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Álvaro Calleja. Granada Hijo y hermano de forenses, sus investigaciones genéticas le han conducido hasta adentrarse en la Historia de España. Por su laboratorio en la Universidad de Granada han pasado los restos de Cristobal Colón que se conservan en Sevilla. En el trabajo de estos profesionales depositan sus esperanzas miles de personas que se agarran al ADN, como argumento irrefutable para encontrar a seres queridos desaparecidos, ya estén vivos o muertos. Ahora afronta el reto de dirigir los trabajos de identificación genética de los restos que se puedan hallar en la fosa de Alfacar, donde supuestamente yace el poeta Federico García Lorca.
–Con frecuencia se confía en la magia del ADN para resolver desapariciones. ¿Es demasiada responsabilidad para un forense?
–Es cierto que muchas veces se confía en demasía no sólo en el ADN sino en cualquier otro tipo de técnica moderna que suene a ciencia. No es una responsabilidad para el que hace las pruebas de este tipo. Uno tiene que saber que tiene el mejor equipamiento, las mejores personas a su lado y que está tratando de hacer lo mejor posible su trabajo. El que luego funcione o no, no es un problema de una persona.
–Usted participó en la primera identificación de un fusilado de la Guerra Civil mediante ADN. En el caso de Alfacar, ¿ qué posibilidades de éxito hay en los análisis de identificación?
–Las posibilidades de éxito dependerán del estado de los restos óseos. Si se encuentran en buenas condiciones y permiten un estudio antropológico completo y luego se puede llevar a cabo un análisis genético, las posibilidades de éxito serían grandes. Si no hubiera posibilidad de éxito, sería mejor estarse quieto. Pero si los huesos están en malas condiciones, muy poca información se podrá sacar y eso está sometido a tantas variables que, a priori, no se puede saber.
–Pero dadas las características del terreno de Alfacar, ¿tienen ustedes una idea del estado de conservación en el que pueden encontrarse los restos?
–En unos huesos que llevan más de setenta años enterrados, por lo general, la conservación no es perfecta. No van a ser los mejores huesos del mundo pero tampoco se puede especular sobre el estado en el que puedan estar hasta que no se encuentren. Por comparación, otros huesos de la misma antigüedad se han podido estudiar y en otros caso no. Cada caso es único.
–Lo que ocurre es que muchos familiares de desaparecidos tienen depositadas la confianza en que el ADN resuelva esas desapariciones. ¿Se crean expectativas falsas?
–No se debe hacer creer que todo hueso que se saque de la Guerra Civil va a poder ser identificado. Hay que estudiar cada uno de los casos y ver qué familiares hay dispuestos a ceder el ADN. No todos los familiares son útiles. En el caso de la Guerra Civil hay un porcentaje de personas muy grande, más del 50 por ciento en general, que será imposible. Hay que centrarse en aquellas situaciones o casos donde hay un número muy determinado de personas, donde se sabe quiénes pueden ser y que hay familiares que quieren colaborar. En exhumaciones masivas, el ADN difícilmente funciona.
–¿Pierde algo la familia del poeta Federico García Lorca si no se somete a las pruebas del ADN?
–No es un tema científico y no tengo ninguna opinión al respecto. Lo que sí pienso es que haga lo que haga la familia Lorca estará bien hecho. Personalmente respeto a las personas que quieren que se exhumen a sus familiares, como a los que creen lo contrario porque piensan que ese es el lugar de enterramiento porque allí lo mataron.
–En el hipotético caso de que se hallen restos óseos y la familia del poeta acceda a someterse a las pruebas de ADN, ¿el perfil genético de los sobrinos ofrece fiabilidad en los resultados?
–Depende no sólo de la relación genética sino del estado de conservación de los supuestos huesos. Prefiero no opinar porque es especular. A priori sí se puede hacer una identificación adecuada a partir del ADN pero habrá que conocer el estado de los huesos.
–¿Cuánto tiempo pueden prolongarse los trabajos genéticos?
–Los trabajos de investigación son lentos tanto desde el punto de vista antropológico como genético. Cada prueba de ADN de un hueso dura tres o cuatro semanas. Por tanto, estamos hablando de un mínimo de tres o cuatro meses con seguridad absoluta. En ciencia un primer resultado no tiene validez, tienes que volver a repetir la prueba para que haya una consistencia en los resultados. Nosotros vamos a poner todos los medios necesarios de manera permanente para que sistemáticamente se esté trabajando en ello.
–¿Si no aparecieran los restos sería un fracaso o un fracaso hubiese sido no intentarlo?
–Desde el punto de vista humano no creo que sea un fracaso porque si hay unos familiares que reclaman unos restos en un lugar concreto y quieren recuperarlo y hay una legislación en España que permite hacerlo, el intento es digno y loable. Si por un fallo de documentación histórica, manipulación posterior de la tumba o cualquier problema técnico no se encuentran, no creo que admita crítica. Se ha hecho todo lo posible para satisfacer el deseo de los familiares, cosa diferente es que nadie hubiera reclamado los huesos y alguien estuviera allí montando un circo. Se está atendiendo una solicitud y en mi opinión ennoblece a quien lo hace.
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