J. Zotano. Málaga
La relación entre Málaga y el cine comenzó el 2 de septiembre de 1896, día en el que tuvo lugar la primera proyección de imágenes en movimiento en el hotel Reina Victoria de calle Larios.
Este acontecimiento, que se produjo sólo nueve meses después de que los hermanos Lumière presentaran en París su sorprendente invento, es el punto de partida del libro ´Las estaciones perdidas del cine mudo en Málaga´, de Francisco Griñán, y del documental ´¡Espectadores al tren!´, de Domi del Postigo, trabajos que ayer fueron presentados en el marco del festival Málaga Cinema, que organiza la Diputación, en el que se conmemora el centenario del rodaje de la primera película rodada en la provincia, ´De Málaga a Vélez-Málaga´, de Ricardo de Baños.
La película del ferrocarril que recorría la costa oriental malagueña marcó en 1909 la génesis de los rodajes documentados en Málaga, aunque las alusiones a la Costa del Sol en el cine son anteriores. Fue el filme ´La malagueña y el torero´, de 1898, el primer título en el que el nombre de Málaga hizo acto de presencia en el séptimo arte. La cinta, rodada por un operador de la factoría Lumière, fue no obstante rodada en Sevilla, explicó Griñán.
´La malagueña y el torero´, cinta de danza en la que unos diestros tratan de cortejar a una chicas con sus coreografías, tuvo en 1905 una segunda versión, coloreada a mano, dirigida por una pionera del cine, Alice Guy, la primera mujer con una productora propia.
Entre ambas versiones hay otra película que hace alusión a la ciudad en su título, ´Una buena copa de Málaga´, referido con casi total seguridad al vino de la tierra, y que está fechada en torno al año 1900, según Griñán.
En la década de los años 10 se han contabilizado 37 películas rodadas o relacionadas con Málaga, entre las que figura un título fundamental, ´Un día por Málaga´, que está siendo restaurado por la Filmoteca de Andalucía, adonde ha llegado gracias a una donación anónima. Esta película fue rodada entre 1913 y 1916 y en ella se ve a caballistas por el Parque, el mercado de Atarazanas y los talleres de los Ferrocarriles Andaluces.
Ya de los años 20 se han documentado una treintena de películas, entre las que predominan los documentales con una intencionalidad de promoción turística, y en los desfiles de la Semana Santa se pueden apreciar imágenes religiosas que serían destruidas posteriormente en los disturbios de 1931.