Alejandra guillén
¿Cuándo comenzó a preparar el libro?
Lo empecé cuando tenía 37 años y escribí durante un cierto tiempo un tercio del libro. Luego lo abandoné, porque tenía que cuidar a mis hijos, más el trabajo, más mis padres que se vinieron a vivir a Madrid después del secuestro, y con todo ello me faltó la concentración. Cuando me jubilé lo reanudé y lo acabé en unos meses.
Hijos del árbol milenario abarca cuatro décadas de la historia de España más reciente.
La novela trata muchas cuestiones. Está centrada en la interrelación de dos familias durante tres generaciones. Son muchos temas que discurren desde el 18 de julio de 1936 hasta la proclamación de la Constitución.
¿Es su primera novela?
Publicada sí. En el cajón hay algunas, pero ésta ha sido la primera. Estoy muy contenta por haber terminado una obra tan larga y compleja, que ha exigido tanto esfuerzo y trabajo porque relata un periodo histórico en el País Vasco.
¿Qué ha querido reflejar?
Como novelista he querido crear en un mundo imaginario lo que fue ese País Vasco. He pretendido reflejar cómo la gran historia repercute en la vida de las personas, la relación entre historia e intrahistoria...
Usted ha formado parte de ese exilio vasco: se tuvo que marchar a Madrid y su padre fue secuestrado por ETA en 1982. ¿Cómo ha vivido esa cerrazón que provoca el terrorismo?
Yo fui a Madrid para estudiar no por culpa de ETA. En cambio, mis padres sí se marcharon como consecuencia del secuestro. Eso sí, la violencia que ejerce ETA sigue una realidad permanente y palpable en el País Vasco que ojalá acabe pronto. Yo me expreso con absoluta libertad, pero no vivo allí de todas formas.
En su obra retrata los inicios de la banda terrorista. ¿Cómo ve la situación actual del terrorismo en el País Vasco?
Creo que se está iniciando su final. De hecho, no tiene ideología hace mucho tiempo y la acción policial está dando con fuerza, pero considero que lo más importante para que se produzca su desaparición es que la propia sociedad vasca que la había visto en su origen, aún sin aceptarlo pero como una posible manera para luchar contra el fascismo, se termine convenciendo de que no se puede conseguir nada por este camino y de que no se puede hacer vida política así. Cuando desaparecen las bases sociales de un fenómeno, éste tiende a extinguirse. No sabemos cuánto puede durar esto históricamente, pero de que está en su declive no hay duda.
¿Entonces piensa que la sociedad vasca quiere vivir en paz?
Yo creo que desea mucho la paz. Quitando esos ámbitos pequeños de abertzales extremos de pensamiento totalitario, el resto de la sociedad sí desea la paz. Son opiniones personales, yo no soy una política, pero lo veo así. Creo que los grandes cambios sociales se deben a amplios movimientos, no a la voluntad de unos pocos. No se puede construir una sociedad sólo con voluntad y armas.
¿Cree que la crisis puede desestabilizar la democracia?
De momento no lo creo, todo dependerá de la profundidad de la crisis. Creo que las instituciones democráticas están sólidamente afianzadas y preparadas para hacer frente a la crisis.
¿Cómo ve el proceso que se está desarrollando para la recuperación de la memoria histórica?
Es cierto que en la Transición no se pudo juzgar al franquismo y que lo fundamental ahora es rescatar los cuerpos de todas esas personas que yacen en cunetas para que todos puedan ser enterrados, pero por alguna razón realmente no se está haciendo demasiado bien.