Alejandro Fernández
El año 2009 marca el centenario de la muerte del alicantino Ruperto Chapí, uno de los nombres imprescindibles del mal llamado género chico –que más que chico es grande y por ello universal–, maestro del propio Manuel de Falla con Bretón y Chueca, nombres que por sí mismos traen a la memoria títulos inolvidables, en los que a fuerza de tópicos y pastiches se retrata el carácter de lo español.
Chapí sigue siendo sinónimo de alegría, broma y humor inagotable, pero posee también una vertiente no menos seria representada por obra sinfónica, truncada quizás por su temprana muerte. Facetas que han servido para llenar todo un programa que sirve de apertura de la temporada. Nos queda por delante todo un año de música, donde también veremos cómo se resuelve el controvertido ´OTFM´ al que se van a prestar las batutas invitadas.
La obertura de Roger de Flor, ópera escrita por el alicantino en 1878, abrió la primera parte del programa, dedicada íntegramente al sinfonismo de Chapí, en el que se pone de manifiesto el dominio de la orquesta y la influencia alhambrista como respuesta al deseo de una música nacional, dentro del contexto europeo de los nacionalismos, donde los temas de carácter español afloran libres de ese exotismo con el que se nos sigue mirando a mediados del siglo diecinueve a España. En este marco se desarrollaron también las dos obras que completaron la primera parte, ´Combate de Don Quijote con las ovejas´ y, para cerrar, ´Los gnomos de la Alhambra´.
A simple vista, Chapí puede dar la impresión de insustancial; si le sumamos la falta de fuelle y viveza en la interpretación, tenemos una música sin su esencia y descontextualizada. Chapí no es Bizet, ni Bruckner, no puede tener momentos vieneses o de marcha eslava; a la OFM se le escapa el repertorio español y Lorenzo Ramos poco pudo hacer para encaminar el conjunto orquestal, como quedó demostrado, por ejemplo, en la ejecución de los preludios de ´La Revoltosa´ y ´El tambor de Granaderos´, una música brillante pero falta de pasión.
Milagros Martín y el Coro de la Ópera de Málaga protagonizaron la segunda parte del programa, más conocida y divulgada. La soprano madrileña supo encandilar a los asistentes no sólo por su voz, con un registro agudo amplio, sino también por la soltura con la que se mueve en el escenario. Aplaudida también la presencia del Coro de la Ópera, en el que pudimos apreciar cierta merma en la cuerda de tenores frente a las brillantes sopranos y contraltos del coro de pajes. La repetición de las Guajiras de ´La Revoltosa´, como propina, cerró el primero de los programas de la temporada de la Filarmónica.