"Con la inmovilidad puedo ganar dinero y cornadas, que es a lo que van los que se dedican a la lidia. ¿Por qué no he de hacer yo lo que ellos?", se defendía don Tancredo ante los ataques de quienes le acusaban de atentar contra el ´arte de Cúchares´. Cogidas tuvo, y varias, como la que recoge la diapositiva del Archivo Ragel que acompaña este reportaje, o como la grave cornada del 23 de junio de 1901 que sufrió en Madrid cuando no le dio gato por liebre a un astado de Anastasio Martín. Tras ella, el Gobernador civil prohibió este tipo de espectáculos en la capital durante dos años. Motivos tenía el ´hipnotizador´ para jugarse el tipo. Uno de los muchos imitadores que tuvo, un picador llamado ´Aventurero´, cobró 500 pesetas por hacer de don Tancredo en el ruedo de Bilbao en febrero de 1901. Todo un capital para una época en la que un obrero ganaba 4 pesetas al día. Sin embargo, la fama y el dinero, como vinieron se fueron ya que el auténtico don Tancredo murió en la "mayor miseria" el 29 de septiembre de 1923 en el Hospital Provincial de Valencia.