r J. Zotano / F. Extremera. Málaga.
La historia de la aclamada Movida Madrileña arrancó el 9 de febrero de 1980, hace ahora 30 años. La culpa la tuvo la inesperada difusión que tuvo un concierto en la madrileña Escuela de Ingenieros Caminos. Nacha Pop, Los Secretos, Alaska y los Pegamoides, Mamá, Mermelada y Paraíso fueron algunos de los grupos que se subieron al escenario para homenajear a José Enrique Cano, ´Canito´, el batería del grupo Tos (que después se llamarían Los Secretos), fallecido apenas un mes antes.
Pese a que Madrid se convirtió en el epicentro cultural de la nueva generación de jóvenes, en todas partes de España se palpaba la inquietud de los adolescentes hambrientos de novedades, inquietos, descarados y altamente creativos. La Nueva Ola que recorrió toda la geografía española, más allá de Madrid y su Movida, tuvo en Málaga uno de sus más destacados puntos de referencia. Así lo relatan José Luis Cabrera y Lutz Petry en el libro ´Málaga y la Nueva Ola: música y vida nocturna 1979-1985´, un detallado recorrido por los protagonistas de aquellos maravillosos años. "Nos gustaba la música por encima de todas las cosas. La estética era algo secundario. Queríamos romper con lo establecido y no nos conformábamos con el cambio político: queríamos cambiar las propuestas culturales", destaca Ricardo Texidó, uno de los ´cabecillas´ de este movimiento. "La Nueva Ola de Málaga se la inventaron Texidó y Conde", señala Javier Ojeda. De aquella unión nació Sociedad Anónima, grupo de new wave que marcó el pistoletazo de salida a toda aquella ´revolución´ cultural juvenil.
Más cercanos a las tendencias internacionales que a los destellos de genialidad que exportaba la capital del país, los grupos protagonistas de la Movida Malagueña comenzaron a tomar la calle. Sociedad Anónima mutó hacia Cámara y ésta a Danza Invisible. "Una de las cosas más bonitas es que todos éramos conscientes de pertenecer a un tipo de modernidad", explica Ojeda, que confiesa que lo que hubo en Málaga "jamás fue un reflejo de lo que estaba ocurriendo en Madrid". "Mientras que allí había mucha afición por los Ramones, aquí escuchábamos grupos de glam rock. Roxy Music y Bowie eran venerados en Málaga".
El ir y venir de extranjeros, sobre todo en Torremolinos, hizo de la Costa del Sol un lugar donde la modernidad sonora llegaba de forma directa e inmediata, sin pasar antes por las programaciones de las grandes emisoras de radio. "El sonido de la época estaba anclado en el rock duro y en el flamenco rock. Nosotros teníamos una visión más europea y moderna", recuerda Texidó. De este modo, la escena local se vio surtida por formaciones como El Correo del Zar, Réquiem, Chirli, Factoría Ribbentrop y Generación Mishima, banda que contaba con Alfredo Taján, actual director del Instituto Municipal del Libro, como líder indiscutible.
"Al principio era un grupo reducido de gente. Era un movimiento muy minoritario. Y no importaba saber tocar un instrumento. De hecho se trataba de romper con los virtuosos del rock y sus maravillosos solos de guitarra", concreta José Luis Cabrera. El autor del libro destaca la frivolidad de los protagonistas de Nueva Ola, cuya máxima era la diversión pura y dura. "Por un lado había que romper con esa España gris de la que veníamos, pero sin politizar. Era un movimiento frívolo: vamos a disfrutar de la música y la moda, pero sin entrar en discursos ´progres´. Lo ´progre´ estaba mal visto", asegura. "Y la droga era un factor muy importante. Aunque nadie nos había enseñado nada. Fuimos una generación espontánea", confiesa Ojeda.
El apoyo mediático también fue fundamental. Programas radiofónicos como ´La inmensa minoría´, de Eduardo Palma, ´La hora del té´, de Lole Almagro, y ´La contrasiesta popular´ y ´1000 watios por hora´, de Juan Gámez, periodistas que ´pinchaban´ sin reparos a los grupos locales, sirvieron de impulso para los nuevos creadores y para el cada vez más atento público. "Muchos programas hacían auténticos maratones de maquetas, donde los grupos tenían la oportunidad de hacerse escuchar", recuerda Ojeda.
Post movida. Ya a mediados de los ochenta, la efervescencia en tierras malagueñas se parecía y mucho a la que se vivía en Madrid. Pero la Movida en nuestra provincia "fue muy underground". "Aquí pasó como siempre, lo que ocurre en las provincias, que se quedan muchos movimientos al margen", relata el músico Pepe Trueno, que recuerda que en Málaga se reunían hasta 60 bandas sólo de la capital en el festival anual del recinto Eduardo Ocón, aunque en el fondo, el público, el potencial motor, era muy reducido. "Éramos el puñado de siempre, los que nos veíamos en los bares. Cualquier grupo tenía mejores condiciones técnicas fuera de nuestro ámbito, pero sí que es cierto que en la calle estaban representadas todas las tribus, habían mods, punkis, rockers,...".
La escena ´underground´ creció hasta permitir que los ayuntamientos se implicaran con algunos visionarios para empezar a traer bandas en verano. "Por aquí pasó todo el mundo, desde Derribos Arias hasta Siniestro Total. Lo único es que igual tenías que irte a Coín, al Puerto de la Torre, y luego no aparecía ni una reseña en prensa, mientras que en Madrid todo estaba muy amplificado", destaca Trueno.