Salud

Adicción al sexo, una enfermedad del siglo XXI

La hipersexualidad se perfila como una de las patologías en alza.

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Michael Douglas se casó con Diandra Luker el 20 de marzo de 1977. Tuvieron un hijo, Cameron Douglas –juzgado recientemente por otro tipo de adicciones–. El matrimonio se disolvió en el 2000, después de 23 años de unión. Entre las razones aducidas por Diandra estaba el que Douglas no actuaba como un padre apropiado y, sobre todo, que era un adicto al sexo; al parecer, la lista de infidelidades era infinita. Antes de eso, el nombre de Michael Douglas siempre había estado relacionado con el mundo de las drogas y el alcohol. Pero, a finales de los años 90, coincidiendo con su participación en el thriller de alto voltaje erótico ´Instinto básico´, se extendió el rumor de que era adicto al sexo. Para algunos, no fue más que un invento de la todopoderosa industria del cine para maquillar su más que inadecuada conducta marital. Para otros, un valiente intento de dar visibilidad a estos enfermos. Lo cierto es que Douglas llegó a ingresar en una clínica –la Sierra Tucson, en Arizona– y acudió a terapia pero, según él, para superar su alcoholismo. Recientemente el hijo del gran Kirk admitió que su verdadera cura fue casarse con Catherine Zeta Jones.
Michael Douglas se casó con Diandra Luker el 20 de marzo de 1977. Tuvieron un hijo, Cameron Douglas –juzgado recientemente por otro tipo de adicciones–. El matrimonio se disolvió en el 2000, después de 23 años de unión. Entre las razones aducidas por Diandra estaba el que Douglas no actuaba como un padre apropiado y, sobre todo, que era un adicto al sexo; al parecer, la lista de infidelidades era infinita. Antes de eso, el nombre de Michael Douglas siempre había estado relacionado con el mundo de las drogas y el alcohol. Pero, a finales de los años 90, coincidiendo con su participación en el thriller de alto voltaje erótico ´Instinto básico´, se extendió el rumor de que era adicto al sexo. Para algunos, no fue más que un invento de la todopoderosa industria del cine para maquillar su más que inadecuada conducta marital. Para otros, un valiente intento de dar visibilidad a estos enfermos. Lo cierto es que Douglas llegó a ingresar en una clínica –la Sierra Tucson, en Arizona– y acudió a terapia pero, según él, para superar su alcoholismo. Recientemente el hijo del gran Kirk admitió que su verdadera cura fue casarse con Catherine Zeta Jones.  

Por Pepa López. Málaga Enfermos de amor o esclavos del sexo, son algunos de los calificativos más o menos eufemísticos con los que se denomina a las personas que sufren una grave adicción al sexo, una enfermedad relativamente nueva, apenas estudiada, para la cual hay más gurús que profesionales expertos y más falsos milagros que fármacos eficaces.
En Málaga hay varias clínicas privadas que tratan a este tipo de pacientes, su único recurso ya que la sanidad pública aún no ha estimado la adicción al sexo como una enfermedad real y, por lo tanto, no dispone de ningún área específica para abordarla. Así, según el doctor Rafael Campos, jefe médico del centro Alborán Adicciones, tanto en Málaga como en Andalucía las carencias son flagrantes: "La realidad de los dispositivos de tratamiento dista bastante en la actualidad de ser adecuada para dar una respuesta efectiva a este tipo de trastorno por la saturación y la falta de preparación específica del personal. Además, la sociedad e incluso muchos profesionales de la medicina dudan de la existencia de este trastorno como enfermedad y piensan en ello como una excusa para casos de infidelidades o conductas promiscuas". De hecho, ni siquiera se saben a ciencia cierta las causas de la hipersexualidad, como denominan los médicos a este problema, aunque suelen estar vinculadas a problemas con la pareja, trastornos de personalidad o carencias afectivas desde la infancia.
Obesesión. Practicar sexo. No importa cómo ni con quién. Ése es el objetivo de los hipersexuales, quienes, una vez terminado el acto, vuelven a pensar en hacerlo de nuevo. Esther del Moral es psicóloga jefe del Gabinete Psicomalaga y lleva varios años tratando a personas que viven obsesionadas con cualquier práctica sexual: "Se trata de un trastorno de origen psicológico. El adicto tiene una necesidad ansiosa de contacto, pero una vez logrado su objetivo no consigue sentirse satisfecho, pues inmediatamente después del encuentro vuelve a nacer en él ese vacío que le lleva de nuevo a intentar saciar su inagotable sed". Este gabinete malagueño ha asistido en los últimos años a un notable aumento del número de este tipo de pacientes, aunque aún son pocos los que acuden en busca del asesoramiento de un profesional. Y es que, según el doctor Campos, se trata de una adicción difícil de reconocer y que siempre se intenta enmascarar: "Es un problema que afecta a una esfera tan íntima de la persona que tiende a ocultarse durante mucho tiempo y, por lo tanto, resulta más difícil de percibir por las personas de su entorno inmediato".
Internet. Como enfermedad del siglo XXI que es, la adicción al sexo tiene en las nuevas tecnologías a su gran ´camello´ –aparte de, claro, los consabidos consumos de alcohol y cocaína–. La Red es una de las grandes aliadas para el desarrollo de esta patología, es lo que los profesionales llaman "el opio del sexo". Tan fácil como escribir en cualquier buscador la ´ecuación´ "soy adicto/a al sexo" y aparecen miles de foros en los que encontrarse con otras personas que padecen este trastorno. Hablar sobre la patología, intercambiar experiencias pero, sobre todo, encontrar a alguien para mantener relaciones sexuales son algunas de las muchas opciones que ofrecen estas formas de interacción social que se han ganado un lugar privilegiado en el universo online.
"Hola soy Susana, colombiana, 34 años, trabajo de secretaria… Admito que soy una mujer adicta al sexo…", afirma una internauta en un foro de Terra.com; le contesta un militar, bajo el seudónimo de Cemilio 38, ofreciéndole su dirección de email y su móvil. O este otro ´post´,"Adicto al sexo busca amistad. Sevilla", en el que un hombre de 32 años casado admite ser sexoadicto y ofrece su correo electrónico para "jugar juntos" en la sección de encuentros de Habitamos.com.
Existen varios tipos de adicciones sexuales más allá de las relaciones coitales: dependientes de la masturbación, de las prostitutas, de las películas porno, del cibersexo... De hecho, esta última, la categoría informática, es, según los médicos, una de las más comunes entre sus pacientes –sexo rápido, sin problemas y, sobre todo, anónimo–. "Los casos que más hemos tratado han sido de adictos al porno y/o cámaras web, seguidos de a la masturbación y al sexo cibernético", explica Esther del Moral, quien, eso sí, señala que los casos más graves son los de aquellos que se adentran en la hipersexualidad siendo aún muy jóvenes, casi adolescentes.
Según las encuestas más fiables sobre esta enfermedad del siglo XXI, los pacientes son en su mayoría, un 90%, hombres, y son las mujeres las que les animan a tratarse: dicen los expertos que los varones acuden a las terapias acompañados por sus parejas o, quién sabe, ´empujados´ por ellas.

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