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HEMEROTECA » |
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JULIÁN GARCÍA CANDAU. VALENCIA Miramax llevará al cine el incidente nuclear de 1966, en Palomares. El guión convertirá aquel suceso, mundialmente famoso, y de cuya catástrofe nos salvamos casi milagrosamente, en una comedia sentimental, la aventura de un militar estadounidense. Palomares fue la película que no pudo dirigir Luis García Berlanga.
Dos aviones el ejército de Estados Unidos, un bombardero B-52, y un KC-135, iniciaron la maniobra de abastecimiento de combustible sobre cielo español y chocaron. El B-52 llevaba cuatro ingenios con carga nuclear. Los cuatro cayeron en la zona. Dos de ellos en tierra y los otros dos, en el mar. Los que fueron a parar a la arena liberaron plutonio radiactivo que contaminó parte de la zona. La recuperación de uno de ellos fue episodio que hizo famoso a uno de los personajes del hecho, Paco Orts, ´Paco el de la Bomba´ quien habría ocupado papel importante en el guión berlanguiano.
El problema, de gravedad política universal, que fue difuminado por la censura española, no podía dar facilidades al cine. Berlanga tardó años en filmar ´La vaquilla´, guión que circuló por todas las universidades españolas como historia tan clandestina como ´La Guerra Civil Española´, de Hugh Thomas, que nos pasábamos sólo entre amigos y gente de confianza. ´La Bomba´ no llegó a pasar de mano en mano a pesar de que gran parte de las escenas iban a tener figuras propias del cine de Berlanga.
´Muchas gracias, Bob Oppenheimer´, titulo del drama romántico americano, probablemente, no tendrá nada que ver con la idea que tenía nuestro paisano. Yo estuve de enviado especial en Palomares durante todo el episodio que las fuerzas estadounidenses titularon ´Operación Flecha Rota´. Al regreso, una noche, en Mayte Commodore, fue Luis quien me preguntó por lo que había visto y me pidió que le diera detalles para su película. Lo primero que se me ocurrió decirle fue: "Lo que te voy a contar, si lo usas, dirán que son cosas de Berlanga".
La zona de Palomares quedó contaminada y los periodistas nos teníamos que someter al examen del contador Geiger con el que especialistas en energía nuclear rastreaban el suelo de la playa y las huertas donde habían caído las bombas. Los americanos montaron un gran campamento para albergar a sus soldados. Quienes entonces fumábamos podíamos adquirir en el su economato las marcas más famosas a precios irrisorios.
El barbero de Palomares, con maderas, hizo tres paredes para crear su cubículo. Colocó un sillón giratorio de asiento de rejilla y allí cortaba el pelo y afeitaba a su gran clientela que pagaba en dólares. En el dintel clavó un letrero, también de madera, que decía: "Joe´s barber shop".
Los oficiales también pasaban por su barbería, pero estos vivían en el único hotelito de Vera, que era, además, cafetería y gasolinera. Los periodistas vivíamos en Casa Paquita donde no había ducha y un chorrito escaso de agua en el lavabo. Una vez por semana nos íbamos al Hotel Costa Sol de Almería, alquilábamos un habitación y uno tras otro nos duchábamos.
A los oficiales les lustraba botas y zapatos el limpiabotas del pueblo cuya historia relataba. "Yo fui novillero, Serranito III. Una cogida me retiró". Vivía acogido en el convento de monjas de la localidad y parte de sus ingresos los donaba para su manutención.
El gran personaje fue Francisco Orts, catalán tarraconense, quien atracaba su barca de pesca en Águilas. Él vio caer las bombas. Estaba pescando y se fijó en el lugar de cada una de ellas. Ni siquiera con dos submarinos de bolsillo, uno de ellos llamado ´Alvin´, lograron encontrar la bomba pedida. Paco insistía en que con su barca podía echar las redes y sacarla. No le hacían ni caso hasta que ante la imposibilidad de rescatarla acudieron a pedirle auxilio. Paco resolvió el mayor problema de la VI Flota.
Uno de los pilotos que cayó en la playa fue llevado con el paracaídas de seda, a la casas del médico, por los primeros habitantes de la localidad que acudieron a auxiliar a los accidentados sin pensar en el peligro que podían correr porque desconocían el poder de las bombas. De haber estallado alguna habría causado la mayor catástrofe de la historia puesto que poseían potencia nuclear setenta y cinco veces mayor que las de Hiroshima y Nagasaky. El piloto no tenía lesiones graves y en la clínica le quitaron el paracaídas que dejaron en un rincón. Allí se produjo la única víctima de Vera. El gato se acurrucó para pasar la noche encima del paracaídas y a la mañana siguiente estaba muerto. No se explicaron las razones del deceso, pero las crónicas con este dato fueron censuradas.
El gran espectáculo lo protagonizó el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, quien junto al embajador de EEUU en Madrid, Angier Bidle Duke, se bañó en la playa de Palomares para mostrar al mundo que no existía contaminación. El baño tuvo dos efectos inmediatos. De una parte, de popularizó el bañador Meyba, y de otra, se perdió el miedo a comer gambas.
Palomares tuvo estrambote grave cuando otro avión de sus fuerzas armadas, volaba hacia Granada cargado con vehículos auxiliares para el ejército acampado en Palomares, y se estrelló en el Mulhacén. Nuevas víctimas, nuevo descrédito para EEUU. De esta información lo mejor que sacamos los informadores fue el rico jamón de Capileira a donde acudimos para contar la segunda desgracia. El alcalde aprovechó para propagar que era mejor que el de Trevelez que está al lado.
Los periodistas hacíamos guardia en la playa esperando ver si sacaban la bomba perdida. Con prismáticos y teleobjetivos tratábamos de adivinar movimientos y las inmersiones de los submarinos de bolsillo. La ´Operación Flecha Rota´ acabó gracias a la colaboración de Paco Orts. El día de Viernes Santo los informadores fuimos invitados a visitar el buque insignia, el ´Albany´, para ver la famosa bomba y fotografiarla.
En la playa de Vera nos embarcaron en lanchas rápidas. Al comenzar la navegación volví la vista hacia Vera. Por el calvario subía la procesión del silencio. Berlanga puro.
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