ARQUEOLOGÍA

El Cairo islámico se lava la cara para rescatar su esplendor

10.07.2008 | 19:35

Dicen que es mejor observar El Cairo por las noches, cuando las sombras se ciernen sobre la ciudad y ocultan las capas milenarias de mugre y polvo que recubren todos los rincones.

Es entonces cuando mejor se ven los alminares de las miles de mezquitas que se yerguen hacia el cielo en busca de Alá.

Desde la atalaya del Parque de Al Azhar o las montañas de Muqatam, no es difícil imaginar que estamos ante un decorado de las Mil y una Noches.

Ahora varios proyectos convergen en esta megalópolis para lavarle la cara y devolverle el esplendor oriental del que gozó en los tiempos de la ruta de la seda y del comercio de especias.

El Cairo no es una de las ciudades más antiguas del mundo -"sólo" tiene trece siglos-, pero es una de las que mejor atesora siglos de esplendor o de miseria aún visibles en mezquitas y palacios fatimíes, mamelucos u otomanos.

No ha dado a la ciudad la fama que le aportan las pirámides, pero el patrimonio arquitectónico islámico que posee esta ciudad no tiene parangón en todo el mundo, ni siquiera en Estambul o Damasco.

Las mezquitas de El Cairo son además ejemplo perfecto de la suma de civilizaciones: columnas faraónicas reaprovechadas, capiteles romanos rescatados de ruinas, soberbios "mimbares" o púlpitos medievales, todo ello completado con el toque contemporáneo de un estridente reloj "made in China".

Explica Agustín Gamarra, un restaurador español embarcado en un proyecto del "Fundación Aga Khan Trust para la Cultura" para abrir un "Museo Histórico de El Cairo", que muchos monumentos, paradójicamente, han sobrevivido por la falta de dinero y la desidia que han impedido que se lleven a cabo proyectos de restauración de los llamados "agresivos", con mucha intervención y reconstrucción.

Eso, y el clima seco de El Cairo, que ha permitido que las mezquitas, al igual que las tumbas faraónicas, hayan conservado de forma admirable sus joyas en soportes de mármol, madera, yeso, granito o vidrio.

Por desgracia, la enorme contaminación que se cierne sobre la ciudad está cambiando las tornas y deposita sobre los monumentos una capa mucho más difícil de retirar que la del polvo y la arena.

La Fundación del Aga Khan está restaurando a conciencia el llamado "Barrio Rojo" que se extiende bajo las murallas de la Ciudadela de Saladino, una de las zonas más deprimidas de la ciudad.

Comenzó creando un extenso jardín sobre las ruinas de un basural, rescató la muralla fatimí y ha restaurado varios complejos arquitectónicos.

Todo esto unido a un proyecto de regeneración del barrio, con préstamos a bajo coste para rehabilitar las viviendas de los vecinos y con una decidida voluntad de regenerar socialmente ese mismo barrio dando trabajo a artesanos de la zona.

En otra línea, la Comisión Europea también está financiando la restauración de varios edificios con una perspectiva social, es decir, que sean monumentos integrados en sus barrios como centros de artesanía, alfabetización o atención primaria.

Pero el proyecto estrella y el que más visibilidad va a dar a El Cairo es la ambiciosa restauración emprendida por el ministerio de Cultura de la calle Muezz el Din, la arteria que desde tiempos medievales corta por la mitad El Cairo antiguo y donde se concentra la mayor densidad monumental de la ciudad.

Palacios aristocráticos como el de Beit al Suheimi, el famoso zoco de Jan el Jalili, mezquitas fatimíes, ingentes aljibes para almacenar agua del Nilo de la época otomana, mercados de especias...

la calle resume en sí misma el esplendor marchito de una ciudad que fue casi la capital del mundo hace ocho siglos.

Transitarla es revivir la época del califa Al Hakim, que prohibió la fabricación de calzado femenino para obligar a las mujeres a no salir a la calle, o la suntuosa mezquita del sultán Barsbay, construida con los pingües beneficios del monopolio estatal de las especias, pues cada rincón esconde una leyenda o un conjuro.

Algunos arqueólogos critican que estas restauraciones del ministerio se hacen de forma apresurada y superficial, sin atajar uno de los principales problemas de la ciudad antigua: la continua filtración de humedades que se come los revestimientos y a veces los cimientos mismos.

Las autoridades llevan meses anunciando la restauración integral de toda la calle, pero en el reino del "in sha allah" ("Dios mediante") la fecha se va postergando una y otra vez.

"¿Cuándo se inaugurará por fin la calle restaurada? Dentro de un par de meses in sha allah".

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