l. o. Málaga
Fue una tardenoche perfecta para los fans de la oscuridad y el terror. La neblina que se había apoderado de Málaga, convirtiéndola en un trasunto de un Londres gótico, llenó de misterio una jornada muy especial, la del 31 de octubre, Halloween. A pesar de las ´advertencias´ de la Iglesia Católica –sus responsables aseguran que esta fiesta es un rito "origen pagano y desplace costumbres cristianas, arraigadas y beneficiosas"– y de que otros consideren que es una invasión más de la cultura estadounidense, lo cierto es que cada vez son más los malagueños que deciden tomar el Centro de la ciudad disfrazados de vampiros, zombis y diablos. La tradición del ´truco o trato´ –niños que van de casa en casa en busca de caramelos– aún no se ha implantado, pero parece que todo se andará.