Alejandro Fernández
Un atractivo programa, con Tchaikovsky en los atriles, sirvió de cierre no sólo para un ciclo, sino también de una temporada, y ya de paso como despedida del maestro Ceccato al frente de la OFM. Melancolía, tensión dramática, fuerza expresiva, euforia colorista y tímbrica son algunas de las claves para entender no sólo el programa sino también la retrospectiva propuesta, en los dos últimos años, entorno al compositor ruso.
A modo de recapitulación, este ciclo de Tchaikovsky, junto con la integral de las sinfonías beethovenianas, han sido los pilares temáticos propuestos por Ceccato en el plano artístico, muy complaciente, eso sí, con el gusto de cierto sector, que se presume mayoritario entre el auditorio.
Esto poco ha de extrañarnos, puesto que, esa fue la feliz idea con la que se alumbraba, en aquel momento, la nueva línea artística de la OFM tras la marcha del controvertido Rahbari, menos complaciente con el citado sector de los abonados, al que no se le puede sacar del repertorio clásico-romántico.
Escrita a finales de los sesenta del diecinueve, y revisada años después, la obertura fantasía Romeo y Julieta representa esa tensión colorista con la que el compositor ruso seduce al oyente. Para conseguir este efecto es imprescindible no alargar lo tiempos ni mucho menos enfatizar tanto ciertos puntos de la partitura, puesto que daña la interpretación y le resta sentido a la obra, es decir, la convierten en una sucesión de motivos que sinceramente aburren. Quizás fuese ese uno de los motivos de la fría acogida entre los aficionados, al término de la interpretación de la orquesta, reconociendo, eso si, el papel destacado de la cuerda y el metal.
Se especula que la pérdida irreparable en la adolescencia de la madre, movió al compositor a la escritura de la Serenata melancólica para violín y orquesta, op. 26.En la versión dada por la OFM destacó, de forma sobresaliente, la interpretación del profesor Horvath, que supo dar intensidad y alas a esa atmósfera nostálgica, dolida y oscura que Tchaikovsky imprimió en la obra.
Hermoso. Nuevamente el sentido trágico y finalista recorren los cuatro movimientos de la última sinfonía del genio ruso, en ella volcó su testamento musical, la idea de una vida contenida entre los compases de la partitura fue la base con la que trabajó el maestro Ceccato. Intensísimo el adagio inicial al que le continuó un hermoso allegro frente a la fuerza del molto vivace del tercer movimiento y el sereno adagio final.
En la música de Tchaikovsky conviven de forma encontrada la melancolía frente el amor a la vida, la pasión contra lo imposible y finalmente la música como línea de fuga y equilibrio emocional del artista.