matucha garcía. málaga
Benalmádena cambió ayer de alcalde. Lo hizo en un ambiente tenso y ante un pueblo dividido y enfrentado entre sí. Hermanos contra primos, vecinos contra vecinos. Y... ¿para qué? Unos dicen que para lograr que la localidad avance y deje de ser "ese cangrejo que camina hacia atrás". Los otros aseguran, sin embargo, que ellos son los que están situado al municipio en la senda del futuro, de la honestidad, con unas arcas ya saneadas y un proyecto de ciudad. Entonces, ¿quién es el verdadero ´salvador´?
El caso es que el episodio de ayer no fue plato de buen gusto para nadie. Ni para el que se bajó del sillón de mando, Javier Carnero, ni para el que se aupó en él, Enrique Moya. Hubo descalificaciones y alabanzas en las mismas dosis para los dos por parte de un pueblo contrariado y exaltado. "¡Corruptos!", gritaban unos. "¡Alcalde!", vitoreaban otros. Moya tuvo que aguantar abucheos cuando se asomó al balcón consistorial. Trataba de disimular, pero fue, lo menos, incómodo.
Fue a las 13.15 horas exactamente cuando juró el cargo. Nuevo alcalde. El acto estuvo cargado de simbolismo. Carnero (PSOE) entró en el salón de plenos temprano, a las once y media. La cita era a las doce. Y lo hizo arropado por su secretario general, Miguel Ángel Heredia. También se dejó ver por allí la delegada de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta, Pilar Serrano, que en otro tiempo trabajó codo con codo con el ya ex alcalde.
A las 11.50 horas hicieron su aparición los firmantes de la moción. Semblantes tensos en ambos bandos, pero más ´torcidos´ sin duda en PSOE e IU. Se constituyó la mesa de edad y todo discurrió con normalidad, teniendo en cuenta las circunstancias. No hubo sorpresa de última hora.
Una vez elegido ya Moya como alcalde hicieron su aparición el presidente y secretario general del PP en Málaga, Elías Bendodo y Francisco Salado, respectivamente. La moción cuenta con el total respaldo de la dirección y así se hizo ver. Previamente al pleno, hubo cónclave en el grupo popular. Los ediles se encontraron por aquello de fomentar la unión y el sentimiento de grupo. Todos votaron lo propio. Ningún díscolo. El PP controla. Mientras Carnero, Serrano y los socialistas desayunaban en ´La Tapería de Benalmádena´. Dicen que las penas con pan son menos penas.
Pero el público fue sin duda uno de los grandes protagonistas. Los ciudadanos hicieron cola desde las siete de la mañana. Tan sólo pudieron entrar al pleno en torno a una treintena ante las limitadas dimensiones del salón y la veintena de periodistas que acudieron a hacer su trabajo. Los abucheos y los aplausos se sucedían en el interior, pero sobre todo en el exterior.
"A mí me han robado el voto, me siento impotente. Me han engañado", decía María, mientras que Mari Carmen y Puri confiaban en el buen hacer del nuevo regidor. "Lo conocemos, es muy buena persona y pensamos que lo puede hacer muy bien", comentaban. En la calle se vivieron escenas agresivas y violentas. Gritos, insultos y descalificaciones.
Hay sólo una premisa en la que coincidieron todos los grupos políticos. Sólo una. Que será el pueblo de Benalmádena el que situará en apenas dos años a cada uno en su sitio. Que así sea. Mientras, Moya deberá poner a punto no sólo su formateado ordenador sino todo un municipio. Ahora es época de cambios, pero no puede perder mucho tiempo. PP y PSOE. Sigue la lucha. El pueblo decidirá.