VÍCTOR A. GÓMEZ
Lesbians Vampire Killers´ (o sea, ´Vampiras lesbianas asesinas´). Dicho así suena o a película protagonizada por Jenna Jameson (ojo, que ya hizo la ´mainstream´ ´Zombie Strippers´) o al ´remake´ de algún oscuro título libidinoso del Jess Franco setentero. Pues, tachán, ni una cosa ni la otra. De hecho, la película de Phil Clayton es una de las comedias más inocentes y pueriles de la última hornada de cine británico que busca darle una vuelta de tuerca, la de la carcajada, a las constantes de géneros como el terror y la acción.
A las claras, ´Lesbians Vampire Killers´ no le llega a los tobillos a cualquier cosa filmada por el tándem Edgar Wright-Simon Pegg (responsables de las formidables ´Shaun of the dead´ y ´Hot Fuzz´) pero tampoco es tan grotesca y aburridilla como la reciente ´Doghouse´. En sus escasos 84 minutos (que no se hacen precisamente cortos, vamos), asistimos a una especie de relectura ´british´ –sin flema: humor yanqui total– de ´Abbott y Costello contra los fantasmas´, pasada por la turmix de la narración de querencias comiqueras y un potaje de referencias icónicas digno de diván.
Pero si negable es el talento con el que se ha preparado este mejunje, lo que sí es indudable es que el conjunto desprende una cierta chispa, una diversión contagiosa y un no sé qué que entretiene y alimenta por un ratito. Eso sí, absténganse de verla a solas –los chistes no son tan buenos como para arrancar la risa del solitario–: la película funciona mucho mejor en plan reunión palomitera de amiguetes predispuestos al cachondeo.