VÍCTOR A. GÓMEZ. MÁLAGA
Nació en 1961, en el seno del siempre innovador y por ello todopoderoso Instituto de Tecnología de Massachussetts, y fue crucial para la creación, implantación y desarrollo de la gran revolución del siglo XX, internet. Menos de cincuenta años después del primer email, los buzones virtuales corren el mismo camino residual de las postales y los sellos, recuerdos de un tiempo nostalgizado. Los expertos en tecnología ya le han dado el plazo de vida que le queda al correo electrónico: más o menos una década.
¿La razón de la extinción del email? La de siempre en este tipo de asuntos: la obsolescencia y la rapidez. Hace unos años, no tantos como pudiera parecer, una persona miraría día sí día también su buzón de correo ´real´ para comprobar si le había llegado una deseada misiva; ahora, nos quejamos de la conexión a internet y del servidor cuando un prometido email no arriba inmediatamente a nuestro destino. El cronómetro que rige nuestras tareas y actividades, y finalmente también nuestro reloj vital, es cada vez más preciso y exigente. La clave: demandamos instantaneidad en las comunicaciones.
Asimismo, hace unos años, revisábamos nuestros correos electrónicos unas pocas veces al día, ya que limitábamos nuestro tiempo en internet; ahora, nuestra presencia en la esfera virtual es constante, continua, interminable.
En realidad, quizás la muerte del correo electrónico ya se haya producido. "El email es para temas puntuales desde hace bastante tiempo, para asuntos en los que se quiere garantizar la llegada al destinatario", asegura un internauta en un foro tecnológico. Como el que sólo escribe a mano una carta a su amada o amado, lo que le da un plus a un proceso, o cierra primorosamente el sobre en que se incluye el currículum vitae para dejar buena impresión y lograr un puesto de trabajo.
El futuro. Entonces, ¿cuál será el futuro de las comunicaciones? Siempre al hablar del futuro hay que hacerlo en presente. Hablemos, por tanto, de las redes sociales, de Facebook, de Twitter, de Tuenti –aunque muchas de ellas hayan tocado techo de usuarios este verano y puedan comenzar una cuesta abajo que lleve el negocio a otras formas y ´aplicaciones´ similares–. Una reciente encuesta entre adolescentes estadounidenses reveló que sólo el 52% utiliza el correo electrónico para comunicarse con los amigos. De hecho, la gran mayoría de ellos sólo se abrió su cuenta de email para poder acceder a la red social o realizar compras a través de internet.
¿Ventajas en el uso de la red social como buzón y sello? Menos spam, filtros más seguros –a veces demasiado: las políticas de privacidad de Twitter y Facebook suelen ser excesivamente exhaustivas o molestas–, más posibilidades a la hora de adjuntar archivos y, de nuevo, la instantaneidad.
Hay más bifurcaciones en este sendero. Por ejemplo, Google Wave –una herramienta en línea que permite a sus usuarios comunicarse y colaborar en tiempo real y que a los pocos meses de su implantación ya cuenta con millones de adeptos–, y, por supuesto, los teléfonos móviles: muchos vaticinan que serán la unidad que concentrará todas nuestras comunicaciones en un futuro no muy lejano, con la ventaja de que no nos atan a una butaca y un monitor.