Víctor A. Gómez
La hija del gigante David Lynch no es buena. Su padre debería habérselo dicho cuando perpetró ´Boxing Helena´ (thriller erótico-psicotrónico al que no había por dónde coger), pero, muy al contrario, la ha animado –y financiado– un segundo largometraje, ´Surveillance´, no tan desastroso ni de lejos pero sin salir de niveles de inoperancia y escasa capacidad sugestiva.
De qué va: un par de agentes del FBI (Bill Pullman y Julia Ormond: dos actores que comenzaron con promesa y ahora están dedicados casi por entero al derribo) llegan a la comisaría de un pequeño pueblo para investigar una auténtica carnicería humana. Tienen varios testigos y sus declaraciones serán vitales para esclarecer el asunto. El caso es que he mentido bastante en la sinopsis, porque esto, sí, una vez más, va de "al final te vas a quedar carapalo". Pero no es el caso. Del supuesto giro argumental se da cuenta uno en el minuto diez más o menos, y hasta su desenlace el discurrir de la película es como ver el desarrollo del truco de un mago torpe. Y lo peor, con pretensiones: Chambers Lynch se asoma a las narrativas kurosawianas, la fotografía con ´intenciones´ de grandes pasajes desérticos y personajes supuestamente rarillos, con fondo turbio. Lástima que en el ADN de la directora no haya ni una pizca sola de la capacidad ´malrollera´ de su progenitor, éste, sí, un fabuloso prestidigitador que conduce casi siempre por carreteras donde todo puede pasar.