VÍCTOR A. GÓMEZ
En el cine de terror, normalmente los zombis son personas corrientes –curioso: casi nunca las películas están protagonizadas por personas convencionales–, gente de a pie, sin más oficio ni beneficio que el de cualquiera de nosotros pero que, ups, en un determinado momento se levantaron de sus tumbas y ahora sólo piensan en charcutadas. Pero, ¿qué pasaría si los resucitados fueran gente, digamos, con peso, con nombre y apellidos, con una ocupación definitoria? ¿Y si fueran nazis, ya más antitodo que antisemitas? Pasen y vean ´Dead Snow´, de Tommy Wirkola, una cinta más que disfrutable que, para muchos, supone uno de los mejores títulos de ´no muertos´ de los últimos diez años.
Logra aquí el director noruego un equilibrio notable, similar a la proeza alcanzada por el primer Sam Raimi, el de la entrega inaugural de ´Evil Dead´ –posteriormente más despiporrada–. Y es que ´Dead Snow´, sin dejar de ser una cinta de terror, con notabilísima querencia po el gore –ojo a unos efectos ´curraos, curraos´, como diría el niño del anuncio del Cola Cao–, se beneficia de multitud de guiños simpáticos que establecen una productiva complicidad con el espectador, especialmente con aquel que tiene sus deberes hechos y sabe que la vida del realizador Peter Jackson no empezó en Minas Tirith precisamente.
Es por eso que la cinta del escandinavo es muy difícil de definir, de encasillar: tiene tanta acción como momentos pausados, chistes más o menos sutiles como escenas de cierta gravedad; es un cóctel de todo eso y bastante más que, por una vez, pide a gritos una secuela. Porque una de las escenas finales de ´Dead Snow´, la de la lucha a campo blanco abierto entre un interminable grupo de zombis nazis y los campistas supervivientes es un auténtico prodigio y hace que pidamos más. Cine fantástico divertido hecho para amantes del cine fantástico con respeto por el género de géneros. Y en estos tiempos que ocurren eso resulta bastante meritorio.