiento, María Eugenia Valdivieso.

Un proyecto de remodelación realizado entre 1986 y 1994 rescató los antiguos tejados, los colores y construcciones de madera en todo el centro histórico y dotó a la población de numerosos hoteles y restaurantes de los que hasta entonces carecía, detalló Valdivieso.

El resultado fue que el antiguo pueblo minero se incluyó como uno de los conocidos "Pueblos Mágicos de México" y se convirtió en una de las visitas más recomendas en las proximidades de la capital mexicana, de donde le separan unos 130 kilómetros.

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