Pedro Toledano
Arrancaba la semana con los ecos todavía en el ambiente de haber vivido una hermosa corrida goyesca –ya se sabe que decir goyesca es señalar a la maestranza de Ronda– cuando los portales taurinos de internet comenzaron a presentar las noticias pareciendo más partes de guerra que crónicas taurinas. Miguel Ángel Perera, que había estado soberbio en la cita rondeña, era el primero en caer apenas unas horas después en Mérida. Se sabe que a los toreros cuando se arriman, cuando se pasan una y otra vez el toro por la faja, y un poco más abajo, como es el caso del extremeño, les puede pasar de todo. Hasta caer heridos. Y aunque son riesgos asumidos no deja de impresionar cuando asoman a la pantalla del ordenador tantos partes de enfermería juntos y algunos recogiendo heridas de suma gravedad, como es el caso de las dos cornadas recibidas el pasado jueves en Navalcarnero por El Cid, una de ellas muy cerquita de la safena, y la otra en la cavidad torácica. De susto grande.
En el caso del torero de Salteras, cuando se pone uno a analizar su recorrido por la temporada, el impacto y el dolor como aficionado es todavía mayor porque se trata de un torero que había pasado un bache y estaba en plena recuperación. Sumaba éxitos y ganaba en confianza para afrontar el final de la temporada con ilusión. Tenía como meta dejar las cosas como comenzaron antes de ese temprano mano a mano en Sevilla con Morante y los toros de Victorino, que tan poco le aportó y que, pensamos nosotros, tanto le desgastó. Ahora hay que esperar que la recuperación de las dos gravísimas cornadas recibidas sea rápida y sobre todo que no le dejen secuelas para, si es posible, reaparecer antes de que finalice la temporada española. A los toreros que tanto les cuesta situarse y además hacerlo sin más concesiones que la verdad y el pecho siempre por delante, cuando llegan estos tragos amargos, hay que animarles.
Y como el toro no entiende de galones, entre las cogidas de uno y otro espada, han caído novilleros y toreros de plata. En la feria de Calasparra, el novillero mejicano Calita era herido de gravedad por un astado de El Cubo. Juan del Álamo recibía una cornada grande, pero limpia, de un novillo de Los Chospes, en la feria de Albacete. En la reaparición de Morante en Valladolid, el peón de su cuadrilla Pepín Monje, era espectacularmente cogido por un toro de Garcigrande. En Cehegín, el subalterno de Finito de Córdoba, Rafael de la Rosa, era arrollado por un toro de El Torero, recibiendo heridas de pronóstico reservado. Y el viernes, cuando nos disponíamos a entregar el trabajo, nos llegaba la noticia de la grave cogida sufrida en Arganda por el peón de Antonio Rosales, Javier Cerrato. Todo en una semana con gran actividad donde junto a la tensión de vestirse de torero hay que añadir la fatiga que produce la carretera.
Pero la semana ha tenido también su cara agradable, tanto por haberse producido recuperaciones tan asombrosas como la del novillero francés Patrick Oliver –hace veinte días se llegó a temer por su vida al recibir una cornada en la tráquea–, que reaparecía el viernes en Arganda del Rey cortando una oreja dentro de una destacada actuación, como por el gran número de toreros que están logrando señalados éxitos. Entre los que más han apretado lidera la semana Sebastián Castella, pero muy seguido por El Fandi, El Juli, Cayetano y Manzanares, mientras que de los más jóvenes el albaceteño Rubén Pinar es quien logra destacar del resto de compañeros. Y hablando de toreros de Albacete, de sorpresiva hay que valorar la alternativa que el mismo viernes tomaba en la capital manchega el novillero Juan Luis Rodríguez, de manos del valenciano Vicente Barrera, que tuvo una brillante actuación junto a José Tomás, quien sigue triunfando en la arena y arrollando en las taquillas. Méritos que, para algunos, no son suficientes. La temporada que viene va a costar verle en plazas de primera. La razón, la de siempre: la plataforma digital.