isabel conde / efe. Tokio
El primer reproductor portátil de música del mundo, el walkman de Sony, cumple hoy 30 años, en un momento en que la extensión global de los dispositivos mp3 lo han dejado obsoleto, pero encumbrado como icono de la década de los 80. Con su aparición en el mercado el 1 de julio de 1979, el walkman supuso una revolución, ya que proporcionaba la posibilidad de escuchar música en "cualquier sitio y cualquier momento", tal como rezaba el eslogan de Sony para su lanzamiento.
Según una portavoz de la compañía nipona, tres décadas después del lanzamiento del primer modelo de walkman, el TPS-L2 azul y plateado, Sony calcula que ha vendido cerca de 385 millones de este dispositivo imitado en todo el mundo y considerado un nombre genérico más que una marca por la generación ochentera. Sin embargo, hoy en día queda poco de este equipo de música rectangular, que necesitaba una cinta y pilas desechables para funcionar, y que hoy ha evolucionado a modelos mucho más pequeños, ligeros, de colores y con batería de litio. "El walkman cambió la forma que teníamos de escuchar música", dijo Rob Mason, un estadounidense de 28 años que recuerda con claridad el primero que tuvo, que "iba con él a todas partes" y que "aún conserva guardado", como una reliquia.
Como suele ocurrir con los iconos, el origen de la idea de hacer portátil la música está lleno de leyendas y disputas, ya que Sony llegó incluso a disputarse legalmente con un inventor germano-brasileño la autoría del walkman. Según la versión oficial de Sony, la idea de este invento la tuvieron juntos dos de los fundadores de Sony, Masura Ibuka y Akio Morita, que quisieron ofrecer la posibilidad a la gente de llevar la música consigo de forma cómoda y sin molestar a los demás. "Tras un viaje a EEUU, Morita volvió impresionado por todos esos jóvenes estadounidenses que salían a la calle con su enorme radiocasete", dijo otra portavoz de Sony, quien reconoció que hay muchas otras conjeturas sobre el origen de la idea, desde el deseo de sus dos creadores de escuchar música durante sus largos viajes continentales, al de poder disfrutar de sus deportes favoritos –golf y correr– al ritmo de sus canciones y melodías preferidas.