A. Guillén. Málaga
Diana Widmaier Picasso, historiadora del arte y nieta del genio malagueño, no conoció personalmente a su abuelo, lo que no ha evitado que surgiera una gran admiración por el artista de la plaza de la Merced a través del descubrimiento de sus obras, "que es lo más real".
"Como persona me ha llamado mucho la atención su curiosidad y entusiasmo insaciable por las cosas de la vida. De mi abuelo Pablo admiro ese estado frenético de descubrimiento, esa capacidad de asombrarse", destacó ayer Widmaier momentos antes de pronunciar la conferencia ´Las esculturas en chapa recortada de Picasso: nuevos datos acerca de la colaboración con el artesano forjador, Joseph-Marius Tiola´, en el Auditorio del MPM.
La hija de Maya Picasso, que desde 2003 prepara junto a un equipo de investigadores el catálogo razonado de la escultura de Picasso, confesó que según avanzaba en este proceso de estudio ha intentado alejarse más de la producción artística de Picasso para centrarse más en la evolución de su pensamiento.
Autorretratos. No obstante, Widmaier destacó algunas de sus obras preferidas, especialmente los retratos de su madre Maya o su abuela María Teresa, son los que más le emocionan, sobre todo la serie de autorretratos de la última época del pintor malagueño. "En estos cuadros, mi abuelo se muestra tal y como es y te permiten conocer más en profundidad toda su vida", añadió.
De la añoranza de su Málaga natal y de España, la historiadora afirmó: "Él nunca dejó Andalucía. Siempre la tenía muy presente en sus pensamientos. Le encantaba recordar detalles de su país y charlar con españoles para que le contaran cosas de aquí". De la colaboración de Picasso con el artesano Tiola, Widmaier consideró que fue muy importante esta simbiosis entre el artista y el forjador, porque a Picasso le permitió llevar más allá la técnica para desarrollar su obra.