blas gil. Ronda
Sin lugar a dudas, el afán de superación del ser humano no tiene límites y una prueba de ello la encontramos en el rondeño Remigio Garrido, un alcohólico rehabilitado que, según él mismo reconoce, ha pasado de estar "en lo más hondo del pozo a lo más alto de la montaña".
Estas palabras las pronunció Remigio tras recibir el galardón de ´Ciudadano del año´ que concede la Federación de Asociaciones de Vecinos Arunda, que con este distintivo pretende reconocer a la persona del municipio que se ha destacado a lo largo de su vida por su empeño y esfuerzo por ayudar y colaborar con los demás.
Este rondeño inició su vida laboral a temprana edad: a los quince años ya estaba trabajando en una fábrica de producción y distribución de aceites del municipio. Más tarde se incorporó como camionero en la empresa que tenía su padre, para, posteriormente, dedicarse al reparto de bebidas por los bares de la ciudad. "Y ahí fue donde empezó mi pesadilla, ya que algunas veces vendía una botella en un establecimiento y me bebía tres", relata Garrudi con cierto pesar y dolor en sus palabras.
Entró tan de lleno en el mundo del alcohol que lo perdió todo: su trabajo, su familia, sus amigos y "hasta la dignidad", comenta. Y es que las copas le arrastraron hacia un abismo que se hizo insoportable para su esposa, de la que se separó. "Fueron momentos muy difíciles, en los que mi vida únicamente se centraba en una botella y no tenía ninguna ilusión ni esperanza más". Consciente de que así no podía seguir, fue uno de los primeros rondeños con problemas con la bebida que decidió irse a la capital de la provincia para participar en un programa de desintoxicación de la asociación malagueña Ayuda para la Recuperación de Enfermos Alcohólicos (AREA), en el que participó durante cuatro meses.
Una vez recuperado, Remigio regresó a Ronda y, ante los problemas que tenía a la hora de compaginar su trabajo con la asistencia a las sesiones en Málaga, decidió fundar una asociación de estas características en la ciudad del Tajo: Asociación de Alcohólicos Liberados Rondeños (ALIR), a través de la cual empezó a ayudar a cientos de personas que se encontraban su misma situación. Y es que, según asegura, "esta enfermedad no se cura con medicina; se quita hablando".
Fueron momentos duros, "la abstinencia es muy agotadora y difícil de combatir", pero poco a poco Remigio Garrido fue saliendo de ese callejón oscuro y ahora relata con nostalgia cómo, cuando regresó en tren de Málaga se encontró en la estación con David Verdú, el propietario de una pastelería –recientemente fallecido– que le dijo "mientras no tomes una gota de alcohol tienes trabajo en mi casa". Desde ese día han pasado ya 22 años y ahora se ha jubilado en esta empresa. Pero, sin lugar a dudas, una de las alegrías que le ha dado la vida ha sido la se poder recuperar a su esposa, con la que se volvió a casar, y a sus tres hijos. "Es lo mejor que me ha pasado", asevera.
Remigio actualmente también colabora con la segunda asociación de alcohólicos anónimos que ha surgido en Ronda, ALFARO, y dedica su tiempo libre a desarrollar diferentes funciones en las cofradías de la ciudad: es capataz del paso de María Auxiliadora, ha sido durante 35 años horquillero del trono de la patrona, la Virgen de la Paz, y vocal de la Virgen de la Cabeza. Por ello, todos estos colectivos y personas rompieron en aplausos cuando este rondeño fue nombrado ´Ciudadano del año´.