Susana golf
¿Todos estamos dentro?
Todos vemos televisión, hablamos de ella, nos influye y para conseguir votos o clientes, vender una novela o canciones la precisamos.
¿Tenemos la tele que nos merecemos?
Yo creo que no. Pero también le echamos la culpa de todo. Queremos que con la televisión nuestros niños aprendan... y está para entretener y ahora de manera accesoria informar. Lo que debemos procurar no es una televisión educativa, sino una sociedad más educada y sensible.
Porque, con tantas opciones para elegir, ¿el que ve ´telebasura´ es porque quiere?
Claro. De vez en cuando La 2 pone óperas. No llega al 1% de audiencia. Pero efectivamente hay muchas posibilidades. También se ha creado una cultura del zapping.
¡Cuánto han cambiado aquellas 625 líneas!
Mucho. Están cambiando a través de internet. Yo creo que internet va a ser la segunda parte de la televisión. Lo importante no es presentar un programa de mucha audiencia sino uno que se anuncie mucho. Ahora lo importante es que una secuencia se repita por internet. Las descargas van a ser las que den el marchamo de popularidad. A lo mejor un millón de personas se ha descargado ese momento.
Y para lograr eso las cosas que siguen funcionando, a pesar de todo, son las de siempre: fútbol, sexo, morbo, escándalo.
Eros y Tánatos. Se puede plantear de manera bella. La Traviata o El lago de los Cisnes. Pero también de forma que un asaltacamas empieza a discutir con una señorita de moral distraída que se ha dejado asaltar la cama.
La telerrealidad y su fábrica de fama exprés.
Frikis de usar y tirar. Esa hipérbole que hace uno de los personajes de que cualquier día habrá un concurso a ver quién mea más largo. Tengo fe en la profilaxis de la sobredosis. Habrá un movimiento de rechazo. El espectáculo de ver a una madre que acaba de ver cómo su hija está bajo el cobertor copulando y luego comenta la jugada me parece tan insólito...
Porque se valora al personaje por encima de la persona.
Porque lo importante ahora es estar en televisión. Dicen «yo es que quiero ser conocido». Hombre, Adolfo Hitler es muy conocido. Y Jack el destripador, y Josu Ternera.
Es que se ha convertido en un modo de vida.
Se sale en televisión porque se sale en televisión.
Es inevitable encontrar parecidos entre los personajes de la novela y los televisivos.
Es mi undécima novela, no es autobiográfica. Es indudable que un presentador se parece a otro. Pero intencionadamente no es.
Es un libro sobre la televisión pero habla de amor, sexo, envidia, ambición... lo podría trasladar a cualquier otro escenario.
Es la vida.
Al final, parece que en el fondo la ama.
Sí, siento especial ternura. Sobre todo por los personajes como Ortega, que intenta que la televisión sea menos perversa de lo que es. El arquetipo de aquellos redactores jefes que sabían que aquello era un negocio pero que también era periodismo.