Juan Carlos Gea. Oviedo
Desde el pasado 19 de octubre, el Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge una ambiciosa muestra en torno a la obra de juventud de uno de los grandes maestros de la pintura española del Siglo de Oro: Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682). Comisariada por expertos de la talla de Alfonso E. Pérez Sánchez y Benito Navarrete Prieto, ´El joven Murillo´ se ha convertido con toda justicia en uno de los grandes acontecimientos de la temporada artística, en su intento por "arrojar luz sobre el período más desconocido y menos valorado del artista".
Es el caso de ´José y la mujer de Putifar´, un monumental lienzo cedido por el Staatliche Museen de Kassel (Alemania) y datado entre 1640 y 1645 que reproduce una escena bíblica muy habitual en la pintura renacentista y barroca: la del esclavo José resistiéndose a la seducción de la mujer de su señor, el capitán egipcio Putifar, desaire por el que acabaría pagando con la cárcel merced a las insidias de su despechada acosadora. Pero sucede que el magnífico lienzo, uno de los emblemas de la exposición, considerado por Navarrete como "todo un ejemplo de la maestría del joven artista al tratar este asunto bíblico" podría no haber salido de la mano de Bartolomé Esteban Murillo. De ello está "totalmente convencido" Matías Díaz Padrón. El experto ojo del historiador del arte y conservador del Museo del Prado se sintió "automáticamente extrañado e incómodo" ante la exhibición, en diversos medios durante las pasadas semanas, de una obra que ya había tenido la ocasión de admirar en Kassel.
Y esa extrañeza pasó, casi con el mismo automatismo, a convertirse en una investigación al cabo de la cual Díaz Padrón considera que "hay que hacer, con toda modestia, una llamada de atención para examinar de nuevo la autoría de la obra". Él tiene muy claro su propio candidato. Pero mejor seguir con el propio especialista los pasos de la pesquisa, que desmiente lo sostenido en el catálogo de Kassel y en el de esta exposición que, por otra parte, considera respaldada por la labor "de un equipo de un nivel indiscutible y de un catálogo francamente bueno".
Detalles. Tan "indiscutiblemente bueno" como le pareció, de entrada, a Díaz Padrón un lienzo en el que "al instante" le sorprendieron varios rasgos discrepantes con la atribución a Murillo. Así, "la minuciosidad del detalle en las alfombras, en los muebles o los accesorios". O la pincelada, "más jugosa que la de Murillo, demasiado precisa, exquisita y fina" para el maestro sevillano.
Díaz Padrón acudió al catálogo del Staatliche de Kassel, en busca de otros pareceres. "Es verdad que, incluso recogiendo el dictamen del especialista Diego Angulo, que también atribuye esta obra a un pintor italiano, se lo siguen atribuyendo tercamente a Murillo, pero también son lo bastante honrados como para incluir otras opiniones en contra de esa atribución", comenta Díaz Padrón. Entre ellas, las de Lafuente Ferrari, Mina Gregory y otros "estudiosos de nivel". Poco importa que se aduzca la firma, un "Murillo fecit" ("Murillo lo hizo") que, para el historiador, "no demuestra nada".
Matías Díaz Padrón dice haber tenido "la osadía de ir algo más allá" y proponer una autoría: Orazio Gentileschi (Pisa, 1653-Londres, 1639). La obra del pintor manierista y padre de la también gran pintora Artemisia Gentileschi está salpicada de argumentos que probarían la autoría de este imponente ´José´. El investigador enumera, por ejemplo, "el tratamiento de los paños, más angulosos y precisos". O la similitud entre los ojos y la mirada de una Magdalena y los de la esposa de Putifar, que "si se sitúan en la misma dirección muestran un mismo perfil, un mismo diseño y una misma mirada, dentro de su delicadeza, aterradora". Incluso el semblante de José ofrecería, para Díaz Padrón, "un notable parecido" con el del propio Gentileschi "en su fisionomía, su nariz y el corte de rostro".