JAVIER GARCÍA RECIO
En realidad se llamaba André Friedmann, pero pasó a la historia como Robert Capa, el más famoso fotoperiodista del mundo. El nombre y el inicio de la leyenda se los inventó su novia Gerda Taro, la "pequeña rubia". Ambos, judíos y refugiados políticos, malvivían en París en 1935 de los reportajes fotográficos que le encargaban y malpagaban a André.
Fue entonces cuando Gerda se inventó la presencia en París de un famoso fotógrafo americano "muy cotizado", lo que le permitía a ella exigir el triple por sus negativos, detrás de los cuales no estaba otro que André Friedmann.
El juego cuajó y se convirtió en leyenda tal como lo narra Susana Fortes en su novela ´Esperando a Robert Capa´ que se alzó con el Premio de Novela Fernando Lara 2009.
´Esperando a Robert Capa´ no es más que la historia apasionada y dura de dos jóvenes judíos, él húngaro, ella alemana, desde que se conocen y comienzan una aventura amorosa, hasta julio de 1937 cuando ella fue arrollada por un tanque republicano durante la precipitada y confusa retirada del frente de Brunete acosados por las tropas franquistas y murió pocos días antes de cumplir los 27 años. Fue el gran amor de Capa que nunca más volvió a ser el mismo ni a vivir la intensidad de un amor tan profundo como el que le unió a su ´pequeña rubia´.
Es un acierto que Susana Fortes haga resurgir con esta historia la leyenda de Robert Capa justo en un momento en que está imponiéndose el debate sobre el futuro del periodismo tal como lo conocemos ahora y especialmente tal como lo concibieron Robert Capa y Gerda Taro que no es otro que estar allí donde se produce la gran noticia y contarla.
Eso lo tenía grabado Capa entre ceja y ceja y se lo inoculó a Gerda. De ahí la foto ´muerte de un miliciano´ que se convirtió por derecho propio en la foto mas famosa del periodismo de guerra mundial. Y de ahí que Capa fuese el único fotógrafo que estuvo en el desembarco de Normandía.
Aunque la novela de Susana Fortes acaba con la muerte de Gerda, sus continuos juegos de flashback le permiten contar tanto la niñez de uno y otro como algunas de las proezas que protagonizó Capa cuando ella ya no estaba.
Con un lenguaje envolvente y cierto estilo periodístico, muy en complicidad con la historia que cuenta, Susana Fortes consigue trazar una narración que seduce, tanto cuando ahonda en la pasión amorosa de los personajes como cuando les sitúa como intrépidos profesionales del fotoperiodismo que se jugaron la vida y la perdieron.