Carmen Villar
En su cine suele retratar a la mujer en el papel de la supervivencia diaria. ¿Por qué?
Todas mis películas corresponden a un punto de vista, el mío, muy claro, construido desde mi infancia. Vengo de una familia obrera, en mi casa todo el mundo ha trabajado siempre, no he vivido situaciones de privilegio, por lo cual siempre retrato a mujeres que curran, y que curran en cosas físicas. Creo que tiene que ver con mi madre, con mis tías, con la gente de mis orígenes. Por eso me resulta difícil, aunque no imposible, contar una historia de una mujer rica o privilegiada. En general, si me pongo a escribir, lo que me sale siempre es sobre mujeres que curran en cosas físicas muy heavys.
¿Cómo se convence a un productor, que pone el dinero, para que apoye la historia de una mujer corriente?
Es cuestión de machacar, de mucho trabajo, de no tirar para atrás, de convencer a los productores, pero no sé muy bien cómo, porque a pesar de que ya llevo ocho películas, siempre son muy histéricos...
No tendrá usted problema...
No, no, pero cada película también ha sido de su padre y de su madre. He trabajado para un gran estudio de Hollywood, pequeñas productoras de aquí y grandes productoras de aquí. Uno no tiene que cejar. Me acuerdo de que una de las cosas que me parecen bien de madurar, de hacerse mayor, es que de repente te dices: ´¿Y si no hago lo que este productor piensa o no escojo la chica que él cree, qué me va a pasar?´ Pues no va a pasar nada. Lo fundamental es asumir que tus decisiones al final son tuyas y, sobre todo, no cometer nunca los errores de otros.
En el foro de su web se ve que muchos la adoran. ¿Eso no le hace sentir una responsabilidad enorme al asumir un proyecto?
Creo que leer esas cosas y creérselas es peligroso. Sí es verdad que la gente se me acerca, normalmente con mucho cariño, aunque también hay algunos que me dicen ´me parece un rollo lo que haces´. No sé, creo que si haces algo que está ahí puesto en un cine, todo el mundo tiene derecho a opinar. Sobre todo si ha pagado la entrada. Si ha comprado el DVD pirata, no. Y sobre la responsabilidad, un poco sí, porque no quieres decepcionar. Si han apostado por mí, si han sido las personas que han visto mis películas y gracias a ellas tengo la oportunidad de hacer otras, pues procuras no cagarla. A veces esa responsabilidad sí que me afecta, sobre todo cuando tengo un día un poco débil, pero al final soy una persona muy crítica con lo que hago y, si no me decepciona a mí, pues pienso que tampoco va a decepcionar a los demás.
También el público le devolvió a usted la fe en el cine...
Recuerdo que, como mucha gente de mi generación, quería cambiar el mundo. Leía a Bakunin y con 14 años me parecía que cuando tuviera 20 el mundo sería de colectividades libertarias. Evidentemente, no es así y pasé por una etapa de descreimiento brutal, de que nada sirve para nada y de que, vale, uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, pero es una especie de brindis al sol. Y es verdad que ver de una manera palpable que las cosas que uno hace no cambian mucho las cosas, pero sí que hacen que ciertas personas se animen, se conecten, se sientan menos solas, pues sí que es una satisfacción.
Cuando recibió el premio Ojo Crítico galardonaban la «sinceridad» y la «sensibilidad» de su lenguaje. ¿Son esos los rasgos que utilizaría usted para definir su cine?
Sensibilidad no lo sé, porque yo puedo ser una persona hipersensible y ser Chiquito de la Calzada. No tengo término medio. Sincera sí soy. Incluso cuando me equivoco, creo que sí lo soy.