jose torres. Málaga
"Dios aprieta, pero no ahoga", apuntaba ayer un rociero para justificar un año más su presencia en el Camino del Rocío en plena crisis económica. Lo decía tras la carreta del simpecado de la Real Hermandad del Rocío de Málaga, que partió ayer de la capital no sin antes pasearse por el Centro de la ciudad.
Sin embargo, de una u otra forma, la crisis afecta. Así lo reconocía el presidente de la hermandad, Ricardo Utrera, quien aseguró a este periódico que este año asisten al camino un total de 73 carriolas por las 78 del año pasado y que el presupuesto es mucho más ajustado que en otras ocasiones.
Pero la estadística está para romperla, como así refleja el número de peregrinos que ya se dirigen hacia la aldea de Almonte, en la provincia de Huelva. Un total de 540 malagueños por los 513 del año pasado. "Como todos los años, hay personas que no pueden venir, pero siempre aparecen nuevos compañeros de viaje", añadía Utrera.
La explicación más gráfica la daba María del Carmen Muñoz, una malagueña que cumple su vigésimo cuarto año de camino y que comanda una de las carriolas de la hermandad malagueña. "Sí que notamos la crisis, como todo el mundo, pero nos apañamos. Hay muchos compañeros que este año no pueden venir, pero lo que hemos hecho es unir a la gente de dos carretas en una", apuntaba Muñoz. Sin duda, una fórmula para reducir los costes de un viaje en los que los más modestos aseguran no gastar más de 500 euros.