Joaquín Marín D.
Si la pregunta es qué fue primero, el huevo o la gallina, la respuesta es concejal. Elías Bendodo, actual presidente del PP de Málaga, ocupa un puesto que obliga a dedicarle mucho tiempo, tanto como todo el que se pueda. Y sin poner en duda su dedicación ni profesionalidad, parece que sus obligaciones orgánicas pueden haberle restado tiempo de su otra dedicación, la de edil en Málaga, cargo público votado por todos los malagueños. A Elías Bendodo le pilló por sorpresa el asunto, delicado asunto, de la adjudicación irregular de contratos que ha hecho –y no una vez sólo– su área de Turismo, la que dirige en el organigrama municipal. El tema, destapado por La Opinión de Málaga esta semana, no es en absoluto baladí, pues se habla de importantes sumas de dinero público otorgadas a empresas en un procedimiento que no respeta la ley de contratos públicos. Bendodo debe pedir, si no ha pedido ya, explicaciones a su director de área, Arturo Bernal, porque no resulta lógico que varias veces se cite a tres empresas para pujar por una adjudicación y que nadie sepa que están controladas por las mismas personas. Eso es fraude.
El Ayuntamiento rectificó incluso antes de que la polémica fuera a más, es decir, la tarde antes de que este periódico publicara otro caso protagonizado por los mismos actores. Los munícipes dicen haber sido engañados por los administradores de las empresas y no hay razón para no creerles, pero de todos es sabido que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. Está mal si no se sabía, y habría estado peor si Turismo hubiera conocido que las tres empresas son de los mismos propietarios. Las implicaciones políticas de este caso aún no se conocen, pero ya hay quien dice que Bernal va a tener que asumir su parte de responsabilidad en el asunto. Como decía el recordado Groucho Marx, "la parte contratante de la primera parte será considerada la parte contratante de la primera parte". Si todo está tan claro, ¿por qué errores como éstos? Y una última cosa sobre este asunto, dirigida a quien pueda tener suspicacias: el que este periódico destapara el asunto de los contratos se debe única y exclusivamente al buen hacer del profesional que firmó la información. Por más que la oposición municipal, después, haya intentado sacar provecho de ella. Como es su obligación, por cierto.
Heridas. Han pasado ya algunos días desde la moción de censura en Benalmádena y, salvo denuncias políticas de formateo de ordenadores, parece que hay tranquilidad. El nuevo alcalde, Enrique Moya, reconoció en estas páginas al día siguiente de llegar al sillón de regidor que un voto de censura no era la mejor forma de acceder al poder. Es una alegría comprobar que aún hay conceptos claros –algunos– en democracia. Las consecuencias de todo esto son dos: una, que el PP amenace una y otra vez con abandonar la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental, lo cual no sería una jugada muy elegante, por más que lleven razón en varios de sus argumentos. La otra, que la jugada ha escocido en el PSOE. Pero no en la dirección del partido, que también, sino en el denominado ´sector crítico´, que parece haberse reactivado, tal vez cansado de que el partido haya sufrido algunas afrentas, todas muy recientes. ¿Habrá trabajo interno para tranquilizar las aguas socialistas? ¿Lo está habiendo ya?