Pedro Toledano
Cuando una cosa se sale de la norma se suele decir que es extraordinaria. Puede ser para bien o para mal. Extraordinariamente bueno o malo. Hace ya mucho tiempo que la suerte de matar los toros se salió de la norma derivando hacia la acepción negativa. Se apoderó de ella una especie de rutina con ventaja que poco dice de quienes la practican sin el decoro que un día imprimieron los espadas que la situaron en el lugar más destacado de cuantas suertes se aplican durante la lidia. Por eso la llamaron "suerte suprema". Uno de los rasgos que caracterizaba a los espadas hasta la decadencia en que se haya instalada la suerte de matar, era el empeño que ponían en señalar siempre el pinchazo en lo alto, buscando el hoyo de las agujas. Si encontraban la muerte, el premio estaba asegurado. Y si habían hecho la suerte con gallardía, esto es, despacio, echando la muleta a la pezuña izquierda para que el toro descubriera y le permitiera enterrar el acero en el sitio que le provoca la muerte más rápida, hasta se le premiaba con trofeo aunque la faena no hubiera tenido mucho peso artístico.
Hoy, no. Los espadas van ya de facto buscando los blandos, y si la espada queda baja pero ha cumplido la misión de pasaportar al astado con prontitud, hasta hacen un gesto alzando el brazo en señal de altanera suficiencia y firmando con un ¡ahí queda eso! Como si del mismísimo Frascuelo se tratara. A la mayoría de matadores actuales, la gallardía, la rectitud y la pureza en la suerte, ni les preocupa. Y ni les cuento el valor que le dan a los avisos. Claro que los públicos tienen mucha culpa de que así se conduzcan, porque si exceptuamos plazas como Madrid, y en menor medida, Sevilla, en el resto, la connivencia de público y toreros, es flagrante. Por eso cuando un espada se preocupa por depurar la técnica, como es el caso de José María Manzanares, llama la atención y hay que dedicarle un par de párrafos. Lo venimos observando y realmente, si sigue por ese camino, el alicantino acabará siendo espejo para los compañeros de ahora –que falta les hace–, y lo que es más importante, para las nuevas generaciones. Las aficiones de Ronda, Valladolid, Arles, Murcia, Albacete, etc., han sido las últimas en ver su pureza y también su contundencia. Ejemplo de libro.
Tampoco esta semana se ha escapado el toreo de pasar por la enfermería. Y lo peor es que con parecido estruendo que la anterior. El lunes era el joven Miguel Tendero, quien recibía dos graves cornadas, una de 30 y otra de 20 centímetros, en la pierna izquierda. El martes era el novillero mejicano Angelino de Arriaga, quien sufría una tremenda cornada que le seccionaba la femoral. El jueves, José María Tejero, tercer hombre de la cuadrilla de Enrique Ponce, sufría una aparatosa y grave cogida al ser alcanzado contra las tablas cuando trataba de saltar al callejón. Y como si el jueves estuviera gafado, en Salamanca caían dos subalternos igualmente con heridas muy graves. Niño de Leganés, de la cuadrilla de El Juli, y Pablo Delgado, actuando a las órdenes de Sebastián Castella. Pero todavía iba a haber más cera, y en Nimes era el matador Mehdi Savalli, quien resultaba herido de menor gravedad. Pero la maldita racha todavía siguió el viernes, y en otra vez en Nimes pasaba a la enfermería el subalterno de la cuadrilla de El Juli, Emilio Fernández, herido de menor gravedad. Por su parte, Aparicio era atendido en Murcia, de un puntazo en la región inguinal. Demasiado dolor.
Tejela. Entre tanto sufrimiento, afortunadamente también aparece la cara agradable de la fiesta. De resaltar, por el gran empeño que le está poniendo, Matías Tejela. Ahora ha sido en Arles donde ha logrado llamar poderosamente la atención al cortar cuatro orejas. Pero hay que decir que desde que el torero de Alcalá de Henares volvió a ser dirigido por Enrique Patón, parece haber encontrado el camino de la regularidad. Y en este capítulo de destacados, Daniel Luque y Rubén Pinar, están marcando la diferencia entre los más jóvenes, a los que se unió el viernes Juan Antonio Siro, al cortar cuatro orejas en la tarde de su alternativa en Salamanca.
Por otro lado, los 25 años de la muerte de Paquirri se cumplen el próximo sábado día 26. La efeméride se va a celebrar con diversos actos culturales, entre los que destaca la exposición de fotografías y objetos personales donados por los hijos del diestro desaparecido. La muestra está organizada por la Comunidad de Madrid en la Sala Antoñete, de Las Ventas, y será inaugurada el día 25 a las 12.30 horas. El escritor Carlos Abella, ha sido el comisario de la muestra y está previsto que estén presentes los hijos de Paquirri y Carmen Ordóñez, Francisco y Cayetano.